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Fito y Fitipaldis en Bilbao

Tenés que leer..

Por Ernesto Edwards / Filósofo y periodista @FILOROCKER

Gira triunfal por España de Fito y los Fitipaldis con Bilbao a estadio lleno

Es necesario contarlo de este modo autorreferencial y subjetivo. Hace muchos años, justo cuando ETA anunciaba el alto el fuego definitivo, visité por primera vez Euskadi (País Vasco), invitado por el Gobierno de España con una prolongada beca que me permitiría conocer durante esa temporada el sistema educativo español, que por entonces era una instancia muy superadora de lo que veníamos haciendo en Argentina, en todos sus niveles, jurisdicciones y modalidades. A excepción, claro, de que en la escuela pública se enseñaba Religión como materia obligatoria y de que Filosofía iba desapareciendo de su currícula. Cuatro décadas de franquismo seguían influyendo. 

Fue también tomar contacto con una tierra y su gente, que tendría bastante para contarme y hacerme aprender. Y recorrer buena parte de la subyugante costa del Cantábrico, entre la Cantabria y la frontera con Francia. Y visitando colegios acceder a Mutriku, Baracaldo, Sestao, Arrankudiaga y Guernika. Y llegar a Vitoria, San Sebastián (enamorándome de La Concha) y Bilbao, y enterarme de que para ellos se llaman Gasteiz, Donosti y Bilbo.

Una noche, cenando con la ministra de Educación de entonces en el País Vasco, pude empezar a entender de qué iba ese nacionalismo intenso que había abierto una profunda grieta entre compatriotas, a partir del separatismo extremista de algunos y su necesidad, o decisión ideológica de expresarse en euskera. Me explicó, también, que en realidad no todos los vascos dominaban esa lengua, pero que igual la sostenían por una cuestión de identidad. Algún tiempo después descubriría esa recomendable novela “Patria” -de Fernando Aramburu-, que tendría una adaptación superlativa en la miniserie del mismo nombre que emitiría HBO, introduciéndonos en el dolor de los enfrentamientos armados y el horror de la ETA.

En Bilbo, a la vera de su ría, entre el Museo Guggenheim y el teatro Arriaga, visitando su Catedral yrecorriendo sus callejuelas y su historia, aceptando que Bilbao sin lluvia no es Bilbao, y descubriendo que la ciudad formaba parte como una de las etapas del itinerario oficial que los creyentes recorren a diario y procedentes de todo el mundo aquel peregrinar que denominan el Camino de Santiago, comprendí que aquel diminuto y ya maduro rocker que yo había conocido primero liderando Platero y Tú y luego encabezando los Fitipaldis, era un emblema vivo que habitaba en la mismísima Bilbao, a la vista de sus vecinos, y que con él no había grietas: a Fito Cabrales lo respetaban e idolatraban todos. Era el mismo por el que yo había cruzado el Atlántico para verlo y escucharlo tocar en el ex Palacio de los Deportes de Madrid. Aquel que yo había elegido para musicalizar el clip de promoción de “Enrique, fragmentos de una gesta contra la tristeza y la locura”, obra teatral que había protagonizado en Rosario encarnando a Enrique Pichón Rivière. No sería casual, entonces, que la primera remera rockera que compré en España fue un domingo en El Rastro madrileño. Era de Platero y Tú.

Vuelvo al presente. Al no haber vuelos directos a Bilbao, fuera de los regionales, desde este lado del mundo se nos complica llegar rápido. Primero habrá que hacer una escala en el madrileño aeropuerto de Barajas y al llegar, salir corriendo dentro del mismo para buscar la combinación aérea. No es tarea fácil ni muy cómoda, aunque se viaje en primera.

La expectativa es inmensa. La pandemia y sus restricciones nos llenó a todos de ansiedades varias. Una de ellas tiene que ver con el retorno a los espectáculos presenciales, aun sabiendo que el riesgo sanitario no desapareció y que los protocolos están cada vez más laxos. Los tapabocas en espectáculos públicos, en España, al día de hoy, te los debo. Y lo mismo el distanciamiento social. Todos encimados y haciendo pogo. El autor de esta nota estuvo hace poco viendo a The Who en el Madison Square Garden de NYC, y ya sabe a qué atenerse.

