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El silencio de las hadas

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Por Ernesto Edwards /Filósofo y periodista @FILOROCKER

El rock también le canta a las hadas, esos personajes de ensueño con los que crecimos todos

Desde la Antigüedad misma, respecto de las hadas existe una idea que se ha venido desplegando a partir de su concepto original. Se habla de la belleza de las hadas, de los cuentos de hadas, del silencio de las hadas, de las hadas madrinas, y hasta del hada Campanita -enamorada de Peter Pan-. Y de que parecería ser que sólo hay hadas femeninas, aunque muchos lo desmienten. Y la imagen visual que nos venimos representando desde nuestra infancia, al modo de etéreos entes minúsculos con alas de mariposa que habitan preferentemente en misteriosos bosques de añosos árboles, hizo que tuviéramos una aproximación al tema un tanto alejada, quizás, respecto del relato inicial, el cual es difícil de rastrear con precisión, toda vez que encontraremos numerosos autores de diferentes procedencias y mitologías, que fueron los que comenzaron con la construcción de este personaje fantástico y legendario, que al decir de griegos y romanos eran una especie de celosas protectoras de la naturaleza. Una visión tradicional que continuarían nórdicos y celtas, y que llega hasta nuestros días.

Ya estamos enterados de que las hay de diferentes tipos, con poderes e intenciones diversas, capaces de enamorar a los hombres y convertirse fugazmente en sus amantes (cuando mutan a una forma humana), y que en ocasiones son posesivas, caprichosas e imperativas. Pero las hay, cuentan, seductoras, hipnóticas y cautivantes a partir de una belleza indescriptible, de un brillo deslumbrante y de una alegría que expresan entre cantos, flores y bailes, procurando con tales recursos hacernos felices a los mortales. Eso sí: no sabremos bien por qué pero parece no ser recomendable verlas completamente desnudas. Afirman que conviene apenas atisbar sus cuerpos deseados, con sutileza y respeto, y en lo posible sin ser advertidos, para al menos no ofenderlas ni incomodarlas.

Tampoco debería sorprender que algunos crean que ciertas hadas viven en las casas de las personas, fomentando la fertilidad, la armonía y potenciando la razón a la hora de tomar decisiones. Aunque no faltará quien no las haya encontrado en sus destinos frecuentes y entonces apele a viajar a Capadocia, el supuesto país de las hadas -donde están las famosas chimeneas-, y donde tendrían una plácida existencia que algunos aseguran dura alrededor de un milenio, mientras mantengan, aseveran, su dieta de miel, hongos y frutos rojos. Y la gente crea en ellas, claro. Porque negarlas, dicen, las entristece mucho.

Emparentadas con los elfos y los duendes, la mayor parte del tiempo permanecerán invisibles. Pero no contaban con el rock, que les dará presencia y resonancia. A continuación, una especie de index incompleto de las hadas en el rock en español.

“Eres un Hada al fin”, de Litto Nebbia en su época naive de Los Gatos, inicia este listado: “Ayer soñé y en mis sueños te vi. Eras un hada pequeña de dulce mirar. Y también vi tu cabello volar. Como mis nubes que pasan, y no vuelven más. Hoy desperté y vi que el sueño era real…”

”Ana no duerme”, y la iniciática poesía del filósofo místico del rock Luis Alberto Spinetta en tiempos de Almendra: “…Ana de noche hoy es un hada. Canta palabras. Canta y se torna luz. Sobre la alfombra toca su sombra. Cuenta las luces. Mira la gran ciudad”. Seguramente el Flaco veía cosas que los demás nunca supimos ver.

Comienza la década del 70 y Charly García junto a Nito Mestre fundarían un dúo que hoy está cumpliendo medio de siglo de gran parte de las mejores canciones del rock en Argentina. Con Sui Generis, desde una primordial rebeldía adolescente, grabarían “Un Hada, un cisne”, para expresar “Un hada se miraba en el lago a la mañana. Sus lágrimas caían, y su imagen destruía. Ella quería amar a un cisne de agua y sal. Ella quería volar junto al cisne hasta el mar. Y el cisne la miraba, y en el lago se besaban. Y ella con sus manos entre sus alas jugaba”.


