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Charly García: una vida de rock

Tenés que leer..

Por Ernesto Edwards / Filósofo y periodista @FILOROCKER

Carlos Alberto García Moreno cumple 70 años, y medio siglo de carrera artística. Momento adecuado para un balance del máximo creador del rock nacional

Charly García nos avisaba que supo estar “comunicado con todo lo demás”, aunque exigiera Say no more, justo cuando está cumpliendo 70 años y casi cinco décadas desde la edición del primer registro discográfico de Sui Generis. Seguramente convendremos que García, junto a Luis Alberto Spinetta, ha sido uno de los dos pensadores y letristas más importantes en toda la historia del rock nacional, hasta lo que para algunos fue su final como gran autor, sucedido en 1990 con el recordado disco Filosofía Barata y Zapatos de Goma”. Pero ese punto es discutible.

Dícese “inefable” de aquello de lo que nada puede predicarse, cuando impone que no hablemos más, al pedirnos que no digamos más nada de ese personaje llamado Charly García, último gran creador del rock nacional, y auténtico sobreviviente de la década del ’70, que cumpliendo casi exactamente cincuenta años de vigencia, desde que se editara “Vida”, álbum debut de Sui Generis, entre admiración y escándalos, mantiene viva la llama de la actitud contracultural del originario rock and roll, aún con todas las limitaciones que padece desde hace años como consecuencia de sus excesos. Y aunque Ludwig Wittgestein prescribía que “de lo que no se puede hablar, es preferible callar”, ello se convierte en un incumplible mandato, si está dirigido a esta leyenda viviente del rock, convertido en arquetípico objeto de mayoritario interés. Y ya que LW fue mencionado, sirva como analogía afirmar que de García puede asegurarse que tuvo dos, o tres, marcadas y diferenciadas etapas creativas.

Corría 1972, y en el medio de las dictaduras, con el incipiente rock se desarrollaba en el país, casi artesanalmente, un fenómeno cultural que trascendía lo excluyentemente musical. Por entonces sólo se habían desplegado masivamente el pionero Litto Nebbia, el blues urbano de Manal, la rebeldía de Moris, la poética iniciática de Spinetta, y el misticismo de Vox Dei. Debió llegar un joven profesor de piano, excéntrico y rebelde, para dar vida, junto a un ex compañero de escuela, al dúo que marcó indeleblemente la memoria colectiva de esa generación. Y fue precisamente “Vida” el título del primer disco editado en noviembre del ’72.

Carlos Alberto García Moreno: músico, ídolo, filósofo, poeta -todo eso-; autor primordial destacado por su incomparable talento para crear fuertes imágenes en base a un lenguaje cotidiano y callejero, de exactas y elegidas palabras. Nació el 23 de octubre de 1951 en Buenos Aires, y en la secundaria conoció a Nito Mestre, formando el originario sexteto Sui Generis, rápidamente convertido en dúo, consagrándose entre los adolescentes por su temática inconformista. Al comienzo, se mantenían acompañando otros cantantes, hasta que Charly debió hacer el servicio militar, aunque sólo por dos meses, dándosele la baja por personalidad esquizoide, al insubordinarse a un oficial e intentar desertar. De esa experiencia, compone “Canción para mi muerte”, que formará parte de “Vida”, tan impregnado de un estilo folk, próximo al de Bob Dylan, en la primera fase discursiva del dúo, caracterizada por su juvenil rebeldía. Pero el compromiso no tardaría en llegar. 

En 1973 presentan su segundo disco, y entre la antológica “Aprendizaje”, e inolvidables denuncias contra el sistema, se destaca “Confesiones de Invierno”: “…Hace frío y me falta un abrigo, y me pesa el hambre de esperar”. 

“Vida”, “Confesiones…”, “Pequeñas anécdotas sobre las Instituciones”, y “Adiós Sui Generis”, fueron los álbumes que dejaron para la historia. En “Instituciones” la censura se hizo sentir, hasta el extremo de suprimir estrofas del “Señor Tijeras”, o temas como “Juan Represión”, o el autobiográfico “Botas locas”

Sui Generis tuvo a García como espíritu de un dúo encarnado en la melancólica voz de Nito Mestre, y ambos como genuinos representantes de una juventud incomprendida, describiéndola cuando cantaban. Finalmente, 1975 los encuentra con proyectos personales diferentes. Desgaste, censura, e interminables giras preanunciaron la irremediable separación, con despedida, película y disco, dejando atrás una etapa, un estilo y un tratamiento temático que no habría de repetirse jamás en el rock nacional, pero sentando las bases de su posterior expansión, de parte de quien se convertiría en el paradigma del rocker argentino, quedando en el eterno presente del imaginario popular.

La historia mostró a Charly, además, como ex líder de La Máquina de hacer pájaros y Serú Girán. Su original prisma filosófico lo hace destacar reflexionando sobre profundos existenciarios como la ideología, definiéndose: “…Y si vas a la derecha, y cambiás hacia la izquierda, ¡adelante! Es mejor que estarse quieto, es mejor que ser un vigilante”. Y advirtiendo que “…cerca de la revolución el pueblo pide sangre, y yo estoy cantando esta canción que alguna vez fue hambre…”; o la persecución y la censura; o el amor, como cuando testificaba sus propias vivencias, explorando su interior; o la educación, evolucionando del contestatario al que nunca le gustó la Sociedad -aprendiendo a ser formal y cortés-, para culminar pensando que “No existe una escuela que enseñe a vivir…”, aunque insista buscando “…despertar a un mundo dormido”.

Charly, distanciado -aunque nunca recuperado totalmente- de su reiterada psicosis, contrariando la ley natural que impide renacer de un pasado reciente de autodestructivo descontrol, a veces deja escapar la magia y el carisma de quien encarnara la auténtica resistencia cultural e ideológica a partir de sus escogidas metáforas, como cuando se burlaba de la necedad de los militares con mensajes sólo incomprensibles para los lentos dinosaurios del Proceso. 

Probablemente ya nunca será el que fuera, autodevenido en un espectro de glorioso pasado creativo. Por el contrario, quisiéramos verlo engañando al tiempo, reivindicando la interpolación de falsas creencias y mitos verdaderos, presentando al amor como única religión salvadora; denunciando que “…nos siguen pegando abajo”; y afirmando, como siempre sucede: “…difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo”

En este universo rockero local, García parece ser el último gran autor, aunque por estos días esté en su indiscutible ocaso creativo, desde que irrumpiera en 1972, liderando el dúo más prolífico de nuestra historia. Pero a los grandes parece alcanzarles con recitar la escogida antología de su incomparable obra, haciendo vibrar, por un instante, a un público que al término de un imaginario concierto, tal vez será consciente de haber aprendido. No piensen que Charly está loco, “…es sólo una manera de actuar”

Ya se sabe, ya lo dijo, y acertó, ahora que está cumpliendo 70: “Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar”.

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