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El secuestro de 17 misioneros retrata un Haití en manos de las pandillas violentas

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Jacobo García

El secuestro de 17 misioneros retrata un Haití en manos de las pandillas violentas

Llegaron a Haití para ayudar, pero su aventura filantrópica terminó abruptamente el pasado sábado cuando un grupo armado secuestró a 16 misioneros estadounidenses y un canadiense. Entre las 8 y las 10 de la mañana un grupo de hombres fuertemente armados colocó barricadas en las calles Carrefour Boen y La Tremblay 17, en la carretera a Ganthier que conduce al aeropuerto de la capital y detuvo el autobús en el que viajaban 17 religiosos originarios de Ohio que regresaban de visitar un hospital infantil. Este lunes una portavoz de la Casa Blanca confirmó la participación del FBI en las investigaciones aunque no se dieron más detalles y el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, confirmó que un pequeño equipo de investigadores aterrizó en el país para intentar el rescate o la negociación.

Detrás del secuestro se encuentra la banda conocida como 400 Mawozo, una organización violenta y muy armada que controla la zona de Croix de Buquet, un barrio de Puerto Príncipe, y que cuenta con unos 150 miembros, según organizaciones que estudian la violencia en el país caribeño. Fuentes oficiosas de la policía haitiana confirmaron a EL PAÍS que hasta el momento no se ha establecido contacto con los secuestradores para conocer las condiciones ni el monto del posible rescate.

Una huelga general a nivel nacional vació las calles de la capital de Haití, Puerto Príncipe, el lunes y los organizadores denunciaron la rápida desintegración de la situación de seguridad destacada por el secuestro de misioneros estadounidenses y canadienses el fin de semana.
Una huelga general a nivel nacional vació las calles de la capital de Haití, Puerto Príncipe, el lunes y los organizadores denunciaron la rápida desintegración de la situación de seguridad destacada por el secuestro de misioneros estadounidenses y canadienses el fin de semana. RICHARD PIERRIN (AFP)

Mientras tanto, la calle no puede más y este lunes la capital detuvo todas las actividades durante una huelga masiva destinada a protestar, en general, por todo. Protestaron por la violencia y el elevado número de secuestros, por la falta de combustible, por los altos precios de los alimentos más básicos y por la acefalia política que rige en el país tras el asesinato en julio del presidente Jovenel Moïse. Además de todo eso, la empresa de telecomunicaciones Digicel subió sus tarifas y el ánimo se fue caldeando poco a poco con el paso de las horas. “Hace meses que estamos pidiendo auxilio y no tenemos seguridad ante los secuestros, hemos lanzado un llamamiento general a la población para que suspenda toda actividad”, dijo Méhu Changeux, presidente de la asociación de propietarios y conductores de Haití. “Los bandidos van más allá de los límites: secuestran, violan a las mujeres, hacen lo que quieren … Eso es suficiente”, protestó el sindicalista citado por la agencia AFP.

El maleado país caribeño vive y sobrevive en gran parte por la cooperación descontrolada de este tipo de grupos religiosos que podrían interrumpir su colaboración en el país ante la situación que se vive. Incluso organizaciones como Médicos sin fronteras ha reducido su gestión a urgencias y de algunos barrios violentos ha dejado de actuar debido a la inseguridad. Este 2021 ha sido especialmente duro para la población. En los últimos nueve meses se han contabilizado unos 600 secuestros, tres veces más que en el mismo periodo del año pasado, según una organización de Derechos Humanos (CARDH) que incluye 29 secuestrados en los últimos meses. Los secuestros podrían ser cien o más, indicó la organización y detalló que los rescates exigidos oscilan entre 100.000 dólares y el millón de dólares.

Según esta organización el 43% de los secuestros tienen lugar en Puerto Príncipe, el 22% en Croix-des-Bouquets, el 19% en Carrefour y el 16% en Delmas, todos ellos municipios están ubicados en el área metropolitana de Puerto Príncipe, donde vive aproximadamente un tercio de la población haitiana. Uno de los casos que corrió de boca en boca y retrata la putrefacción de esta industria del secuestro, fue el de una vendedora ambulante de frutos secos que no pudo recuperar a su hija tras no poder pagar los 4.000 dólares que exigían para no matarla.

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Con Haití convertida en un punto estratégico del tráfico de armas y droga que suben por el Caribe, los grupos de secuestradores han ganado poder de fuego y se enfrentan casi a diario con la policía. En consecuencia, las tiendas y escuelas de Puerto Príncipe cerraron este lunes y el transporte, uno de los sectores más golpeados por la violencia, detuvo cualquier actividad. A primera hora de la tarde, nubes de humo oscuro se elevaban sobre varios sectores del centro de la ciudad mientras aumentaba el número de manifestantes que quemaron barricadas en las calles de la capital.

Niños juegan en el patio del orfanato Maison La Providence de Dieu en Ganthier, Croix-des-Bouquets. La pandilla 400 Mawozo, conocida por sus descarados secuestros y asesinatos, se llevó al grupo de 16 ciudadanos estadounidenses y un canadiense, después de un viaje para visitar el orfanato.
Niños juegan en el patio del orfanato Maison La Providence de Dieu en Ganthier, Croix-des-Bouquets. La pandilla 400 Mawozo, conocida por sus descarados secuestros y asesinatos, se llevó al grupo de 16 ciudadanos estadounidenses y un canadiense, después de un viaje para visitar el orfanato. Odelyn Joseph (AP)

Actualmente la situación sobre la violencia y la fuerza que han tomado las pandillas no puede ser más endeble. “El terremoto agudizó la inseguridad en un país que aún estaba en vilo por el magnicidio del presidente Moïse. Tras una breve calma, los secuestros han arreciado de nuevo, con víctimas entre altos funcionarios del gobierno y militares”, señala Insight Crime. Este centro de estudios concluye que el peligro no se limita a Haití, sino que pone en riesgo países cercanos como República Dominicana. “Hasta hace unos meses, las pandillas de Haití eran vistas como un fenómeno muy peligroso, circunscrito únicamente a su país. Pero su gobernanza criminal se ha expandido tan rápido que otros países tienen motivos para prestarles atención por varias razones”, advierte.

Fuente:elpais.com

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