Golpes, democracia y rock

Se cumplen 42 años del último golpe militar. Pero no fue el único. El rock nacional siempre abordó el tema.

Con cada 24 de marzo, en nuestro país, las reflexiones deberían ser obligatorias. Desde el golpe de estado a Yrigoyen en 1930 a manos de Uriburu, Argentina debió soportar el accionar represivo de los militares, que tuvieran (además de en 1943) renovado protagonismo en el ’55, destituyendo a Perón, y que se intensificó a partir de mediados de los '60, cuando el autoritarismo y la censura suspendían las garantías individuales o simplemente condicionaban la libertad creativa, obligando –por primera vez- a que artistas e intelectuales comenzaran a emigrar. El golpe a Illía, en 1966, y el del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, a Isabel Martínez, diez años después, configuraron la concatenación de los peores momentos, en todo sentido, de la historia argentina.

El rock nacional, originado en Rosario en 1965 con Litto Nebbia, lo tendría precisamente como autor de un emblemático tema que recuerda al funesto golpe del ´55, evocando, al final, la frase de Eva Perón: “Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia. ¡Quien quiera oír, que oiga!”

El rock parece haber tenido su mejor momento creativo en períodos de represión y persecución, cuando sus principales autores debieron apelar a recursos literarios para describir cada momento histórico. Piero, a comienzos de los ’70, graba dos temas que le valdrían el exilio. En “Para el Pueblo lo que es del Pueblo”, mientras pedía ¡Liberación!, contaba: “Libertad era un asunto mal manejado por tres. Libertad era almirante, general o brigadier”. Y en “Que se vayan ellos”, narraba: “Somos territorio de violencia. Mi pueblo habla, mi pueblo grita”.  

Con el inminente derrumbe de la “Revolución argentina” de Onganía y Lanusse, el rock comenzó a adquirir más compromiso y participación. En 1972 Miguel Cantilo hablaba, en “Apremios ilegales”, de “...abusos criminales, tu condición violada a placer. Los perros homicidas mordiendo tus heridas, y el puñetazo cruel, que amorata la piel”. Lo mismo sucedió con Instituciones, tercer disco de Sui Generis, que explicitó la historia de quien por entonces nos podía hacer desaparecer. “Juan Represión viste un saco azul triste.  Vive como pidiendo perdón, y se esconde a la luz del sol. Sabe, no hay nadie que lo ame. La balas que la gente tiene lo asesinaron de pie”. Similar intención tuvo “Botas locas”, que refiriéndose al servicio militar obligatorio de aquellos días, definían: “...Amar a la Patria, bien nos exigieron. Si ellos son la Patria, ¡yo soy extranjero!”.

Por aquellos años comenzó a forjarse lo que sería la auténtica resistencia cultural e ideológica en los años de plomo del Proceso por parte de autores que, como Charly García y León Gieco, uno desde la metáfora y otro desde un lenguaje más explícito, convocaban a un despertar de las conciencias. Gieco, en 1973, con “Hombres de hierro”, se jugaba: “Gente que avanza se puede matar, pero los pensamientos quedarán”. Casi como “las ideas no se matan” que popularizara Sarmiento.

En las postrimerías del Proceso, Luis Spinetta, en 1983, con Bajo Belgrano, edita “Maribel se durmió”, dedicado a Madres de Plaza de Mayo, y que fuera la metáfora de los desaparecidos. “Maribel se durmió. Vamos a cantarle porque se hundió. Maribel, canta que al cantar, sentirás una brisa inmensa de libertad”.

Aunque los comienzos de la actual democracia parecieron adormecer la lucha y que el rock se quedara sin enemigos con los que confrontar, sin embargo Ricardo Iorio sería el encargado, en etapas diferentes, de denunciar la brutalidad y la hipocresía de los genocidas, desde el heavy metal local. Primero con V8, hablando del torturador: “tu desesperación te ayuda a enfrentarte a ese profesional de la tortura”. Luego, con Hermética, a finales de los ’80, decía: “…Te vi escapando en las horas sin sol de las miradas oscuras que aprobaron las torturas del fugado represor”. Y en su actual ciclo, liderando Almafuerte, en “Los delirios del defacto”, cantaba: “Porque no olviden. Porque recuerden… Cantar en repudio al genocidio ejecutado… La impunidad del perro guardián”.

En su primer disco solista, con “Cuervos en casa” Fito Páez enuncia “Cría cuervos la Casa Rosada”. Los Twist, en clave de ironía y humor negro, con “Pensé que se trataba de cieguitos”, escondían el peor de los miedos a las clásicas redadas nocturnas por parte de represores enmascarados tras anteojos espejados y montados en su Falcon verde. Andrés Calamaro, en “Alta suciedad”, incluye “Crímenes perfectos”, revelando: “Me parece que soy de la quinta que vio el Mundial 78. Me tocó crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor…”. Al inicio de la década del ’90, cuando se filmó la vida del mítico Tanguito, y su confusa muerte a comienzos de los ’70, el acertado texto de la canción principal fue de alto impacto: “Pueden robarte el corazón, cagarte a tiros en Morón. Pueden lavarte la cabeza… ¡por nada!”.

Lo vaticinó Charly García: “Los que están en la calle, pueden desaparecer en la calle. Pero los Dinosaurios van a desaparecer”. Ya han desaparecido. La democracia está fuerte y consolidada. Pero siempre conviene tener memoria.

 

Escrito por: Ernesto Edwards
Publicado el 2018-03-23 17:22 Hs,

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