Publicado el 12/07/2018 - 08:11 Hs.

Lawrence de Arabia: el gran aventurero mitómano

Arqueólogo y militar británico que instigó la revuelta árabe

Fueron los irreales ojos de Peter O’Toole los que recordaron al mundo la gesta que un arqueólogo y militar británico, el hijo ilegítimo de un aristócrata inglés, llevó a cabo durante la Primera Guerra Mundial. Thomas Edward Lawrence nació en 1888 y llegó a El Cairo en 1914. El joven, alumno brillante de la Universidad de Oxford, había recorrido antes Francia, Líbano y Siria, donde había participado en la excavación de un yacimiento hitita. Su llegada a la capital egipcia se produjo en un periodo convulso, como lo son todos los marcados por la violencia; el enfrentamiento de su país con el Imperio Otomano, aliado de la Alemania del káiser Guillermo II y del Imperio Austrohúngaro, le llevaron a instigar una «revuelta árabe» que golpeara a Constantinopla en su flanco meridional. Para entonces, su personalidad ya sufría del romanticismo de los grandes lectores, de los que mucho han viajado con la fantasía y, en su caso, también por la realidad: según uno de sus biógrafos, André Guillaume, «Las piedras de Venecia», de John Ruskin, los clásicos de la Antigüedad griega y su pasión por el helenismo, que le condujo hasta las ruinas de Nápoles, educaron su carácter, empujándole a un gusto por la aventura que el novelista André Malraux, el gran mitómano francés, intentó desentrañar en un ensayo, «El demonio del absoluto», recientemente recuperado por la editorial Gallimard.

Lejos del infierno de barro y balas de las trincheras europeas, fueron las dunas de Arabia el campo de batalla en el que Lawrence combatió. Los saberes del joven, docto en idiomas y en cultura oriental, le hicieron recibir el encargo de poner en marcha el acuerdo que su país, Reino Unido, había alcanzado con el jerife de la Meca, Huseyn ibn Ali, para debilitar al Imperio Otomano. La alianza había resultado de la correspondencia entre este último y el Alto Comisionado británico en Egipto, Henry Mac Mahon; un intercambio epistolar en el que el patriarca hachemita había prometido ayudar a Londres si Londres facilitaba la independencia de las provincias árabes bajo el yugo de Constantinopla y la posterior creación de un estado independiente. Con ese fin, el hijo de Ibn Ali, Faysal, futuro rey de Irak, se dejó aconsejar por Lawrence. La gran gesta militar de esa campaña, que comenzó en la región de Hedjaz, fue la toma de la ciudad de Aqaba, hoy situada en Jordania, el 6 de julio de 1917. Meses más tarde, en octubre, las tropas llegaron a Damasco. Todo quedó en agua de borrajas. Franceses y británicos se habían repartido Oriente Próximo en secreto con los acuerdos de Sykes-Picot. Lawrence murió años después, en 1935, tras un accidente de motocicleta que algunos creyeron un suicidio.

Fuente:abc.es

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