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“Querido maestro”: Educando con John Lennon

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Por Ernesto Edwards / Filósofo y periodista @FILOROCKER

A 25 años de su estreno, recordamos a “Mr. Holland Opus”, filme que muestra y explica la génesis de la vocación docente al compás de la mejor música

“Querido maestro” es una incompleta traducción conceptual del título original: “Mr. Holland´s opus”, o sea “La obra del Sr. Holland”, que tiene más que ver con el desarrollo de toda la vida de este personaje, estelarizado magistralmente por Richard Dreyffus, en un rol que le valiera merecidamente la nominación al Oscar al mejor protagónico, encarnando a un músico de profesión que descubre en la docencia su mejor y humanamente más trascendente posibilidad de canalizar su vocación creativa.

Esta realización cinematográfica se inscribe en la extensa lista de películas que tan bien se han referido a la problemática educativa y la Ética Docente, mostrando un costado que se vincula con la música, su enseñanza, las influencias rockeras, el deslumbramiento por The Beatles y la figura emblemática de John Lennon.

El protagonista es el citado Mr. Glenn Holland, un compositor y director de orquesta, con banda propia con la que salía de giras (y de copas), y que en medio de una búsqueda existencial, por necesidad laboral acepta un cargo de maestro en la ficticia “John F. Kennedy” High School, un colegio secundario en Portland (Oregon, Estados Unidos), habiendo cursado un profesorado previo sin grandes convicciones, con una vocación docente inexistente, y con la única motivación de encontrar un ritmo diferente de trabajo, para así poder crear, piensa, el opus musical de su vida, aunque al comienzo de sus tres décadas como maestro, en una rígida institución educativa, sea acusado de enseñar rock and roll, género que va a acompañar a lo largo de la película el desarrollo del mundo con su propia evolución.

Holland se enfrenta, inicialmente, con el absoluto desinterés de sus alumnos, y a la frustración propia, que significa haber relegado su verdadera pasión por la composición y ejecución musical. Sin embargo, aún sin conocimientos ni experiencia específicos previos comienza a encarar sus clases de modo poco convencional, con una estrategia pedagógica original y una herramienta didáctica inédita, utilizando para las mismas las creaciones más significativas para sus jóvenes estudiantes. The BeatlesThe Beach Boys y Rolling Stones, desfilarán día a día, consiguiendo así su atención, y promoviendo un crecimiento cualitativo en la relación con los estudiantes, al establecer que la música preferida para sus vidas tienen una clara conexión con composiciones de autores clásicos.

El tiempo pasa, y con él la vida, y después de unos cuantos años su gran obra no se produce. Mientras ve cómo sus jóvenes exalumnos marchan rumbo a Vietnam, y algunos regresan muertos, contemporáneamente a que Lennon graba su himno “Imagine”. La frustración de Holland se potencia con un hijo sordo, en una época en que dicha discapacidad estaba rodeada de prejuicios externos. Su hijo será aquel al que no pudo transmitirle su pasión musical, y el tiempo provocó el gradual distanciamiento con su esposa. Y una inesperada declaración amorosa por parte de Rowena, una atractiva alumna a punto de terminar la escuela, forzará al profesor a apelar a todo para resistir la tentación, aunque será una momentánea y platónica musa que inspirará parte de su sinfonía.

Acompañado por Olimpia Dukakis como la directora, y Glenne Headly como la abnegada cónyuge, y con John Lennon como el correlato histórico – musical del filme, “Querido maestro” terminará por convertirse en una cinta que no debe dejar de verse, al afirmar, entre otras perlas, que “la educación debe enseñar a pensar y a propiciar la creatividad”. O esta otra: “si los alumnos no aprenden, es porque el maestro no sabe enseñar”. En esta película de amor, de amor por la educación y por la vida. Y en el medio de su drama familiar, será este mismo vínculo con sus discípulos (que se prolongará en el tiempo) el que le demostrará que puede haber plenitud en su vida, aún debiéndose sobreponer a sus conflictos familiares, y descubriendo que la vocación no es innata, pero que puede construirse y perfeccionarse, y ser un camino para todo el recorrido.

