Publicado el 07/07/2018 - 09:48 Hs.

Rock de las Revoluciones

​​​​​​​Julio parece ser a nivel del mundo occidental, de los meses del año, el que concentra la evocación de los movimientos revolucionarios y emancipadores más emblemáticos de la historia reciente. El rock, siempre libertario, se ha ocupado del tema.

El 4 de julio de 1776 en los Estados Unidos, el 14 de julio de 1789 en Francia, y el 9 de julio de 1816 en la Argentina marcaron el momento preciso de la independencia de la corona británica, del ascenso de la burguesía y el constituirse de la Patria como Nación, respectivamente. Sean los lemas “E pluribus unum”(De muchos, uno), “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, o la evocación del Congreso de Tucumán y sus próceres, todos sintetizan y simbolizan el espíritu revolucionario que buscaba romper cadenas de opresión y sometimiento.

Toda revolución siempre requiere una concepción ideológica que la preceda. Como base de coincidencia, para precisar términos, entendemos este concepto como la explicitación de un corpus teórico que con diversos enfoques analíticos sobre las diferentes áreas de la realidad, en lo social, económico, político, cultural, etc., sirve de sustento inteligible y de justificación para provocar una revolución que signifique un cambio estructural profundo tendiente a instaurarlo y consolidarlo. Que en algunos casos ha significado atravesar un período violento que ha ido más allá de la confrontación de ideas.

El rock también se ha ocupado de la cuestión revolucionaria a partir de las letras de destacados autores. Con Charly García no harán falta mayores interpretaciones cuando el texto es tan elocuente: “Cerca de la revolución el pueblo pide sangre, y yo estoy cantando esta canción que alguna vez fue hambre. Y si mañana es como ayer otra vez, lo que fue hermoso, será horrible después. No es sólo una cuestión de elecciones, no elegí este mundo pero aprendí a querer. ¿Por qué no venís hasta mí, por qué no puedo amarte? Me siento solo y confundido a la vez. Pero si insisto, yo sé muy bien te conseguiré”. Es que García todavía recorría senderos de coherencia en cuanto a la evolución de su pensamiento, que con claridad lograba exponer en sus letras. Recordemos que ya en Sui Generis algunos años antes escribía, en “Tribulaciones, lamentos y ocaso de un tonto rey imaginario. O no”, con un texto que bien podría aplicarse a lo que fue la caída de Luis XVI con la toma de La Bastilla, al sur de París: “Yo era el rey de este lugar. Vivía en la cima de la colina. Desde el palacio se veía el mar. Y en el jardín la Corte reía. Teníamos sol, vino a granel. Y así pasábamos los días. Tomando el té, riéndonos al fin. ¿Por qué murió la gente mía? Yo era el rey de este lugar. Aunque muy bien no lo conocía. Y habían dicho que atrás del mar el pueblo entero pedía comida. No los oí. Qué vil razón. ¡Les molestaba su barriga! Yo era su rey. Así lo dijo Dios. Yo era el amor, la luz divina. Yo era el rey de este lugar. Hasta que un día llegaron ellos. Gente brutal, sin corazón, que destruyó el mundo nuestro. ¡Revolución! ¡Revolución!, cantaban las furiosas bestias. La Corte al fin fue muerta sin piedad. Y mi mansión hoy es cenizas. ¡Libertad! ¡Libertad! Yo era el rey de este lugar. Tenía cien capas de seda fina. Y estoy desnudo, si quieren verme. Bailando a través de las colinas…”

La irónica “Revolución”, de Las Pelotas, con modismo de nivel barrial: “Revolución, puesta a punto. No te anda el arranque y pinchaste el tanque”. Y si de explícitas menciones revolucionarias se trata, Otero y Beiserman, a través de Memphis, en “La revolución”, afirman que “Cuando existe la opresión, siempre queda la revolución...para defender una verdad..., porque si te quieren pisotear, ...humillar, ...amordazar, ...reprimir, más vamos a resistir, más vamos a pelear”.

En “The old revolution” Leonard Cohen decía, a modo de declaración de que siempre podemos llegar a estar del lado equivocado: “Luché en la vieja revolución, del lado del fantasma y el Rey. Por supuesto que era muy joven, y pensé que estábamos ganando. No puedo fingir que aún siento ganas de cantar, a medida que llevan los cuerpos lejos… Últimamente has empezado a tartamudear, como si no tuvieras nada que decir. Para todos mis arquitectos, déjame ser un traidor. Ahora déjame decir que yo mismo di la orden. Dormir, buscar y destruir. En este horno te pido ahora que te aventures. Tú, a quien no puedo traicionar. Sí, tú que estás roto por el poder. Tú, que estás ausente todo el día. Tú, que eres rey por el bien de la historia de tus hijos…”

“What’s up?”, de 4 Non Blondes, fue canto de joven rebeldía: “Y lo intento. Oh, Dios mío, de verdad que lo intento. Lo intento todo el tiempo, en este manicomio. Y rezo. Oh, Dios mío, de verdad que rezo. Rezo cada uno de los días por una revolución”.

I fought in the old revolutionLately you've started to stutter

De la aparentemente ingenua “Revolution” de The Beatles, nos quedó: “Dices que quieres una revolución. Bueno, ya sabes. Todos queremos cambiar el mundo. Me dices que es la evolución… Dices que tienes una solución real. Bueno, ya sabes. A todos nos encantaría ver el plan. Me pides una contribución. Bueno, ya sabes. Todos estamos haciendo lo que podemos. Pero si quieres dinero para personas con mentes que odian, todo lo que puedo decirte es, hermano, tienes que esperar. Usted dice que va a cambiar la Constitución. Bueno, ya sabes: todos queremos cambiar tu cabeza…”

 

You say you got a real solutionDel frondoso catálogo rockero sobre el tema, se destacan, entre otras, “Revolution Rock” de The Clash, “Revolution” de The Cult, “Where’s the revolution” de Depeche Mode, “Revolution” de Judas Priest, hasta  “Revolution is my name” de Pantera.

 

Sí, este tópico seguirá ocupando al mundo del rock, porque así está en su mandato fundacional cada vez que haya una desigualdad, una injusticia, una necesidad de compromiso, una denuncia por hacer. Y recordemos siempre que un revolucionario no es un asesino sediento de sangre. Es aquel que busca un cambio para un mundo mejor.

 

Escrito por: Ernesto Edwards

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