Publicado el 02/11/2018 - 07:00 Hs.

Boston y el rock

Cada ciudad de cada rincón del mundo en el que se escuche música rock siempre le aporta su impronta. En eso, Boston no es muy diferente.

La esencia del rock claramente no pasa por una cuestión de compases musicales ni por cómo se instrumentan sus canciones. Ni de qué van sus arreglos vocales. Ni por la indumentaria de sus intérpretes. Tampoco por el idioma en que se expresen. La esencia del rock siempre podrá reconocerse en la actitud rebelde y contracultural de intérpretes y seguidores, y en el tenor del mensaje de sus textos. Y ello es independiente de las diversas adaptaciones y versiones nacionales, en las que cada país, cada región, cada ciudad, parecen aportar características propias. Probablemente no sean lo mismo, ni traten los mismos temas, el rock en Rosario que en Liverpool o Hamburg, aunque todas ellas sean urbes portuarias. Sin embargo, dicha característica, la de ser ciudades con puertos propios, aportan lo suyo. Respecto de esto, detengámonos un momento en la aristocrática Boston, la célebre ciudad del estado de Massachusetts (New England), en el nordeste estadounidense, también conocida por su famoso puerto, y con varios siglos de historia que influyeran decisivamente en el proceso independentista de su nación. 

Fundada en 1630 por colonos de extracción puritana, procedentes de Inglaterra, se convertiría en protagonista principal de la revolución de 1776, con hechos tan recordados como “La masacre de Boston” y “La guerra del té”, cuando vestidos de indios arrojaron al mar las sacas de té inglés. También se destaca como trascendente polo educativo, cultural y científico, ya que fue sede de la primera escuela pública de su país, la Escuela Latina (1635) y del primer centro universitario, la prestigiosa Harvard (1636), sin olvidarnos del poderoso Massachusetts Institute of Technology (M. I. T.). No menos importante es el hecho de que Boston fue la primera ciudad estadounidense en tener red de subterráneo, la hoy popular “T”. Ni que de sus centros políticos hayan surgido destacados dirigentes de la democracia, como los Kennedy. Ni, mucho menos, que el Berklee College (1945) sea la universidad privada más grande del mundo dedicada a la música. 

Es verdad que Boston tiene uno de los mejores niveles en cuanto a calidad de vida de todo Estados Unidos, y eso parecería entrar en contradicción con lo que fue el surgimiento de numerosas bandas de rock a lo largo de las últimas décadas, por el supuesto, quizás infundado, de que sólo en estado de necesidad y marginación podrá encontrase motivación e inspiración para componer las más comprometidas letras de rock. Y ello puede entenderse porque se está olvidando que uno de los tópicos fundamentales del universo rockero es la libertad. Y de ella, Boston puede decir mucho.

Más de veinte años atrás, en la zona de Coplay Place, en la pared lateral de una de sus numerosas iglesias se leía una leyenda que decía “Gratitude is the right attitude” (La gratitud es la actitud correcta). Y esa frase sintetiza el espíritu del típico bostoniano en el marco de su vida social, y como expresión de su británica hospitalidad.

Recorrer sus calles, sus parques, sus paseos, sus iglesias, su puerto, su distrito financiero, sus monumentos y el Haymarket. Y sus contrastes, simbólicos, como que compartan espacio en la Coplay Square, uno enfrente del otro, la antiquísima y pequeña Trinity Church y el imponente rascacielo “Hancock Building”. Y hacer dicho recorrido para concluir que se puede cohabitar en paz y respetuosamente en el marco de las diversidades. Como sucede entre las diferentes religiones y con comunidades con culturas contrastantes como la china y la italiana.

Imposible sintetizar en pocas líneas toda la historia del rock bostoniano. Pero posiblemente alcance con mencionar algunas de sus bandas más destacadas de las últimas décadas. Ellas fueron, son, cronológicamente, Boston, Aerosmith, Pixies y The Mighty Mighty Bosstones. Boston, cultora del hard rock y el heavy metal, se formó en 1969 de la mano del malogrado Tom Scholz, guitarrista y compositor graduado como ingeniero en el MIT, que sería acompañado por varios integrantes que irían cambiando a lo largo del tiempo. Inicialmente con escaso éxito y limitada repercusión, su escenario habitual eran los bares costeros. Despreciados por las discográficas, editan de modo independiente “Boston” (en 1976), remasterizando viejos demos, y obteniendo gran suceso, al punto de ser Disco de Platino, con el hoy clásico “More than a feeling”. Con el tiempo, los constantes altibajos creativos exhibidos en sucesivos discos hicieron que la banda pasara prácticamente al olvido.

Aerosmith, formada en 1970 bajo el influjo del hard rock, con Steven Tyler como frontman, es la que puso a Boston en el mapa del rock business estadounidense. Con numerosos hits y reconocimiento masivo de crítico y seguidores, atravesó generaciones con éxitos como “Crazy”, “Crying”, “Amazing”, “Pink”, “Dude” y “Dream on”. La temprana inclinación por los excesos de parte de sus miembros siempre hizo creíble la constante amenaza de la separación de la banda. Sin embargo, al día de hoy, siguen girando

The Mighty Mighty Bosstones, originada en 1983 como banda precursora del ska punk, a través de sus nueve álbumes desplegaron toda su actitud rockera, aunque como muchas veces sucede, cuando se habla de ellos se los asociará siempre con "The Impression That I Get", su gran éxito.

Pixies, apareceen 1986 y liderada por Francis, es un ecléctico e influyente grupo que surfea entre el after punky un falso pop, con letras escatológicas, existencialistas, extremas, surrealistas e, incluso, bíblicas, que supieron inspirar lo que luego sería el grunge de Nirvana. Con alguna pausa en sus comienzos, Pixies sigue vigente y tocando sus extrañas letras que recorren incestos, violencia, ciencia ficción y personajes del Antiguo Testamento.

Hace cinco años, en 2013, en ocasión de la Maratón de Boston, la ciudad pareció herida de muerte por el terrorismo. Bajo el lema “Boston strong”, un conmovedor Steven Tyler convocó a sus conciudadanos a unirse tras el mensaje de “Dream on”, cantándoles: “Cada vez que me miro en el espejo, todas esas líneas en mi cara haciéndose más claras, el pasado se ha ido. Pasó como el amanecer a la noche. No es ese el camino. Todo el mundo tiene que pagar sus deudas en la vida. Sí, sé que nadie lo sabe. De dónde viene y adónde va. Sé que es el pecado de todos. Tenés que perder para aprender a ganar. La mitad de mi vida está escrita en las páginas de los libros. Vivir y aprender de los tontos y los sabios. Sabés que es cierto. Todas las cosas se vuelven contra vos. ¡Cantá conmigo, cantá por los años! ¡Cantá por las risas y las lágrimas! ¡Cantá conmigo, aunque sólo sea hoy! Quizás mañana el buen Señor te lleve… Seguí soñando…” Todo un himno de esperanza y superación, para que Boston siga en pie, entre sueños, rock y libertad.

Por Ernesto Edwards

Filósofo y periodista

(desde Boston, EE. UU.)

@FILOROCKER

Escrito por: Ernesto Edwards

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