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The Who en el Madison Square Garden

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista/ @FILOROCKER

The Who retornó con una extensa gira por EE. UU., demostrando vigencia y éxitos inoxidables.

Siempre se valora haber podido apreciar sobre un escenario a solistas y bandas internacionales de la talla de Chuck Berry, Bob Dylan, Paul McCartney, Ringo Starr, Roger Waters, Guns N´Roses, Eric Clapton, The Police, Coldplay, y unos cuantos más. Y es así que llegás a pensar que ya has visto todo en el plano de la historia del universo cultural del rock. Hasta que caés en la cuenta de que todavía no hiciste la experiencia de ver a la legendaria banda británica The Who, aunque oportunamente ya hayan estado en la Argentina. La ocasión se presentó para hacerlo en otro marco: en el mítico e imponente Madison Square Garden, en New York City, el reciente jueves 26 de mayo, luego de un prolongado impasse repleto de postergaciones y cancelaciones provocadas por una pandemia que los tuvo fuera del circuito, y antes de ello por una afección vocal del cantante. 

Se trata del mismo estadio que a lo largo de décadas viera brillar lo mejor del rock, del básquet y del boxeo mundial. El Madison fue el fondo más que adecuado para asistir a la presentación de una banda legendaria como The Who, y una estructura de lujo que acompañó como fondo de una gran performance.

Muy pocos no deben saber de qué se trata este grupo originado en Londres, a comienzos de los ´60, cuando ya estaban instalados The Beatles y los Stones. Tampoco que de sus cuatro miembros originales, su baterista Keith Moon y su bajista Peter Entwistle murieron tempranamente. La otra mitad, quizás la de más peso, artísticamente hablando: su cantante Roger Daltrey y su guitarrista y letrista Pete Townshend, sigue plenamente vigentes, luego de muchos altibajos personales y desencuentros varios. Por lo visto, The Who continúa siendo, a pesar del paso del tiempo, aquella rutilante y explosiva banda británica que tuvo sus inicios en 1962 como The Detours

Autores del primer disco conceptual de la historia, “Tommy” (1969), al que le sucedería “Quadrophenia”(1973), se verían beneficiados en cuanto a popularidad por sendas versiones cinematográficas. A lo largo de 75 minutos, y como álbum doble, “Tommy” está ambientado en la Primera Guerra Mundial, cuando el capitán Walker es dado como desaparecido tras ser abatido su avión. Años después, su esposa oficializa a su amante, y una noche el militar reaparece, tras haber sido prisionero, y al ver a su mujer con otro, lo mata, sin advertir que Tommy, el hijo de ambos, ha visto todo. Sus padres, horrorizados por el crimen, presionan a su hijo para que olvide, haciendo como si nunca hubiese visto ni oído nada acerca de algo de lo que no deberá hablar jamás. A partir del mandato de sus padres, Tommy vive solo en su interior, y se olvida de lo bueno y de lo malo, sumergiéndose cada vez más en él mismo. The Who nunca tocó “Tommy” en directo de modo completo para evitar que fuera grabado de corrido. Además, que The Who fue precursor en el abordaje de temas que son existenciarios clásicos para la filosofía, especialmente para el Existencialismo, focalizando en cuestiones tales como la guerra, el tiempo, la locura y la muerte. 

Vamos al detalle del show. Empecemos por la previa. Se observa que el grupo etario predominante es +60, que compraron las entradas más caras y que no se fijan en gastos a la hora del merchandising oficial. También, y habida cuenta de que en NYC el consumo personal de marihuana es legal, unos cuantos fumaban sus porros sin problemas, contrastando con los fans sentados en sus plateas usando los recomendados barbijos. 

Respecto de la banda, se podía presumir que a esta altura los de The Who no saltarían ni correrían como unos locos a lo largo del stage, rompiendo sus instrumentos al final del show. Sus dos referentes históricos hoy se encaminan rumbo a los 80 años, y su andar es mucho más tranquilo y pausado. Aunque en algún punto siguen siendo los mismos, como cuando Townshend, conceptualizando al rock, declaraba: “Si grita pidiendo verdad en lugar de auxilio, si se compromete con un coraje que no está seguro de poseer, si se pone de pie para señalar algo que está mal pero no pide sangre para redimirlo, entonces es rock and roll”. Con esa visión de lo que es el rock crecimos la mayoría. “Espero no llegar a viejo”, también afirmaba. En cambio, hoy ya con 77 años, el violero estrella advierte que este tour no será la última gira. Que no es una despedida. Que todavía tienen planes y proyectos, y que esperan poder vivir lo suficiente.

