sábado, mayo 21, 2022
15.9 C
San Pedro

Eclipse de rock

Tenés que leer..

Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

El eclipse es otra de las metáforas recurrentes en el universo del rock

Conviene repasar dos conceptos para tener en claro cuando se lea esta Columna. Uno es el de título, es decir aquello que da nombre a un texto, sea del género que fuere. Umberto Eco afirmaba que todo título cumple la función de adecuado agente contextualizador de aquello que se titula, anticipando su contenido, aunque en ello oscilemos entre la precisión y la ambigüedad, según lo que decidamos adelantar al usuario. Respecto de esta nota, el título es “Eclipse de rock”, que es muy distinto de redactarlo como “Eclipse del rock”, que atentos al significado de la metáfora eclipse, estaría significando algo así como la decadencia o el final del rock. Y no es el caso.

El segundo concepto a confirmar es el de metáfora. Los clásicos la veían como la transposición de un nombre a una cosa distinta de la que tal nombre significa, implicando un sentido impropio o figurado en virtud de un vacío lexical que demanda un préstamo que sustituye tal ausencia. Y tanto en la Literatura en general como en las letras de rock, la metáfora del eclipse nunca ha faltado. Ha estado siempre presente. Eclipse como oscuridad, como ocultamiento, como ocaso, como locura. 

Los eclipses, en este contexto, no son sólo como lo primero que imaginamos cuando escuchamos o leemos tal término, pensando en el ocultamiento del sol o de la luna. Los griegos hablaban de ékleipsis, que aludía a la desaparición de la luz solar, obstruida en su camino por algún cuerpo celeste. Contemplemos, también, que los eclipses son predecibles. Lo sabían los antiguos, cuando asirios y babilonios registraban sus ciclos repetitivos. El presocrático Tales de Mileto se había especializado en anticiparlos con precisión. Y esa información era una herramienta de poder a la hora de influenciar a todo aquel que los desconociera, porque quedarse repentinamente en total oscuridad en pleno día era motivo de asombro, de miedo, de inseguridad, de angustia, de desesperación. Como si todo fuera producto de la magia o el designio de los dioses. Pero en un eclipse también puede haber poesía, puede haber belleza. Dormir es el eclipse de nuestra vigilia, acertaba Jorge Luis Borges. Y en esa plácida penumbra imaginamos, fantaseamos, deseamos, soñamos.

Como metáfora del rock veámosla en apenas una docena de grandes canciones. Joaquín Sabina, otro de los que está definitivamente incorporado al index rockero (aunque a alguno se le haya pasado), escribió “Eclipse de Mar”, que como generalmente sucede con este autor, es un notable cuento corto. “Hoy dijo la radio que han hallado muerto al niño que fui. Que han pagado un pasote de pelas por una acuarela falsa de Dalí. Que ha caído la Bolsa en el cielo. Que siguen las putas en huelga de celo en Moscú. Que subió la marea. Que fusilan mañana a Jesús de Judea. Que creció el agujero de ozono. Que el hombre de hoy es el padre del mono del año 2000. Pero nada decía el programa de hoy de este eclipse de mar, de este salto mortal. De tu voz tiritando en la cinta del contestador. De las manchas que deja el olvido a través del colchón”. Sabina y un eclipse existencial.

“Eclipse”, grabada por Pink Floyd en “El Lado Oscuro de la Luna” (1973), es sugestiva, metafórica y profunda. Y fatal, en su delirio: “Todo lo que tocas, todo lo que ves, todo lo que pruebas, todo lo que sientes. Todo lo que amas, todo lo que odias, todo lo que disfrutas, todo lo que guardas. Todo lo que das, todo lo que negocias, todo lo que compras. Mendigar, pedir prestado o robar. Todo lo que creas, todo lo que destruyas, todo lo que hagas, todo lo que digas. Y todo lo que comas, y cada uno con quien te encuentres, y todo lo que te falte, y cada uno con quien pelear. Y todo lo que es ahora. Y todo lo que se fue. Y todo lo que viene. Y todo bajo el sol está en sintonía. Pero el Sol es eclipsado por la Luna”.

“Eclipsado”, del inefable Andrés Calamaro: “Esta vez no estoy en ningún lado. Mi espina clavada en el costado, y yo. Todo me resulta complicado. Eclipsado por tu brillo dorado. Por eso estoy tieso frente a una luz extraña. Con los ojos abiertos como un dos de oros. Mahoma ya se fue a la montaña. Se fue para encontrar algún tesoro. O un eclipse en el Luna Park. Eclipse de Alta Mall. Parece que perdí la visión del tercer ojo, y los otros dos, no quieren mirar. Mirar al eclipse de frente…”

“Eclipse”, la de Turf, para confesar “Ya no importa hacia donde vamos. Porque los mapas, son dibujados. Ya no importa a qué hora llegamos. Porque los mapas con el codo los borramos. Y me iré a volar con mi capa de ozono. Y voy a enfriar el calentamiento global. No le tengo miedo a la luna. No le tengo miedo al sol. Ni al eclipse. Te tengo miedo a vos”.

“Eclipse”, de Dante Spinetta, siguiendo la estirpe familiar, para pedir: “Bebe el agua negra. Duerme, te espero en la oscuridad. Cuelga tu alma en mi piel. Que lo que duele es saber que olvidarás la fe. Y se hace tarde y ya no hay tiempo. La luna se durmió bajo tu cuerpo, y eclipsó nuestra piel”.

Completan este repertorio con el consiguiente tratamiento temático la siempre cautivante y conmovedora “Total Eclipse of the Heart”, cantada por la eterna Bonnie Tyler. “Dancin’ in the Dark”, por The Boss Bruce Springsteen. “Zero Eclipse”, por Hiroyuki. Y las siguientes, todas con el mismo nombre, “Eclipse”, sucesivamente por GOT7Dreamcatcher$uicideBoy$ y Brand of Sacrifice. También deben mencionarse, y recorrerse, el álbum “Eclipse (Sol)”, de la banda santafesina Cabezones, como además el grupo sueco de hard rock Eclipse.

De algún modo, el sol, la luna, la luz, la oscuridad, forman parte de nuestra escenografía cotidiana, y pueden estar permitiendo que accedamos a la verdad y al conocimiento, o como en la alegoría platónica de la Caverna, sumiéndonos en la confusión, la mentira, la opinión superficial y la ignorancia. A veces es un camino buscado que se recorre voluntariamente, y sabemos qué hacer ante cada nuevo desafío. Otras, simplemente sucede, y no estábamos preparados para sortear sus efectos. Y, tal como lo pensaba el genial filósofo florentino Nicolás Maquiavelo, la fortuna será encontrada sólo por aquel que sepa acomodar sus actos según los tiempos que se vivan. Y no habrá eclipse que pueda detenerlo, una vez que se termine su cono de sombra.

Por último, el rock no se ha eclipsado. Puede ser que algunos de sus exponentes más icónicos hayan claudicado. Pero este objeto cultural, pleno de transgresión, contracultura, confrontación con el sistema, rebeldía y denuncia social sigue tan vivo como siempre.

Últimas noticias

San Nicolás: el municipio lanza talleres de fortalecimiento para el sector turístico

La Municipalidad de San Nicolás puso en marcha el “Plan de Fortalecimiento y Capacitación del Sector Turístico” que consta...

Más noticias como esta