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Amistad, Filosofía y rock, parte 2

Tenés que leer..

Por Ernesto Edwards /Filósofo y periodista @FILOROCKER

Hace varios años publicamos en esta Columna sobre el mismo tema. Hoy lo retomamos, profundizándolo

Sabemos que el 20 de julio de 1969 se dio por cierto que el astronauta estadounidense Neil Armstrong hizo pie por primera vez en la Luna, comandando la misión espacial Apollo XI, justificando con ello instaurar dicha fecha, en nuestro país, como el “Día del Amigo”.

Aunque la amistad no requiere de nada específico para ser motivo de inspiración. Para hablar de sentimientos y actitudes de nobleza, compromiso, generosidad y desprendimiento, y que sólo aspira, bienhechoramente, a que el otro, el amigo, acceda a la mejor condición humana. 

Intelectuales de todas las épocas hicieron su aporte sobre la cuestión. Desde las Letras, Cicerón no creía que, exceptuada la sabiduría, los dioses hayan hecho al hombre un regalo mejor que la amistad. Baltasar Gracián estaba convencido de que cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene, como esos espejos en los que nos reflejamos. Y el revulsivo Oscar Wilde explicaba que “Un verdadero amigo te apuñala de frente”.

Serán dos pensadores los que darán fundamento filosófico al tema. A Aristóteles se le atribuye haber dicho que “Aquel que tiene muchos amigos, no tiene ninguno”. Recordemos que en “Ética a Nicómaco” le dedica los libros VIII y XIX a esta cuestión, y la clasifica en tres tipos: amistad por interés, amistad por placer, y la amistad perfecta, que es aquella que se daría entre personas buenas que saben apreciar las virtudes del otro, y quieren el bien del otro. Es obvio que el Filósofo algo entendía de relaciones humanas. Desde el voluntarismo alemán Friedrich Nietzsche le dedicó un libro: “Ética de la amistad”, para enseñarnos que el amigo es aquel que de tan independiente de nuestro propio pensamiento, puede parecer nuestro enemigo. 

Varias temporadas atrás, para esos días conmemorativos, se intensificaba la emisión de canciones como la de Alberto Cortés, lamentándose “Cuando un amigo se va”, o reconociendo cuánto les adeudaba de ternura a sus amigos. O el brasileño Roberto Carlos cantando cuánto quería tener un millón de amigos. Y acertando con eso de …Tú eres realmente el más cierto en horas inciertas”, tanto que lo versionarían los de Attaque 77. Parecía más logrado que el sudamericano el catalán Joan Manoel Serrat afirmando …Decir amigo es decir lejos, y antes fue decir adiós. Y ayer y siempre lo tuyo nuestro, y lo mío de los dos”. Y otro español, Joaquín Sabina, apropiadamente decía “…Ten a bien recibir de mi parte un abrazo de amigo, cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo”. 

Serían The Beatles los que tendrían respuesta propia: “Sólo puedo contarte que me las voy a arreglar con una ayudita de mis amigos”. En “Friends”, los de Led Zeppelin recomendaban “Lo mejor que puedes hacer cuando ves a alguien triste es sonreírle”. 

En el rock local, Litto Nebbia y Los Gatos editan “Seremos amigos”. Y desde su inicial ingenuidad, respecto de un desengaño sentimental adolescente, cantaban: “Sólo seremos amigos; amigos y nada más…” Pasados algunos años escribió “Un amigo fiel es lo que más se hace esperar. Seguro que lo encontrarás…” Luis Spinetta, con Almendra, comienza a aproximar al público a una realidad metafórica, psicodélica y surrealista. En su primer simple, con letra inspirada en un amigo presuntamente muerto, graba “Tema de Pototo”: “La soledad es un amigo que no está. Es su palabra que no ha de llegar igual”. Los de Alma y Vida reprochaban: “Vos te equivocaste, amigo”. En “Vida”, Charly García debuta con Sui Generis, y en “Amigo, vuelve a casa pronto”, reclama de su amigo muerto: “¡Necesito hoy tu resurrección!” 

Quien es verdaderamente un amigo, no siempre tiene la posibilidad de demostrarlo plenamente. Sólo pueden hacerlo en el marco de las más indeseadas situaciones límites por las que atraviesa el hombre, aunque algunas forman parte de una etapa que hoy parece superada. En el ’74, León Gieco y su Banda de Caballos Cansados, en “Algo fuerte, amigo” anunciaba: “Animales hambrientos por la gran ciudad. Amigo, algo fuerte va a caer”. Y Andrés Calamaro se despedía: “Adiós, amigos. Adiós. Y déjenme solo, que alguien seguro, compartirá el último trago”. 

Los Enanitos Verdes, en “Amigos”, exponen que “Si hay algo que esconder, o hay algo que decir, siempre será un amigo el primero en saber. Porque siempre estarán en mí esos momentos que pasamos sin saber que un amigo es una luz brillando en la oscuridad. Siempre serás mi amigo. No importa nada más”.

También merecen figurar en este recorrido el magnífico contrapunto de “Viejos Amigos de la Ciudad” y “Por aquí se te echó de menos” (Ricardo Soulé), la sensible “Esos hijos del tiempo” (Silvina Garré), la enérgica “Salud, Dinero y Amor” (Los Rodríguez), “Canción para un Amigo” (Guasones), “Reggae para los Amigos” y “Noche con Amigos” (Intoxicados), y “Amigo” (Attaque 77). Y en el orden internacional, “Friends Will Be Friends” y “You’re My Best Friend” (Queen), “My Friends” (Red Hot Chili Peppers) y “Friend” (Foo Fighters).

El amigo es el que nos acompaña, el que nos escucha, el que nos orienta, el que nos apoya, el que no nos abandona. Es el que está en condiciones de hacernos reflexionar acerca de cuáles son los caminos alternativos a la hora de elegir un rumbo. Es con quien se comparten códigos comunes y reglas de juego claras. Y es el que sabe de la importancia que tiene ser discreto y equilibrado, albergando algún secreto. Y ésa es la mejor confidencialidad.

Quien es verdaderamente un amigo, no siempre tiene la posibilidad de demostrarlo plenamente. Algunos sólo pueden hacerlo en el marco de las más indeseadas situaciones límites por las que atraviesa el ser humano. Es que la amistad verdadera, la sincera, la auténtica, la que no sabe de especulaciones, no depende ni de antigüedades ni de distancias geográficas, ni de edades, ni de presencia física -algo que pudimos comprobar en tiempos de pandemia y restrictivas cuarentenas-. Aunque seguramente de las frecuencias de encuentros dependerá la intensidad de cada vínculo. Y de la confianza, reciprocidad, credibilidad y confidencialidad dependerá su duración. Y también de saber pedir y de únicamente dar cuando te piden. Pequeños grandes detalles. Como decía en un poema Rubén Makinistian, acerca de la amistad, “…que probablemente no haya hecho que descuelle más, más elevado, más eminente, en la vida, que el de cuidarnos mutuamente”. De eso se trata.

Quizás la mejor invitación a la amistad la realizó el genial filósofo franco – argelino Albert Camus cuando advertía: “No camines detrás de mí. No puedo guiarte. No andes delante de mí. Puedo no seguirte. Simplemente camina a mi lado y sé mi amigo”.

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