La presentación en el Madison de esta extensa gira llamada “The Who Hits Back” (que es un juego de palabras, y que los tendrá comprometidos hasta noviembre próximo) tuvo tres segmentos bien diferenciados en los que se recorrieron, mayoritariamente, clásicos de sus álbumes “Tommy”, “Quadrophenia”, “Who´s Next” y “Who”. En el primero, acompañados de una orquesta, tocaron sucesivamente la extensa y casi instrumental “Overture”, “1921”, “Amazing Journey”, “Sparks”, “Pinball Wizard”, “We´re Not Gonna Take It”, “Who Are You”, “Eminence Front”, “Ball and Chain” y “Join Together”. El segundo set estuvo sólo a cargo de la banda, con “The Seeker”, “You Better You Bet”, “Relay”, el acústico “Won´t Get Fooled Again” y “Behind Blue Eyes”. El tramo final, nuevamente con la orquesta, cerró con, “The Real Me”, “I´m One”, “5:15”, “The Rock”, “Love, Reign Oer Me” y la despedida, con “Baba O´Riley”. 

Fue una veintena de canciones a lo largo de dos horas y un cuarto. No se guardaron nada. O sí, porque la anunciada decepción sería que desde hace años no han vuelto a tocar “My Generation”, esa que los hizo recontra famosos, y que afirmaba: “La gente trata de menospreciarnos, -hablando de mi generación- simplemente porque vamos donde queremos -hablando de mi generación. Las cosas que hacen parecen espantosamente frías -hablando de mi generación-. Espero morir antes que volverme viejo -hablando de mi generación. Ésta es mi generación…” Pero el hecho de que hayan tocado “Who Are You?” en parte los redime. Porque a finales de los ´70, cuando editan el disco, ese interrogante era la gran pregunta filosófica que nos hacíamos, en la búsqueda de establecer nuestra identidad y de definir nuestros proyectos existenciales. Y que nos interpelaran con eso de “¿Vos quién sos?” era todo un desafío. Y la otra imprescindible fue “The Seeker”, esa que decía: “Me llaman El Buscador. He estado buscando abajo y arriba. No conseguiré lo que busco hasta el día en que muera”, claramente aludiendo a la Misión del Filósofo.

El resultado de fusionar una banda de rock con una orquesta sinfónica siempre, cuando los músicos son muy buenos, da un resultado imponente, revalorizando un producto artístico con una estética que subyuga a cualquiera. The Who tuvo entre los suyos, la noche del Madison, a Zack Starkey (hijo de Ringo Starr) en batería, a Jon Button en bajo, a Simon Townshend (hermano de Pete) en guitarra y coros, a Loren Gold en teclados, y varios músicos más. 

Y un apunte con mi hijo Garret, que me acompañaba: Pete Townshend tenía razón: pasaron sesenta años desde los comienzos de The Who, y todavía seguimos hablando de esa generación. La que marcó al mundo entero. Un mundo que cambió, pero del que no estamos completamente seguros de que haya mejorado.

Townshend escribió, en su célebre canción “My Generation”, que esperaba morirse antes que llegar a viejo. Eso no sucedió, aunque marcó el camino de la rock attitude. Pasaron más de 50 años de “Tommy” (y estamos a uno del medio siglo de “Quadrophenia”), el primer e incomparable álbum conceptual, que con el formato de ópera – rock tuvo un género musical y gran objeto cultural como mediador entre grandes historias y marcados posicionamientos filosóficos. De eso se trata la historia de la evolución del pensamiento a través del rock. De eso se trata haber participado de la experiencia de encontrarse cara a cara con la filosofía  y volver a hacernos esas preguntas que siempre fueron más importantes que las respuestas. Gracias, The Who, por no perder la rebeldía. Ni el compromiso. Ni el arte.

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