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El rock y los covers melódicos

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Por Ernesto Edwards /Filósofo y periodista @FILOROCKER

Buscando una interpretación de por qué grandes rockers de nivel internacional grabaron éxitos de música melódica

No estamos hablando de cualquiera que crea que se dedica a la música y puede subirse a un escenario a hacer lo que se le ocurra, incursionando en algún género que desconoce tanto su significado como su historia. Los ejemplos sobrarían. No nos referimos a cualquier expresión descartable de todas las que andan dando vueltas. Se focaliza, concretamente, en rockers de los que no hay dudas de que lo son, y que sin embargo encararon la tarea de versionar, a su manera, claro, con una indiscutible impronta rockera, grandes temas del cancionero popular melódico (o comercial, si se quiere), y lo hicieron con la misma actitud transgresora y rebelde de toda su carrera. 

Cabe preguntarnos acerca de las razones que podrían haberlos llevado a decidir abordar composiciones que, en apariencia, poco tendrían que ver con sus repertorios. ¿Gustos personales? ¿Conveniencia marketinera? ¿Un desafío artístico? ¿Imposición de la discográfica? ¿Giro en la carrera profesional? ¿O, simplemente, porque entendieron que la letra original se acomodaba a cierta intención estética rockera? Es difícil de esclarecer. Para tratar de entenderlo, apelemos a un puñado de canciones, y sus sorprendentes intérpretes, sin preocuparnos demasiado por seguir una determinada línea temporal para hacerlo.

Quizás el ejemplo mejor fundamentado, desde lo filosófico, será el álbum “Shadows in the night” (2015), que fuera la gran excentricidad del viejo poeta y Premio Nobel del rock Bob Dylan. Su trigésimo sexto álbum de estudio incluía diez canciones grabadas oportunamente por el recordado Frank Sinatra en su tempranero período discográfico de finales de los ’50 y comienzos de los ’60, cuando ya su carrera musical se estaba afianzando definitivamente. La particularidad de este registro es que Dylan pareció no buscar versionar a Sinatra, sino más bien deconstruir sus canciones. Es decir, siguiendo al pensador francés Jacques Derrida, Dylan (tal como llegó a explicarlo) buscó descubrir las diversas significaciones de cada canción elegida descomponiendo su estructura musical y lingüística. Por si ello fuera poco, en cuanto al simbolismo y la magia que ello conlleva, registró todo en el estudio B que aún conserva la Capitol Records en Los Ángeles, el mismo en el que Frank Sinatra grabó gran parte del repertorio seleccionado.

Del otro lado del Atlántico, The Beatles, cuando aún eran muy poco conocidos, desde su Liverpool natal, se daban tiempo para una verdadera rareza: cantar un clásico bolero, que recién se oficializaría como grabación con la colección de “Anthology”. El bolerito era ese que pedía: “¡Bésame mucho!”

Cuando la autoría de todos los temas de cada disco todavía no eran de Mike Jagger y Keith Richards, los Rolling Stones podían versionar, por ejemplo, la conocida “Suzy Q”. No fueron los únicos. Se recuerda, también, la grabación de Credence Clearwater Revival, y también John Fogerty en solitario.

Janis Joplin, aquella que fue una especie de sacerdotisa del blues, conmoviendo con su voz, y que desapareciera tempranamente a la edad de 27 años, grabó, con su doliente estilo propio, a fines de la década del ’60, un clásico del jazz, ese que aludía a lo que pasa cada vez que llega el verano. Es decir, “Summertime”.

Paul Anka, un especialista a la hora de componer esas canciones que perdurarán por siempre, compuso una que sería versionada hasta el cansancio. Esa que confesaba haber vivido A mi manera”. Pero no podemos estar seguros de que haya imaginado que alguna vez tendría una versión cuadrada y deforme por parte de la banda de punk rock conocida como los Sex Pistols. Y también por Sid Vicious como solista. No menos relevante, aunque menos estridente, fue la versión del Rey del Rock, Elvis Presley.

Ringo Starr, ya como solista, y con la producción artística de John Lennon, en “Buenas noches, Viena”, registra un hit de Los Plateros. Ese que confesaba: “Only You”. Lennon no despreciaría la oportunidad de hacer lo mismo, usando las mismas bases grabadas para el exbatero.

