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Ricardo Soulé, el regreso

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Por Ernesto Edwards/filósofo y periodista @FILOROCKER

Con un show inolvidable Ricardo Soulé regresó un domingo de Pascua en Rosario

La pandemia había dejado en suspenso su saludable costumbre de juglar trashumante. Y como si fuera una señal, como si la Providencia hubiera manejado los hilos, justo este domingo de Resurrección, justo el día en que la televisión argentina había programado la emisión de su documental “Peregrino”, y justo en el atrio del Monumento a la Bandera de Rosario, con su histórica Catedral como fondo. Precisamente este domingo, después de casi dos años y medio sin presentarse en vivo, inesperadamente Ricardo Soulé volvió una noche, con una impresionante luna llena sobre el río Paraná como bella escenografía, para abrir un show organizado por la provincia de Santa Fe. 

Una vez recuperado el necesario ritual del encuentro y de la presencialidad, con ese ida y vuelta que mide la vibración comunicacional de una reunión entre un artista y sus seguidores, fue que ante un numeroso, fiel y fervoroso público, Ricardo Soulé exhibió gran parte de su obra en tiempos de Vox Dei y como solista, con algunos movimientos cumbre de esa monumental obra rockera que fue La Biblia compuesta por un Soulé que aún siendo el más joven de la banda siempre lideró ideológica, literaria, musical y filosóficamente a la legendaria Vox Dei. Lo acompañaron, integrando La Bestia Emplumada, en bajo César Colautti, Diego Suárez en batería, y Daniel Oroño y Renato Mandole en guitarras.

El recorrido existencial y la ética profesional facilitan al autor de esta nota poder separar la amistad personal del abordaje periodístico como crítico especializado. Lo mucho de lo hablado en off a lo largo de dos intensas jornadas quedará así para siempre. Ya hemos perdido la cuenta de en cuántos shows de Ricardo Soulé nos encontramos, a lo largo de varias décadas y de gran parte del país, a partir de su regreso, procedente de España, allá por 1996, cuando se concretó la reunión de Vox Dei, con registro en vivo y una posterior nueva versión, esta vez con “Apocalipsis” completo incluido, en 1997. Y sin embargo, cada ocasión es una experiencia nueva. Y una reiterada expectativa por conocer más. Incluido “La Luz que Crea”, el excepcional disco doble en vivo, que por ahora es la grabación más reciente, y que merece nuestra completa atención.

Vestido todo de negro, con campera y botas de cuero, mientras se dispuso a interpretar su setlist, con el que navegó entre su repertorio sacro y sus canciones profanas, Soulé experimenta una transfiguración. Ricardo, sobre un escenario, se transforma, entra en trance, y finalmente, accede al éxtasis. Así se lo percibe. No es el mismo con el que estuvimos hablando un rato antes. Quizás se abstraiga y se le haga consciente su responsabilidad como mensajero de la Buena Nueva y su compromiso con el arte. Luces robóticas, máquina de humo y diseños psicodélicos sobre una gran pantalla acompañarán toda la gran performance.

Cada tema elegido tiene su propio mensaje. El arranque es fuerte, eléctrico y contagioso, con “Si no me amas ni me necesitas”, para decir: “Uh, si pudieras creer, es fácil de entender… ¡Me siento fuerte, hoy más que nunca!” Seguirá “Minaya”, y su visión esperanzada: “Dios nos dio las almas, y amparo nos dará… Piensa que el sol va a salir… Mucho te agradezco, nada tomaré de ti… Soy tu brazo diestro, de tus brazos el mejor”.

Continuará con la bíblica “Zebedeo”, para contar la historia del pescador del mar de Galilea, padre de dos apóstoles, y su propia tempestad: “Quiebra maderos, desoye todo rezo… Las ráfagas doblan las velas… Sus rostros mojados dan pena…”

Se sucederá, sin pausa, “Al rey, a mí y a vos”, también convertida en clásico: “Me gusta pensar que vivir es estar feliz. No vale la pena sufrir y querer morir. Es mejor pensar que el sol nos premia con su calor al rey, a mí y a vos. Me gusta por la mañana echarme a andar, pisando las hojas secas en algún lugar”.