La metalera “La leyenda del Hada y el Mago”, de Rata Blanca, es la canción justa para el ensueño medieval: “Cuenta la historia de un mago que un día en su bosque encantado lloró porque a pesar de su magia no había podido encontrar el amor. La luna, su única amiga, le daba fuerzas para soportar todo el dolor que sentía por culpa de su tan larga soledad. Es que él sabía muy bien que en su existir nunca debía salir de su destino. Si alguien te tiene que amar, ya lo sabrás. Sólo tendrás que saber reconocerlo. Fue en una tarde que el mago paseando en el bosque la vista cruzó con la más dulce mirada que en toda su vida jamás conoció. Desde ese mismo momento el hada y el mago quisieron estar solos los dos en el bosque amándose siempre y en todo lugar…”

“El Hada violada”, la transgresora creación de Ratones Paranoicos: “Alguna dispara sobre la tumba de un rey cruel. Seducen al hada que las maneja desde un jet. Máquinas, quien las percute las sabe cómo usar. Súbanlas, este escenario no da para más. Las chicas mintieron y se metieron en el rock. El hada violada cambió sus ligas para entrar”.

“Hada Naranja” y una Fabiana Cantilo cantando “Un hada naranja se quedó a mi lado. Fue sólo un instante, pero siempre ha estado. Me espera el amor desterrado. Lisérgico encuentro para verme soñar”. Y volver por una ventana abierta.

Y un esperado “Cuento de Hadas”, esta vez con Literal junto a Hilda Lizarazu: “Era todo un cuento de hadas. Más no podía pedir. Soñé con él miles de veces. Es más, yo la atrapé. Cambié de fe y de esperanza. Entera me entregué. Planeamos juntos nuestro futuro. Mujer plena me realicé. Y paso a paso tuve que aprender a caminar, y a ganarle a mi realidad”.

Y la exquisita “Alma”, de Gustavo Cerati: “Un mapa único, desdibujado, bajo las sábanas del hada. Desperdigado por fantasías. Lo que querías huele a jardín. Sugiero que nos quedemos atentos por los siglos de los siglos. Desperdigados por fantasías. Lo que querías no tiene fin. Suave estar. Hola, siempre te encuentro”.


Desde España, “Hada chalada”, de Enrique Bunbury, nos enseña “Manual de instrucciones, ritual de seducción. Y el libro de reclamaciones que no admite cambios, devolución. Hada chalada de los sueños. Las mentiras siempre dicen la verdad. Supongo que la idea es volver a vernos pronto ya. Tal día, a tal hora, en cualquier lugar”.

Y la desconsolada “El silencio de las hadas”, de ChivoChivato: “Son casi las dos del mediodía, y tú sin decir nada. Sé que no pasé la noche en casa, pero tú tampoco estabas. No es fácil encontrar la melodía en el silencio de las hadas. Ahorremos el mal trago. Ninguno cumplió el trato, y se acaba muriendo de sed las flores de papel que yo te regalaba… Las hadas han caído”.

Cerrando, la heavy “Deltoya” de Robe Iniesta liderando Extremoduro: “Se apagó el fogón, no funciona nada. ¿Dónde está la luz? ¿Qué hay en tu mirada? Me cuelgo de su pelo, me engancho de su miel. Mi encuentro con mi hada, que está loca también. He vuelto a las andadas, he vuelto a enloquecer”. “Deltoya” también tiene otra versión, más rockanrolera, de Fito y Fitipaldis.

Como bonus track, en clave de música celta mixturada con new age, Enya hará bajar decibeles y pulsaciones con “El Sueño de las Hadas”.

Mención especial para Eloree, la enigmática y entrañable banda argentina de breve pero intensa obra, cuyocríptico nombre aludía a un hada de la mitología escandinava, entre grandeza y majestuosidad, y que grabara un EP y un único disco –el introspectivo “Cruzados”-, hoy un tesoro que para el conocedor es objeto de culto.

Acerca de estos personajes especiales, quizás elijas creer. El rock dice que sí. Y puede escuchárselo en el silencio de las hadas…

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