Tocan Fito y Fitipaldis, después de lo que nos parece mucho, mucho tiempo. Con todo vendido en el San Mamés (el monumental estadio del Athletic de Bilbao), para casi 50 mil espectadores, se anuncia la transmisión en vivo y directo por la Televisión Española y la emisora oficial del País Vasco. Y para los que no consiguieron su ticket, es un alivio, una liberación.


Llegaban tras una prolongada gira por España presentando “Cada vez cadáver”, su séptimo disco, que debía culminar y hacer catarsis en Bilbao, la amada y siempre añorada ciudad natal de Adolfo Cabrales, este notorio vasco de 56 años que lidera desde siempre al grupo. Sí, Fito volviendo a su casa. Este hombrecito de pequeña estatura que es un gigante sobre un escenario. Y no es por el efecto de las inmensas pantallas que lo muestran enorme. No, es por lo que irradia este Unamuno del rock. Un Miguel de Unamuno irreverente pero igual de inspirado y profundo.

Impresionan más de cien baños químicos en la segunda mitad del campo, pero no es tanto si pensamos la cantidad de asistentes que esperaron mucho tiempo para que empezara el show, que en medio de un amague de diluvio comenzó a las 22:00 pero con apertura de puertas a las 19:00 para acomodarse y escuchar un par de teloneros. Por los pasillos se oye a la gente quejarse por el precio de la cerveza, pero nadie dice nada de lo que cuesta la camiseta oficial de la gira.


Fue un show de casi tres horas con numerosos músicos invitados (Dani Martin, Morgan, Iñaki Antón, Carlos Tarque y Leiva, quien agradecerá al “pequeño gran hombre”) y una minuciosa recorrida por sus diferentes discos y los grandes éxitos, con algún que otro tema de la época de Platero y Tú. La setlist fue en este orden: “A quemarropa”, “Lo que sobra de mí”, “Por la boca vive el pez”, “Me equivocaría otra vez”, “Cielo hermético”, “Whisky barato”, “Las palabras arden”, “Todo a cien”, “Entre la espada y la pared”, “En el barro”, “A morir cantando”, “Quiero gritar”, “Hay poco rock´n roll”, “El roce de tu cuerpo”, “Si me ves así”, “Viene y va”, “Cada vez cadáver”, “Tarde o temprano”, “La casa por el tejado” y “Antes de que cuente diez”. El primer encore vino con “Abrazado a la tristeza” y “Soldadito marinero”, y el de cierre con “Entre dos mares” y “Acabo de llegar”. Dos set de bises. El primero fue para reprobar la invasión rusa a Ukrania. Entre los dos el recital duró casi una hora más. Y terminó arriba, a puro rock and roll. Con cada una nos recordó varias verdades: “Hay sinvergüenzas con una estricta moral”. “El colegio poco me enseñó. Si es por esos libros, nunca aprendo”. “Este mar cada vez guarda más barcos hundidos”. “Que lo invisible sólo existe porque no se ve”. “Menos mal que con los rifles no se matan las palabras”. “Él también quiso ser niño pero le pilló la guerra”. “El triunfo del poder siempre es una derrota”. Y “Puede ser que la respuesta sea no preguntarse por qué”.

En el medio del recital, avisaba: “No quiero hablar mucho porque voy a terminar llorando. Este concierto es una muestra de cariño de mi ciudad. Y creo que los conozco a todos”. Y todos le creímos.

Impresiona su magnetismo. Fito apenas levanta del suelo, pero se lo ve enorme. Tal su carisma y su energía. Y el fervor que provoca, con sus letras filosóficas y su actitud rebelde y libertaria. Sobre el final, ya tiene la voz entrecortada por tanta emoción. Presenta la banda -con Carlos Raya a la cabeza-, se abraza con todos, se arrodilla, se saca la gorra, agradece y se va. Se encienden las luces del estadio. El show ya terminó. Bilbao lo ama. Fito es profeta en su tierra. Se lo ganó. No se lo regaló nadie. Afuera es noche cerrada. Como en una gran función teatral, el público se va sabiendo que ha aprendido. De eso se trata. Eskerrik asko (gracias), eta agur (y adiós), llego a decirle.


Fue una fiesta. Seguramente nos hubiera gustado estar allí. Será la próxima.

FICHA TÉCNICA

Fito y Fitipaldis

Gira: “Cada vez cadáver 2022”

Estadio: San Mamés (Bilbao)

Género: Rock – Duración: 175’

Calificación: muy bueno

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