Luego vino “Corder”: “Por cada vez que rompa el trueno se quedará labrado a fuego. Tiene que haber mañana…” Y la megalítica “Dolmen”: “Los menhires son mensajeros que aún están ahí. Ellos cuentan su pasado. Tienen mucho que decir. El tiempo es el teatro prodigioso de la vida nueva que se asoma cada día, y se marcha…” Filosofía en estado puro, y otra vez la reflexión sobre ese existenciario clave que es el tiempo.

“Jeremías”, y el delirio del público, para recrear los albores del heavy metal en la Argentina: “El cemento se hunde a su paso. El silencio rompe a pedazos. Su ojo ve más allá del objeto ideal. ¿Quién podrá soportar su presencia? ¿Quién podrá oír su voz? Sólo resta esperar que al encontrarnos pensemos igual. Jeremías ya está por llegar, con su bestia emplumada de libertad. Quiero ser de los que están de su lado, y vivir en libertad. Ya no quiero estar amordazado, ya es tiempo de hablar. Se acabaron las mentiras. Esto no va más”. Si hasta parece una alegoría de la actualidad. A renglón seguido se escuchará la que afirma “Ya no caben más tiempos de espera. No hay lugar para uno más”. Sí, era “Harley Davison”.

Canta “Sólo sé que sé querer. Y que tengo Dios, y tengo fe. Y que doy amor, y puedo ser”. Entre los “Libros Sapienciales” y una excelsa mirada sobre el Antiguo Testamento, el Eclesiastés y el Evangelio según Juan, Soulé conjuga Teología, Filosofía y Rock, para meditar sobre “Que todo tiene un tiempo bajo el sol”. Y luego ese perfecto silogismo del “Génesis” que dice y sintetiza: “Cuando Todo era Nada, y la Nada el Principio, Él era el Principio, y de la Noche hizo Luz”. Y el momento de “Las Guerras” para pelear por lo que es justo: “Vengo de muy lejos, a vivir aquí, en la casa que está detrás del río. Vengo a buscar nomás lo que es mío. Es una promesa que debo cumplir. Voy a cortar la hiedra que la envuelve y le da frío”. Y esa metáfora de la lucha entre el débil y el poderoso, con David y Goliath.

Soulé saluda y se despide, pero la insistencia es grande y llega el esperado encore, con las dos que no pueden faltar: “Ritmo y Blues con Armónica”, para confesar “Hoy empiezo a ver con más claridad, los que me rodean… El Dios se me distrajo por un momento y la buena suerte me abandonó”. Y luego sí, después de “Presente” los convocados en el Monumento a la Bandera sabemos que ya no se le puede pedir más nada: “Todo concluye al fin, nada puede escapar. Todo tiene un final, todo termina… Cuánta verdad hay en vivir solamente el momento en que estás. ¡Sí, el presente! ¡El presente y nada más!”

Casado desde hace poco más de cincuenta años con Graciela, y padre de cinco hijos (cuatro de ellos destacándose en la música), Ricardo Soulé es una excepción en el mundo e historia del rock. La pandemia lo encontró cumpliendo medio siglo desde que compusiera primero su himno “Presente” y poco después “La Biblia”, el primer disco conceptual del rock en Argentina. Todo, con apenas veinte años.

Escribió un poeta sobre él: “Su nombre ya lo saben. Se define. Metáfora que llega a los confines: ´Creyendo en mañana, fracaso hoy´”. Volvió Soulé, volvió el Apóstol del rock. A sus 72, regresó entero, carismático y vigente. En realidad, no se había ido nunca. “Gracias, Rosario”, se despide el Maestro. Gracias a vos, Ricardo.

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