Estamos en 1965. Los primeros minutos del filme serán decisivos para comprender la visión del protagonista. Alguien durmiendo a una hora en la que muchos se han levantado para concurrir a sus empleos, resistiéndose a ir a su estreno laboral, con una esposa comprensiva que le insiste con que sólo tendrá que hacerlo por no más de cuatro años, mientras irá juntando el dinero y disponiendo del tiempo que le permitirán completar su obra musical, esa que lo desvela y ocupa. Ver tantos adolescentes juntos por el pasillo principal de la escuela no le resulta ni cómodo ni atractivo, y la primera conversación con la directora no será la más adecuada, cuando le confiese que aceptó el puesto sólo para tener un respaldo económico, y ella le conteste que todo educador no debe circunscribirse sólo a enseñar contenidos sino también a darles una brújula que los oriente hacia dónde pueden ir en la vida.

Rápidamente se hará amigo del profesor de Gimnasia, le caerá antipático el vicedirector (quien será clave sobre el final del metraje) y se dará cuenta de que como extensión de sus funciones como maestro de Apreciación Musical también deberá preparar y dirigir la modesta orquesta estudiantil, en la que se destaca por su torpeza una aplicada alumna que no toca bien el clarinete. Ya adulta, será una figura destacada en la política de Oregon, colaborando para el adecuado cierre de la historia.

Adquiere particular relevancia la figura de John Lennon, especialmente el día de su asesinato, cuando Holland entra en crisis, discute con su hijo, y finalmente comprende que no está cumpliendo plenamente como padre, motivando un nuevo abordaje en la relación entre ambos.

Ya es 1995. Pasaron tres décadas desde que comenzó a enseñar. Cumplió 60 años y el nuevo director, aquel que fuera el odioso vice, le dirá que, por razones presupuestarias, deberá prescindir de él. Y aunque raras veces sucede, un agradecido alumnado que incluye a numerosos exdiscípulos, le reconoce, finalmente, en una emotiva escena en el auditorio escolar, su excepcional calidad educativa, en el marco de un verdadero compendio del auténtico rol docente.

“Beautiful Boy” es la canción de Lennon que Holland elige para cantarle a su hijo Coltrane en un concierto especial que organiza para niños sordos. Y aunque la sabemos todos, conviene recordar qué dice esta hermosa obra supuestamente infantil, y tan filosófica, que habla de aquel que acompaña y cuida amorosamente durante el crecimiento: “Cierra tus ojos. No tengas miedo. El monstruo se ha ido. El se ha marchado y tu papá esta aquí. Bonito, bonito, bonito. Niño bonito. Antes de que te vayas a dormir reza una pequeña plegaria. Todos los días y de cualquier forma esto se está poniendo mejor, y mejor. Afuera en el océano que navega lejos, apenas puedo esperar para verte crecer. Pero supongo que sólo debemos tener paciencia. Porque es un camino largo de recorrer. Entretanto, antes de cruzar la calle, toma mi mano. La vida es eso que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”.

El día de la jubilación de la directora, luego de varios años de trabajar juntos, elige regalarle a Holland una brújula. Símbolo de haberles mostrado un rumbo a sus alumnos, de haberles enseñado a elegir, y de haber encontrado el Norte para su propia vida. Ser maestro, cuando la vocación se hace consciente, siempre es un camino de ida.

Sobre el final, comprenderemos que la gran obra de Mr. Holland no quedó plasmada en una partitura, sino que consistió, nada más y nada menos, que lo que fue su rica, respetada y extensa trayectoria como docente.

Con este artículo se completa la trilogía anunciada para esta Columna de Opinión sobre Rock, Educación y John Lennon.

FICHA TÉCNICA

“Mr. Holland´s opus” (EE. UU., 1995)

Dirección: Stephen Herek

Con Richard Dreyffus, Glenne Headly,

Olimpia Dukakis y William Macy

Género: drama – duración: 136´

Calificación: excelente

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