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La violencia, la otredad y el rock

Tenés que leer..

Por Ernesto Edwards/ Filósofo y periodista @FILOROCKER

Vivimos en una sociedad, violenta. Sobre la violencia, como testigos o partícipes, opinamos todos. Veamos qué dicen la Filosofía y el Rock

Nunca es sencillo abordar el tema de la violencia, al tratarse de un fenómeno de múltiples aristas, del que todos seguramente tendremos alguna experiencia cotidiana, sea de la esfera pública o privada, padecidas de modo presencial o incluso virtual. Por esa complejidad se dificulta mucho circunscribirla. Y más complicado aún es si se espera una respuesta válida desde algún campo epistemológico o saberes acreditados. Seguidamente, trataremos de introducirnos en la problemática desde la Filosofía, y lo mismo desde el rock. En este último caso no a partir de lo que supuestamente puede generar o provocar, o tiene como ambiente más próximo, sino desde qué lugar los rockers la miran, describen y analizan.

El término violencia deriva del latín uis, que alude a fuerza física, potencia, energía, y designa la fuerza selectiva que se ejerce contra algo o alguien, orientada a dañar, profanar, ofender, degradar, quebrantar emocionalmente. El violento es alguien que está fuera de su estado natural, obrando con ímpetu y fuerza, generalmente llevado por la ira o por una personalidad patológica, buscando provocar una herida al otro, del tipo que sea, incluida su eliminación, su destrucción, su muerte. Aunque también se presenta no sólo como acción, sino también como omisión, con forma de negligencia o de descuido, ignorando al otro, destratándolo. Así también se es violento. O violentos, porque no siempre se ejerce individualmente sino también de manera grupal.

Gritar, insultar, amenazar, acusar infundadamente, culpabilizar, ridiculizar, intimidar y destruir objetos personales de la víctima también es ejercer violencia, violencia simbólica, concepto acuñado por Pierre Bordieu en los ´70. También debe incluirse entre las posibilidades la violencia sexual cuando se fuerza un contacto no consentido. 

La violencia, según su ámbito, puede ser callejera, doméstica, laboral, escolar y mediática. Y, siempre, la violencia es multiforme. Aunque es de fondo diferenciar entre violencia y agresividad, que es un mecanismo de defensa que busca obstaculizar o neutralizar potenciales ataques externos que puedan atentar contra la vida o bienestar de nosotros o de nuestro grupo primario. Asimismo es cierto que de la agresión a la violencia hay pocos pasos.

Finalmente, no podemos eludir señalar que también hay una violencia política, que se desencadena cuando desde los gobernantes de turno se abusa del poder que le han delegado los ciudadanos, en su propio beneficio a partir de la relación asimétrica que se establece oprimiendo, sometiendo, persiguiendo, recargándonos impositivamente, o emitiendo decretos arbitraria e injustificadamente.

Pero, ¿cómo se origina la violencia? Sabemos que algunos pensadores son pesimistas y escépticos respecto de la naturaleza humana. Thomas Hobbes afirmaba que el hombre es el lobo del hombre. Y si no fuera por el contrato social que nos obliga y advierte de las consecuencias, es posible que no tuviéramos límites a la hora de ser tal como somos: naturalmente violentos. Pero esto sólo no alcanza para visualizar los motivos de su aparición. 

Martin Buber reflexionó sobre la otredad, que es reconocer al otro como igual, pero diferente, buscando convivir en armonía con las diversidades de ese alguien que no es propio, y que nos enriquece y ayuda a crecer, requiriendo para tal fin otro reconocimiento, más íntimo y personal, asumiendo nuestra identidad. Pero toda esta intención se altera cuando el otro, por el mero hecho de existir y ocupar un tiempo y espacio contemporáneos a los nuestros, provoca una violencia tal que inclina a buscar eliminarlo. Una locura, sí. Pero los ejemplos abundan.

