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Cumpleaños de rock

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Por Ernesto Edwards /Filósofo y periodista @FILOROCKER

El rock también se ha encargado de celebrar cumpleaños con canciones especialmente compuestas para la ocasión

El auge de las redes sociales instaló el ritual de las felicitaciones públicas a la hora de recordar a alguien o enviarle buenos deseos cada vez que una persona cumple años. Seguramente favorecido por el hecho de que, por ejemplo en Facebook, la misma aplicación se encarga de avisar al usuario de que uno o varios de su listado de contactos se encuentra en tal situación, sea que esté alegre o se sienta vulnerable. En cualquier caso que fuese, cumplir años remite directa e invariablemente al hecho lamentable de que cada vez, cada temporada, nos vamos encontrando con la posibilidad concreta de que nos quede menos tiempo de vida.

Desde ya que muchos pensamos que siempre es mejor cumplir años que dejar de cumplirlos, especialmente si el hecho de seguir vivos no se ha convertido en algo penoso o insoportable. Pero, sin ir muy lejos, recordemos cómo los rockers, al inicio mismo de este universo cultural, deploraban el hecho de ir poniéndose viejos. A tal extremo, que esa definición la expresaban sin ambigüedades en sus letras o sus declaraciones periodísticas. Algunos, sumidos en la depresión o con algún otro trastorno psicológico o psiquiátrico, decidieron terminar tempranamente con su vida a mano propia, o aceleraron su final a fuerza de excesos.

La tradición indica que el día de cumpleaños, por lo general, se trata de una jornada festiva que hay que celebrar. Quizás rodeado de familiares, de amigos, de compañeros de trabajo, o en alguna soledad bien acompañada. Ustedes elijan. Los saludos presuntamente más sinceros son aquellos que recibimos de modo más personal, privadamente, sin necesidad de exhibirlos en un tuit o firmándonos un posteo en Instagram, aunque muchos lo valoren como un gesto público de expresión afectiva. Además están los que llevan la cuenta del número de salutaciones, y al cabo del día revisan el listado de quienes se acordaron o hicieron el esfuerzo por saludarlos. Y están los que se ofenden con aquellos que se olvidaron, entendiendo que deberían haberlos tenido presente.

También es cierto que uno no cumple años exactamente el día del calendario correspondiente a cada nacimiento. No es seriamente pensable que de un día para otro pasamos de tener 39 a cumplir 40. No es un proceso que se sustanció en veinticuatro horas. Quizás se nos escape que la noche antes del cumple ya teníamos 39 años y 364 días, y que todo lo que notamos en el espejo no se produjo entre que nos fuimos a dormir y nos despertamos a la mañana siguiente. Ese mismo amanecer en el que recorreremos whatsapp y toda la mensajería directa de las redes para comprobar quiénes están cumpliendo con nuestras expectativas, si es que las tuviéramos al respecto. Consideremos, asimismo, que nos veremos expuestos a clisés y obviedades tales como “buena vuelta al sol”, “feliz nuevo año personal” o el indigerible “bendiciones”. Algunos preferimos un saludo más personal y descontracturado. Pero tampoco estamos pendientes.

Seguramente, y ello parece inevitable, a cierta edad los encuentros celebratorios son cada vez menos numerosos en presencias deseadas. Quizás porque aquellos con quienes preferiríamos compartir ya se han ido, o porque la vida nos distanció. Ni hablar de los que hubieran cumplido años, ya no están, y son extrañados. 

También, evocaremos con nostalgia (o con horror), mirando viejas fotografías, alguna que otra reunión de las infantiles, aquellas donde convergían los compañeritos del colegio mezclados con los amiguitos del barrio, más las tías y los primos. Era en la lejana época en que en el día indicado nos obligaban a llevar y repartir caramelos en la escuela. Que haya transcurrido tanto tiempo nos provocará melancolía, o alivio porque todo eso ya pasó. Especialmente ese instante de felicidad o decepción cada vez que abríamos un regalito, entre bonetes, guirnaldas y globos, cuando los varones odiábamos el previsible par de medias y las nenas se avergonzaban por recibir públicamente una bombacha. Sí, era un bochorno. Es que la niñez es tímida, acertaba Jorge Luis Borges.

Y aunque cueste creerlo, también el cumpleaños ha sido motivo de reflexión para los rockers, y ha generado alguna que otra recordable buena canción, de esas que pueden utilizarse si lo que se busca es musicalizar adecuadamente una fiesta, y que el cumpleañero rockero se sienta halagado. Quizás porque el tema remita directamente a ese gran existenciario filosófico que es el Tiempo. A continuación, una selección procedente del mundo del rock, con pretensión de cronología.

El viejo B. B. King ya había compuesto la infaltable “Happy Birthday Blues”, en la que recuerda a su pareja de entonces: “Y donde la diversión finalmente se detiene, todos saben, chicas, somos vos y yo haciendo lo que hacemos”.

The Beatles, ya consagrados mundialmente, en 1968 en el “Álbum Blanco” incluyen “Birthday”, con las voces de Pattie Boyd y Yoko Ono, esposas de George Harrison y John Lennon, respectivamente, con toda la intención de transmitir alegría e instar a una fiesta: “Ellos dicen que es tu cumpleaños. Nosotros te deseamos que tengas un buen día”.

Los de Steppenwolf graban en 1969 “Happy birthday”, que con aire sureño recrean la típica salutación, agregando, entre buenos arreglos y aportes corales, un momento afectivo.

Los de Chicago en 1980 graban “Birthday boy” con la idea de alejar la tristeza, aportar optimismo, y tratar de que el chico del cumple del título, si la está pasando mal, piense que todo puede mejorar.

En 1987 The Smiths estrenan “Unhappy birthday” (Cumpleaños Infeliz), y el rótulo lo decía todo, con esa fantasía de que a aquel a quien se odie visceralmente, quizás por ser un mal tipo, le vaya de lo peor.

En 1990 Kyuss editan la tristísima “Happy Birthday”, a dos años de la muerte de alguien muy querido, a quien no pueden dejar de recordar día y noche. También merecen incluirse en esta lista a Urge Overkill con“Blackie’s Birthday” (1991), y a NOFX con “New happy birthday song?” (2007) y otra composición dedicada a alguien que evidentemente no apreciaban mucho: “Feliz fucking cumple. Vos no sos nada especial”. Y una mención a los mejicanos de Panda, con “Cumpleaños Feliz” (2010), lamentando la falta de quien ya se fue.

La de Lenny Kravitz, su “Happy birthday” del 2014 es, quizás, la más utilizada y reproducida en los últimos tiempos, y su uso como musicalización de stories parece obligatoria. Rockera, eléctrica, elegante. Celebrando, como dice, el día que naciste, y esperando que lo empieces bien escuchando su canción, y cocinarte aquella comida que te gusta, mientras vas soplando las velas y abriendo tus presentes.

El autor de esta nota, en cada cumple, además de tener la sensación de que el tiempo pasa cada vez más rápido, ya no espera regalos, ni visitas significativas, ni salidas especiales. Tan sólo poder atisbar si todavía quedan algunos buenos años más. Algo que a cierta edad ya es un enigma, claro.

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