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El bolero y el rock

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Por Ernesto Edwards /Filósofo y periodista @FILOROCKER

Creemos entenderlo con el folklore y el tango. Pero cuando se vinculan rock con bolero parece demasiado

El cuestionamiento será permanente. ¿Por qué ciertos músicos e intérpretes, caracterizados y consagrados en un género musical tan particular y a veces muy excluyente como el rock, a cierta altura de sus carreras se vuelcan, o incursionan temporalmente, en un ritmo o expresión que parece provocar una contradicción con el estilo y la historia de quien decide dar el salto o intentar un cambio?

Las respuestas suelen ser numerosas y diversas, empezando por las que dan los propios protagonistas, que no sin razón aluden a una necesidad de expansión artística, toda vez que en algunos casos se consideran más que sólo rockers, fundamentalmente músicos. Y que no quieren sentirse encorsetados de por vida. No toleran que nada los restrinja, que nada los obligue. Son rebeldes, son inquietos, no tienen (o no deberían tener) prejuicios.

Parecería más fácil entender por qué aquellos que desde otro género decidieron hacer rock. Algunos con singular éxito, como Mercedes Sosa, quien tuvo una cuidada carrera y un selecto repertorio creado por los mejores compositores. Y otros, como Soledad Pastorutti, derrapando cada vez que arremete obstinadamente con el rock.

Tampoco debe dejarse de considerar que las discográficas influyen enormemente a la hora de definir estrategias de marketing que incluyan grabar tal o cual versión, sin importar el género. Lo mismo con esta reciente moda del feat., esa de asociar a un intérprete con otro, a veces sin ton ni son. En nuestro contexto, tenemos nombres a los que cualquier colectivo les viene bien. No vayamos muy lejos: la simpática pero mediocre Natalie Pérez, a quien cuesta bastante escucharla cantar, puede un día reversionar ese genial manifiesto filosófico de Miguel Abuelo que fuera “Himno de mi Corazón”, y al rato grabar eso llamado “Lágrimas y Flores” con la inefable Pastorutti. No tienen límites.

Del más encumbrado Olimpo del rock en Argentina, emerge con brillo Luis Alberto Spinetta, de quien se recuerdan sus aproximaciones al tango (grabando junto a Fito Páez el clásico “Gricel”) así como con el folklore, con esa maravilla de Metafísica hecha canción llamada “Barro Tal Vez”.

Pero causa (alguna, no tanta) extrañeza si ponemos atención al fenómeno de ciertos rockers destacándose, insistentemente, en el mundo del bolero, un ritmo que parece lejano y ajeno en cuanto a la actitud originaria del rock. Ahora bien, ¿es tan así? ¿Manejamos un concepto común cuando hablamos del tema? No todos los rockers son metaleros, pisan pollitos, rompen instrumentos, escupen al público ni mastican murciélagos. Y la mención de tales conductas tampoco van en desmedro de la cultura rock, que es tan amplia que los incluye a todos.

En los orígenes mismos de esta cuestión de rebelde actitud contracultural nunca pasó inadvertida esa llamativa versión de The Beatles haciendo “Bésame Mucho”. Y quizás de allí provenga esa tácita autorización para que cualquier músico recorra toda la paleta melódica con absoluta libertad.

Es cierto que todos creemos saber de qué se trata cuando hablamos del bolero. Pero no siempre recordamos que no tuvo su origen en tierras mejicanas sino en Cuba, y que es de muy antigua data, allá por la primera mitad del siglo 19, y siempre con una temática romántica que se haría masiva, un siglo después, a partir de la enorme difusión por parte de los medios latinos, especialmente la radio, y el cine después, y gracias a ciertos compositores y cantantes que instalaron popularmente el género, dando lugar, incluso, a lo que luego conoceríamos como serenatas, y una enorme cantidad de ventas de discos, que entre tríos de guitarristas primero, y con grandes orquestas después, marcó una época, que por momentos se asociaba a una América Latina que ya no existe.

El trío Los Panchos, Agustín Lara, Pedro Vargas, Lucho Gatica, Javier Solís, Armando Manzanero, Luis Miguel y nuestro Chico Novarro son los nombres que más se han destacado a lo largo de las décadas. Y también mujeres de plena actualidad como Lila Downs, Natalia Lafourcade y la chilena Mon Laferte mantienen vivo el género.

Los rockers que interpretan boleros lo hacen, desde luego, con la impronta del rock, y con arreglos que son propios y reconocibles. Recorramos un listado que, obviamente, es parcial e incompleto, y que admite subgéneros. Y no se puede empezar con las menciones si no es con el pionero del rock en español en la Argentina. El multifacético Litto Nebbia, en 1989 edita un disco completo, “Bolero Afrolatino”, junto a Cacho Tejera. Y entre tantos éxitos, se destacan “La puerta”, “La Barca”, “Inolvidable”, “Esta tarde vi llover” y “Perfidia”.

A casi nadie escapa que algunos, por su particular fraseo, parecieron haber nacido para cantar boleros, aunque hayan tenido una exitosa carrera con el ska liderando los Cadillacs. Tal el caso de Vicentico, que con ese súper bolero que sigue siendo “Algo contigo” lo demuestra. Pero también merecen destacarse sus versiones de “Culpable” y “El último acto”.

Caso especial son los hermanos Andrés y Javier Calamaro, en diferentes etapas de sus respectivas carreras, y juntos o por separado. “Inolvidable” y “Contigo aprendí” son con la firma vocal de Andrés Calamaro. “Bésame mucho” los encontró a dúo. “Pedro Navaja” (en clave de tango) le corresponde a Javier. Y yendo atrás en la historia, en tiempos de Los Rodríguez, Andrés grabó “La copa rota”.

Fito Páez, otro gran recorredor musical, en un disco que reunió a numerosas figuras de otro palo, en “Boleros Por Los Chicos”, grabaría, de modo sentido, “Esta tarde vi llover”, del gran autor mejicano Manzanero. En el mismo disco sorprende agradablemente la versión de “Entrega total”, el clásico de Javier Solís, por el filósofo místico del rock, Luis Alberto Spinetta.


Por la calidad de sus versiones merecen mencionarse “Perfidia”, por La Portuaria. La adaptación eléctrica de “Si no te hubieras ido”, por La Beriso, “Sabor a mí”, con Leo Sujatovich al piano. La super ejecutada “Esta tarde vi llover” por los ibéricos de Presuntos Implicados. La rareza “Bolero Falaz”, por los colombianos de Aterciopelados . Y, como bonus track, se ganó su lugar la exquisita versión de “Abrázame Así” por Sandra Mihanovich.

Que nadie se sorprenda, entonces, si en un recital de rock escuchamos al cantante fraseando “Y contigo aprendí que yo nací el día en que te conocí”. Sí, los rockers también le cantan al amor.

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