Sigmund Freud, en su artículo “El malestar en la cultura”, se interroga acerca de la infelicidad humana del que vive en sociedad, con un sufrimiento que puede desencadenarse en una naturaleza que nos somete, en el propio cuerpo como fuente de ese sufrimiento, y también en el tipo de relaciones que se mantienen con el otro. Relaciones violentas, claro. La oposición a toda forma de violencia fue promovida por el Mahatma Gandhi, quien la concibió a través de su doctrina pacifista como una lucha por la justicia social, convocando a una desobediencia civil. No por nada afirmaba “son violentos porque están desesperados”. Cabe entonces que nos interroguemos: ¿hay una violencia que pueda considerarse legítima? ¿Rebelarse contra cualquier injusticia procedente del poder imperante es ser violento o es nada más que resistencia? Los rockers tienen sus propias respuestas, en nuestro idioma.

En “Que se Vayan Ellos” Piero, en un grave período de nuestra historia contemporánea, cantaba: “Hoy tengo nublada la sonrisa. País de cielo, país de tiza. Piden las paredes libertades. La calle espera, la gente sabe. Es que hay un juramento y hay silencio. Y hay un hombre, amor, que resucita. Somos territorio de violencia. Mi pueblo habla, mi pueblo grita. Somos territorio de violencia. Mi pueblo habla, mi pueblo grita. ¡Basta de muerte, basta, basta! ¡Basta de morir, morir, morir!

Aquelarre, liderado por Emilio del Güercio, grababa por aquellos mismos años “Violencia en el Parque”, para advertir: Violencia en el parque de la ciudad. Terror en las rutas hay. Y así convierten tus manos en fuego, mañana. Que cálidas aguas te arrollarán. Desde el grito natural, cuando despiertes. Si es que realmente te llaman. Y en este parque se conocen tus pies”. En otro tiempo sangrante de nuestra historia reciente, por la guerra de Malvinas -en 1982-, Miguel Cantilo edita “Señora Violencia” en obvia referencia a Margaret Thatcher. 

“Violencia es mentir”, cantaban Los Redondos en “Nuestro Amo Juega Al Esclavo”. Y vaya si tenían razón. No puede faltar en este listado el superclásico “1, 2, Ultraviolento”, de los ya legendarios Violadores. Con “Violencia” los de Él Mató a un Policía Motorizado, ruegan: “En tus ojos, la violencia. Vos mirame, vos mirame. En tus manos, la violencia. Abrazame, abrazame”.

En 1988 Luis Alberto Spinetta graba el disco conceptual “Téster de Violencia”, pivoteando toda la obra sobre este concepto, coincidiendo con el momento del asesinato de la tía y la abuela de Fito Páez, y la sublevación militar de los “carapintadas”. El Flaco justificaba el título del álbum así: “Somos el territorio sobre el cual se pone en manifiesto la violencia, y a la vez somos el medidor de esa violencia”.

“Astros” de Ciro y los Persas describe con resignación: “Más de un esclavo vive en sus tierras. Quiere tu savia cuando te tenga. Más que tus soles quiere tu espanto. Dale tus penas para su canto. Giros violentos aún no se sienten. Quizá te azoten cuando te encuentren. Sobre su vientre estás parado. Te tocó el tiempo que te ha tocado”.

Veamos también “Sacate la Mierda”, de Carajo: “Sin anestesia, la rebelión despierta. En la calle se manifiesta. La paciencia ya se acabó. Y nace la violencia, miro la tv y odio lo que veo. Hay que meterlos a todos presos. Tanta propaganda para la corrupción, asesinando al pueblo. Mierda, todo se degenera, la vieja trampa nos espera. Y sea como sea hay que escaparle a toda esta manga de charlatanes”.

Los mejicanos de El Tri se confiesan en “Violencia, Drogas y Sexo”, sintiendo que, de algún modo, han sido elementos constitutivos del rock and roll. De su misma tierra, los de Control Machete anticipan: “Todo revienta con algo de fuerza. Promesa incierta que implica violencia”. 

Arthur Rimbaud sabía de qué hablaba: “Todos tienen una mano invisible, y que mata”. Por su parte, Jean-Paul Sartre señalaba que “A los verdugos se los reconoce siempre. Tienen cara de miedo”. El mismo pensador existencialista sabía que la mirada del otro nos somete a la tensión bipolar entre lo privado y lo público. Lo esencial de lo que sabemos acerca de nuestro cuerpo proviene de la manera como los otros lo ven. 

Soy tal como el prójimo me percibe. Y esa circunstancia puede ser violenta si no aprendimos a convivir con nosotros mismos.

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