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El silencio y el rock

Tenés que leer..

Por Ernesto Edwards /Filósofo y periodista @FILOROCKER

Puede sonar contradictorio, pero rock y silencio siempre se comunicaron

El silencio como ausencia total de sonido. El silencio como censura. El silencio como dispositivo que propicia la introspección y la conciencia reflexiva. El silencio como comunicación. El silencio como instancia dramática. El silencio musical. El silencio como arte. El silencio como belleza. Y el mal recuerdo de lo que connotaba escuchar “El silencio es salud”, sobre todo cuando empezamos a darnos cuenta del simbolismo que encerraba pensar en el silencio de los cementerios.

Lo cierto es que vivimos entre sonidos y silencios. Pero dichos sonidos, sean inteligibles o sin sentido, nos coloquen en el delirio o en la hiper racionalidad, no alcanzarían su máximo significado sin los silencios que anteceden o suceden. Sin esas pausas que pueden dar intensidad al mensaje -hasta aturdirnos-, o aminorarlo tanto al punto de anestesiarnos al momento de recibir esas voces que parecen querer decirnos algo. El silencio, también, puede ser el fondo de un molesto ruido que interfiera nuestra percepción auditiva, distorsionándola, hasta un extremo de escuchar un confuso e incluso engañoso eco.

Quien domine y sepa administrar sus silencios, reinará sobre sus palabras, porque cada una, si es inteligentemente elegida, incrementará su peso, tanto, que puede llegar a ser demoledor. En el silencio, también, puede haber una importante cuota de verdad, pero también de mentira. Dependerá de su emisor. Y de sus intenciones. Porque hay sonidos que denotan, pero hay silencios que connotan en un plano de polisemia tal que la decodificación dependerá de la enciclopedia de cada oyente interlocutor, lo que traerá como consecuencia que el que esté en mejores condiciones para interpretar cada mensaje, será el que maneje más información. Y, ya se sabe, la información es poder. Después veremos para qué lo usamos. Porque parece no ser lo mismo el silencio de un político que el de un artista.

Esta claro que una manera de desmontar las intenciones del otro es preguntar y pedir aclaraciones. Buscar el diálogo para romper el silencio. Pero a veces las asimetrías conspiran contra una deseable comunicación equitativa. 

Seguramente cada uno de quienes lean esta nota habrá asociado el silencio con alguna frase célebre. Desde lo filosófico – literario, pueden destacarse las siguientes, entre otras, “De lo que no se puede hablar es preferible callar”, afirmaba Ludwig Wittgenstein en el famoso parágrafo #7, y con eso inefable que prefería callar, lo decía todo. Jorge Luis Borges, con esa incomparable carga de ironía, nos advertía: “No hables a menos que puedas mejorar el silencio”. Y el enorme poeta chileno Pablo Neruda confesaba “Me gustas cuando callas porque estás como ausente”, con esa mudez evanescente de las fantasías silentes.

No abundaremos en detalles acerca del silencio en el cine, pero si alguien buscara incursionar en el tema, son recomendables “El silencio” (1963), obra maestra de Ingmar Bergman, “Sound of Metal” (2020, nominada al Oscar) y “CODA” (2021, Oscar mejor película). Las dos últimas oportunamente analizadas en esta Columna.

El rock nunca se pierde estas ocasiones de aludir o utilizar conceptos que enriquecen sus textos, y el silencio, que puede ser un señalamiento en su pentagrama, también es un mensaje que quiere decir algo. Por caso, ”Silencio” de Los Tipitos: “Silencio, que no es silencio. Alguien se levanta, otro viene a buscar. Ella trae algo que no busco y espero. Silencio, que no es silencio. Calles y lugares se cuelgan de mí. Toda mi camisa está llena de agujeros. Silencio, espero el silencio. Un montón de bocas como parlantes saturan el aire. Hoy que mi corazón se aturde en silencio, hablando solo cuando es tarde, y ya no hay nada más que hablar. Hoy que mi corazón se agita en silencio por los gritos del amor. Silencio que no es silencio, surfeando mi camino que creo está bien, sinuoso camino de arena y de mar…”

”Imágenes paganas”, y Federico Moura despidiéndose de Virus y de la vida: “Vengo agotado de cantar en la niebla. Por la autopista junto al mar hay gitanos. Van celebrando un ritual ignorado. Mis propios dioses ya no están, espejismos. Un remolino mezcla los besos y la ausencia. Imágenes paganas se desnudan en sueños. En el espejo, reflejos viajeros. Un apagón sentimental. La ruta pasa. Vuelve el deseo y la ansiedad de este cuerpo. Mi boca quiere pronunciar el silencio…”


”Silencio, Hospital”, en el mejor momento creativo de Los Fabulosos Cadillacs: “Silencio, dijo el cura. Silencio, dijo el juez. Silencio entonces, idiota. Silencio entonces, ¡no! Hasta dentro de tu celda tus gritos me hacen mal”.  También “Silencio”, y todo un disco de Los Encargados, para hablar de una vida vacía, de un disparo de luz y de sangre en el volcán.


“Silencio marginal” en los albores de los ´70, con un combativo Aquelarre post Almendra: “Selvas hasta el fin. Salen, esta vez, a penetrar los jardines. Y estarán al mediodía aquí. Y nadie va a decir que miraban hacia atrás. Cuando vino el sol unos brillos más tienden a brillar. Mientras la gente tiene miedo de que el pájaro sea irreal. Y nadie va a decir que miraban hacia atrás cuando se escuchó. Si las luces se cruzan al azar, es mentira el silencio marginal de tu seguridad”.

“Silencio” y un Jorge Drexler que también tiene algo que contar: “Todo el mundo intentando venderte algo. Intentando comprarte. Queriendo meterte en su melodrama, su karma, su cama, su salto a la fama. Su breve momento de gloria. Sus dos megas de memoria. Subirte a su nube como un precio que sube. Para luego exhibirte como un estandarte. No encuentro nada más valioso que darte, nada más elegante, que este instante de silencio…”

“Los sonidos del silencio”, la inmortal canción de Paul Simon y Art Garfunkel: “Hola oscuridad, mi vieja amiga. He venido a hablar contigo otra vez. Porque una visión arrastrándose suavemente dejó sus semillas mientras estaba durmiendo. Y la visión que fue plantada en mi cerebro todavía permanece dentro de los sonidos del silencio”.

“Enjoy the silence” (Disfruta el Silencio) parece ser el mandato, y también la confesión de Depeche Mode: “Palabras como violencia rompen el silencio. Ven a estrellarte en mi pequeño mundo, doloroso para mí”. “Silence”, de Delerium, y un silencio independentista, pero autodestructivo: “Dame liberación. Sé testigo de mí. Estoy afuera. Dame paz. El cielo tiene una sensación de asombro. Y quise creer que me atraparía. Cuando la rabia en mí se desploma, en esta ola blanca, me estoy hundiendo en este silencio”.Escribía el poeta: “En el silencio puedo escuchar mis pensamientos”. Pero no permitamos que todo se convierta en un inaudible monólogo, tan solipsista que termine por desconectarnos de la realidad, creando una propia.

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