“Stay with me” tiene mérito suficiente como para estar en cualquier memorable disco, o en el soundtrack de cualquier película de la época. Y además, fueron oportunamente versionados por artistas como Sting, Rod Stewart y Paul McCartney, entre muchos otros.

Si hubo un éxito de los ’60 que recordaremos por siempre en la voz de Frankie Valli, ese fue el que decía “No puedo apartar mis ojos de vos”, con ese famoso estribillo que decía “I love you, baby”. Los de Muse se atrevieron a versionarlo. Y aunque suena medio raro, nos acostumbraremos rápido, porque la cancioncita es hermosa.

Nancy Sinatra, la hija del gran Frank Sinatra, en los ’60 popularizó una canción que contaba una historia de mafiosos. En ocasión de la grabación de una reciente serie televisiva sobre la pareja de Bonnie and Clide, los de Nico Vega hicieron su propia “Bang, bang”.

Escuchar a Eddie Vedder, el vocalista líder de Pearl Jam, la otra banda de Seattle impulsora del grunge, cantando “Society”, puede sorprender. Pero no habría que perderse escuchar cómo lo hace.

Quien fuera en su momento pareja del bardo norteamericano Bob Dylan, la gran sacerdotisa del folk, Joan Báez, con letra de la cantautora chilena Violeta Parra, tiene su momento de gratitud, diciendo “Gracias a la vida”.

Freddie Mercuri, que liderara un grupo como Queen,  de la que debemos recordar que fuera casi una banda metalera en sus inicios, en su único disco oficial como solista graba un tema en el que se reconoce, al fin y al cabo, como “Un gran simulador”.

Sting, el exlíder de The Police, que acaba de cumplir 70, un ícono de la New Wave y un exponente de las grandes luchas conceptuales, grabará, en español, el tema de Robert Livi que deja al descubierto “La fragilidad”.

Los Guns N’ Roses, en pleno auge del éxito, graban “The Spaguetti incident!” (1993), un disco totalmente de versiones, en el que se destaca esa en la que Axl Rose exhibe su corazón contando qué le pasa cuando confiesa con su desgarrada voz metalera: “Desde  que no te tengo”.

En la etapa final de tanto arte que mostrara el gran Frank Sinatra como cantante, invita a grabar un tema a Bono, el vocalista líder de U2. Y aunque nunca se vieron, parecía que hubiesen cantado juntos de toda la vida, para decir, cada uno con su reconocible estilo, “Te llevo bajo mi piel”.

Ejemplos a lo largo de la historia no nos van a faltar. Quien fuera una de las leyendas que participara del mítico Woodstock de 1969, Joe Cocker, siempre inclinado a recibir una ayudita de sus amigos, también consiguió que al grabar “You can leave your hat on”, inmediatamente todos lo asociáramos con Kim Bassinger, o por lo menos que esperásemos que alguna bella mujer se luciera frente a la pantalla. También, si podía grabarse una gran versión, casi punkita, de “I will survive”, esa fue la que grabaron los del grupo de rock alternativo Cake. Sí, a veces son tiempos en los que sólo se puede sobrevivir. Finalmente, Robert Plant, el legendario vocalista de Led Zeppelin, conmueve a todos cada vez que entona esa encantadora baladita que es “Sea of Love”.

Seguramente podemos asociar el contenido de este artículo con el fenómeno inverso. Es decir con todas aquellas figuras de la música que se instalaron como vocalistas de géneros que poco o nada tenían de proximidad con el rock, y que sin embargo sucumbieron a la tentación, con mayor o menor suceso, de pretender ser una rock star. Pero eso formará parte, oportunamente, de otra nota. 

Cerrando el tema, y a modo de conclusión, algunos rockers argentinos le confesaron al autor de esta nota, que en realidad no se sienten limitados por la etiqueta. Que son músicos, que hacen música, y que no hay género que los restrinja. Sin embargo, ya lo sabemos, ello es posible porque el rock trasciende los géneros. Es una actitud de contracultura, transgresión y rebeldía. Será por eso que lo hacen.

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