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Resiliencia y rock. Conclusiones

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Por Ernesto Edwards /Filósofo y periodista @FILOROCKER

Culminando el abordaje del tema, completemos su desarrollo con algunos conceptos más y el aporte del rock

Se inicia otro año y con él se renuevan las esperanzas de que sea superador de los dos anteriores. Especialmente por la preocupación que provoca la intensificación de la tercera ola de Covid en nuestro país. Para lograrlo, en gran medida dependerá de con qué actitud se lo encare. 

Respecto de la resiliencia, siguiendo con este orden de ideas, mucho se menciona pero poco se conoce con precisión del mito de la Caja de Pandora, que se originara en la Grecia clásica. Basado en Pandora, la primera mujer, creada por orden de Zeus, la caja era una tinaja que llevaba dentro todos los males del mundo. Se recomendaba que no fuera abierta nunca. Pero como Pandora era muy curiosa, no demoró mucho en liberar lo peor de lo peor. Cuando recién pudo volver a cerrarla, lo último y único que quedaba dentro era la Esperanza. Es que después de toda catástrofe está la expectativa de superación. Ante ella, la esperanza, nos quedará interpretarla como una fortaleza o como una debilidad.

Acerca de la esperanza el rock argentino tiene bastante para decir. “Pandora Box” (2 Minutos): “Mil veces te caés, pero estás de pie. Y Fénix vuela por el cielo”. “Lunes por la madrugada” (Los Abuelos de la Nada): “Más allá de toda pena, siento que la vida es buena, hoy”. También “Esperanza” (Horcas): “Me siento solo. Hablo y no me escuchan. Sé que hay esperanza. Creo en lo que hago”. Y la exquisita “Zona de Promesas” (Gustavo Cerati)”: “Tarda en llegar. Y al final, al final, hay recompensa”.

“Nos veremos otra vez” (Serú Girán) y la pluma de Charly García: “Aunque te abraces a la luna. Aunque te acuestes con el sol. No hay más estrellas que las que dejes brillar. Tendrá el cielo tu color. No estés solo en esta lluvia. No te entregues, por favor. Sí, debes ser fuerte en estos tiempos, para resistir la decepción. Y quedar abierto, mente y alma. Yo estoy con vos. Si te hace falta quien te trate con amor. Si no tienes a quien brindar tu corazón. Si todo vuelve cuando más lo precisas. Nos veremos otra vez”.

”Sign of Hope”, de la legendaria Scorpions: “A veces es fácil fingir. El mundo sigue dando vueltas y vueltas. Y mientras, esto se va de las manos. Siento que mi vida se da la vuelta. Dame esperanza, sólo un poco de esperanza. Un poco de consuelo para mi alma. Y todo va a estar bien. …En tiempos difíciles necesitamos un amigo. Seguimos esperando tiempos mejores. Ayúdame, Dios, aquí estoy solo con todos mis miedos esta noche. …Rezamos una oración todas las noches sólo aguardando una señal de esperanza”.

Infaltable “Fuente Esperanza”, de Héroes del Silencio: “Ocultarme como un río subterráneo. Gritaba como un niño de inevitable temor. Una mala borrasca me hizo buscar un poco de calma en un sueño a escondidas. Siempre buscando una fuente para poder respirar”. Ya como solista, Enrique Bunbury compone “Más alto que nosotros sólo el cielo”, para exponer: “Demasiado tiempo en esa condición. Qué pronto fue que se hizo tarde. Si predecimos lo siguiente más probable, y cambiamos de cristal las gafas de color. Más alto que nosotros, sólo el cielo”.

“Pájaros Disecados” (Fito y Fitipaldis), y la completa historia que cuenta el bilbaíno: “Yo no sabía lo que sucedía. Me sentía triste y agobiado. Tan deprimido que tenía la cabeza llena de pájaros disecados. Tengo algo amargo para cada día. Tengo un final para cada verano. Tengo una esquina junto a mi rodilla. Tengo el problema para el resultado. Soy el autor de mis heridas. Qué me importa si es mentira. La verdad es que me hacen daño. Si el corazón se te hace migas, la tristeza cada día vive y come de tu mano. Sé que tengo que olvidar este frío mes de enero. Luego volveré a brillar de nuevo. No estoy seguro de tener la certeza que la moneda cae del otro lado. Mientras las dudas giran en mi cabeza de igual manera que si fueran dados. Son los restos que quedan de mí. Lo que pude salvar del incendio. Son las huellas que dejo al cruzar por mi propio desierto”. 

De origen antiquísimo, el Ave Fénix es una criatura mitológica, envuelta en llamas, que se afirma renace de sus propias cenizas. De allí la metáfora que la asocia indisolublemente con la resiliencia, resurgiendo tras el desastre y la destrucción. De cómo construya su nido, y con qué materiales, dependerá la calidad y fortaleza de su transformación y ascensión. 

El rapero español Santaflow grabó la muy explícita “La leyenda del Fénix”, en la que describe “Las cosas pasan porque tienen que pasar. El tiempo pone a cada uno en su lugar. Abre los ojos y por fin me encontrarás. Abro las alas y comienzo a despegar”. Y The Cult, la banda británica de hard rock, graba la reveladora “Phoenix”: “Sí.  ¿Sí? Oh, mira esto. Como el calor de mil soles que arde. Subiendo cada vez más alto. Un fénix de una pira. Mi deseo eterno. Estoy ardiendo. Como un beso de los labios de Ra, que arde. Los placeres se hacen más salvajes. Circulando cada vez más alto. Un sirviente del deseo”.

Así como ya fue destacada la demostración de resiliencia de Fito Páez o de los miembros fundadores de Guns N´Roses a la hora de superar sus propias circunstancias personales, lo propio sucedió con AC/DC, el grupo australiano que cuatro décadas atrás grabara el álbum “Back In Black”, cuando a partir de una experiencia catártica transformaron una circunstancia trágica en un rotundo y exitoso acierto, como lo fuera este disco del que todavía se insiste con que fue el más vendido de la historia. La leyenda cuenta que durante el funeral de Bon Scott, su cantante histórico, muerto presuntamente por una sobredosis, el padre del mismo instó a los demás miembros a continuar. Buscando un nuevo vocalista, se encontrarán con Brian Johnson, un inglés abrumado por sus deudas y problemas familiares. Luego de ser probado, grabarían el disco que se publicaría cinco meses después de la desaparición del miembro fundador, un álbum de tapa negra con un título a puro homenaje póstumo, y la consagración definitiva de la banda. Con resiliencia, de la oscuridad al resurgimiento.

“El arte es garantía de cordura”, afirmaba la escultora francesa Louise Bourgeois. Y Luis Alberto Spinetta no ocultaba que creía en que “Cuando la música es buena, cura. Cura. Sólo eso”. Será por ello que Enrique Pichón Riviera enseñaba que el arte puede salvarnos de la depresión y la locura. Muchos saben que tenía razón.

Ya avisaba Litto Nebbia: “Y así encuentras una paloma herida que te cuenta su poesía de haber amado y quebrantado otra ilusión. Seguro que al rato estará volando, inventando otra esperanza para volver a vivir”. De eso se trata.

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