Publicado el 05/12/2018 - 09:00 Hs.

Nace una niña tras un trasplante de útero de una donante muerta

La primera intervención de este tipo amplía las opciones de tratamiento de la infertilidad

Una mujer de 33 años que no tenía útero a causa de una malformación congénita ha dado a luz a una hija sana tras recibir un trasplante de una donante muerta.

La niña cumplirá un año el 15 de diciembre y “presenta un desarrollo motor y neurológico sin alteraciones”, informaron ayer por correo electrónico el ginecólogo Dani Ejzenberg y el cirujano Wellington Andraus, del hospital universitario de las Clínicas de Sao Paulo (Brasil), que presentan el caso esta semana en la revista médica  The Lancet. “La madre se siente realizada y no tiene ninguna molestia ni complicación por las cirugías”.

Aunque han nacido otros once bebés en Suecia, EE.UU. y Serbia gracias a trasplantes de útero, todos se han gestado en órganos de donantes vivas. El caso de Brasil es el primero que se logra en un útero procedente de un cadáver después de que hubieran fracasado intentos anteriores en Turquía, EE.UU. y la República Checa.

Es “un hito en el campo del trasplante uterino; representa la prueba de concepto de que los úteros obtenidos de donantes fallecidas son funcionales”, afirma Antonio Pellicer, del Grupo IVI (Instituto Valenciano de Infertilidad), en un artículo de opinión también publicado en  The Lancet.

La madre había nacido sin matriz a causa de una malformación congénita que afecta a una mujer de cada 4.500

Tras esta prueba de concepto, las posibilidades de realizar trasplantes de útero se multiplican, ya que no se verán tan limitados como hasta ahora por la escasez de donantes. “La necesidad de donantes vivas es un gran obstáculo, ya que hay muy pocas donantes, que suelen ser personas de la familia o amigas íntimas”, declara Dani Ejzenberg en un comunicado. “El uso de donantes fallecidas puede ampliar el acceso al tratamiento”.

La viabilidad del trasplante de úteros procedentes de cadáveres estaba en cuestión desde el 2013, cuando una intervención realizada en Turquía llevó a un embarazo con complicaciones que terminó en aborto. Por el contrario, médicos del hospital universitario Sahlgrenska de Göteborg (Suecia) han desarrollado la técnica con úteros de donantes vivas y ya han realizado nueve trasplantes con los que han logrado nueve embarazos.

En el caso del hospital de Sao Paulo, el tratamiento se ofreció a una mujer con el síndrome MRKH, que causa malformaciones congénitas del aparato reproductor y afecta a una de cada 4.500 mujeres. La paciente tenía entonces 32 años, llevaba cinco años casada y deseaba tener hijos con su pareja. Los médicos consideraron que era una candidata idónea para un trasplante de útero tras valorar su estado de salud y su estabilidad psicológica.

En abril del 2016, a la espera de que algún día se produjera una donación, la pareja se sometió a un tratamiento de fecundación in vitro. Según los datos presentados en  The Lancet, se obtuvieron ocho embriones “de buena calidad” que se criopreservaron.

Cinco meses más tarde, en septiembre, la pareja recibió una llamada urgente del hospital. Una mujer de 45 años había sufrido un ictus, estaba en coma irreversible y se había decidido donar todos sus órganos. Le extrajeron primero los órganos para trasplantes vitales y después el útero.

La hija está sana y tiene un desarrollo motor y neurológico normal después de un embarazo sin incidentes

La operación se retrasó por “problemas de coordinación entre nuestro equipo de trasplante y los otros equipos de trasplante”, reconocen los médicos de Sao Paulo. El útero permaneció 7 horas y 50 minutos privado de sangre rica en oxígeno. En aquel momento, los médicos dudaron que la intervención pudiera salir bien. El tiempo máximo que un útero había estado sin riego sanguíneo en trasplantes anteriores era de 3 horas y 25 minutos, menos de la mitad. Aun así, implantaron el órgano y lo conectaron a la vagina sin complicaciones aparentes.

La mujer permaneció dos días en la UCI y otros seis días en el hospital. Se le administró un tratamiento inmunosupresor basado en la experiencia del equipo de Göteborg para prevenir que su sistema inmunitario rechazara el útero. Siete meses después, en cuanto el endometrio (el tejido que recubre la pared interna del útero) alcanzó siete milímetros de grosor, se le implantó uno de los embriones criopreservados.

Los médicos no sabían cómo se iba a comportar el útero trasplantado. No perdían de vista que el tratamiento era experimental. A los diez días, un análisis de sangre indicó que el embarazo estaba en curso. Pero faltaba comprobar que el embrión estaba bien. Cuatro semanas después de implantar el embrión, una primera ecografía les tranquilizó. El saco gestacional parecía estar bien y el corazón latía como debía, a 113 pulsaciones por minuto.

“Es un hito” que demuestra la viabilidad de los úteros de cadáver, valora Antonio Pellicer, del Grupo IVI 

El embarazo se desarrolló sin incidentes, excepto por una infección renal en la semana 32 que fue tratada con antibióticos y que llevó a la madre a estar dos días ingresada por precaución. La niña, cuyo nombre los médicos no han hecho público por motivos de confidencialidad, nació por cesárea en la semana 35, también siguiendo el protocolo del equipo de Göteborg.

Pesaba 2.550 gramos, medía 45 centímetros y tuvo puntuaciones óptimas en el test de Apgar, que se realiza en la sala de partos para valorar el estado de los recién nacidos. Durante la cesárea, se extirpó el útero trasplantado, de manera que la madre pudo dejar de tomar fármacos inmunosupresores. La hija pudo quedarse en la habitación de su madre en el hospital, sin necesitar ninguna intervención médica particular. Tres días después del nacimiento, fueron dadas de alta.

Tras este éxito, “predecimos que el trasplante de útero de donantes fallecidas será adoptado ampliamente (…), de manera que todas las mujeres con infertilidad de factor uterino puedan tener una oportunidad real de embarazo”, concluye el equipo médico en The Lancet.

Fuente:lavanguardia.com

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