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Tres pilotos mujeres en 85 años de Turismo Carretera, la deuda del automovilismo argentino

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El 26 de junio de 1994, Argentina inauguró la Copa Damas, la primera competencia de automovilismo exclusiva para mujeres. A la preselección habían ido 200 personas, entre ellas esa remisera y chicas sin experiencia arriba de un coche de carreras y otras que nunca habían competido.

Apenas tres de las participantes tenían la base del karting: Roxana Tardito, María de los Ángeles Hanhcik y Marisa Panagópulo, quien sería su primera campeona y luego se convertiría en la tercera y la última mujer en correr en el Turismo Carretera, la categoría más importante del país.

En los extensos 85 años desde su creación, el TC solo contó con Delia Borges, Dora Bavio y Panagópulo. Fueron ellas las únicas que tuvieron la capacidad y el presupuesto para subirse al auto emblema del automovilismo argentino.

Antes de ellas, las mujeres parecían ser un mero decorado ubicado en el costado derecho del conductor, como en 1949, cuando José Lecont subió a su esposa. También en los albores de la categoría, Oscar Alfredo Gálvez fue acompañado por Elsa Perrone.

Pero en el Gran Premio de 1951, el de mayor número de inscriptos en la historia, se logró un hito: la presencia por primera vez de una mujer al volante. Se trataba de Delia Borges en una coupé Chevrolet con el número 204 en sus costados. La columna de “Clarín en la Ruta” del periodista Diego Lucero evidenciaba que no había diferencias entre ella y el resto en la competencia ni lejos de ella, en los relatos de la época.

Sin embargo, no se presentó otro caso hasta que pasaron dos décadas y Dora Bavio se sumó al TC con un Peugeot 404. En la Vuelta de Salto, incluso, consiguió la mejor ubicación para una mujer en la categoría al finalizar octava. De la competencia no participaron pilotos de Ford ni de Chevrolet por un conflicto.

En una crónica del 21 de diciembre de 1970, mientras en la cabeza de la página se hablaba de la consagración de Rubén Luis Di Palma en el Gran Premio Turismo de Carretera Fórmula A, Clarín remarcaba el abandono de “Dorita Bavio, la única presencia argentina en este Gran Premio (como piloto, pues también entre los acompañantes había una mujer y era, precisamente, la que iba sentada al lado de Dora en el coche N°19, Susana Renzulli), casi a las puertas de Viedma”. Sin embargo, en ese texto sí se hablaba de que “cuando la desventura se ensaña con el sexo débil, nos duele un poco más a todos”.El relato de un Gran Premio de Dora Bavio, en la década del '70.

El relato de un Gran Premio de Dora Bavio, en la década del ’70.

Pero 25 años después ese “sexo débil” se llevaba una doble página, aunque con un título no menos sexista: “Mujeres con muchas curvas”. Allí se relataban las historias de pilotos mujeres en el “auge” de un automovilismo ¿femenino?, por la creación de dos categorías exclusivas: la Copa Damas desde 1994 y la Copa Hyundai de ese 1995.

Más allá de eso, allí, por ejemplo, Claudia Arias (30) contaba que “sin saberlo” corrió “tres carreras embarazada de Macario”, su segundo hijo. “La gente se ha acostumbrado a vernos correr y son varias las mujeres que quieren participar», decía la modelo Delfina Frers, quien en su adolescencia jugaba a las carreras persiguiendo la onda verde de la Avenida del Libertador.

Entre las 50 pilotos con las que contaban las categorías, una telonera del TC 2000 y otra de la Fórmula Honda y los Super Trucks, la mayoría eran hijas, hermanas, esposas o novias de algún piloto, como Alejandra Bessone, la esposa de Tito, o Andrea Di Palma, la hija de Rubén Luis. «Lo loco, para mí, es conducir yo misma un auto de competición», se sinceraba Andrea, quien nació y creció en Arrecifes, la cuna del automovilismo y antes había sido acompañante de su papá.Categorías femeninas, un auge en los '90.

La última piloto del TC, hace más de 20 años

La tercera piloto en debutar en la divisional más popular del mundo motor argentino fue Marisa Panagópulo, luego de haber logrado el título de campeona en la Copa de Damas. Lo hizo en 1996 a bordo de un Ford Falcon. Ese mismo año, el periodista Miguel Frías le hizo una entrevista para Clarín, donde decía que “se metió en el automovilismo con su belleza y sus ganas”.

La primera corredora de la era moderna del Turismo Carretera, que se inició en 1971, había llegado a esa entrevista tras ser encerrada por un taxista, luego de que la seis veces campeona de karting y de la Copa Damas en 1994 intentara pasarlo, al comando de su Renault 11.

«No todos los hombres se bancan que una mujer los pase. Les duele el doble. Estoy acostumbrada; en las pistas algunos hacen lo mismo. Los entiendo: vivimos en un mundo machista. Si hasta una vez estuve en Egipto y a mi novio le ofrecieron cambiarme por cuatro camellos y 200 dólares», dijo entonces.La nota de Marisa Panagópulo en 1996 con Clarín, cuando era piloto de TC.

La nota de Marisa Panagópulo en 1996 con Clarín, cuando era piloto de TC.

Acostumbrada a un entorno machista, Panagópulo, que también era aviadora, paracaidista, buzo y profesora de natación, no quería transformarse en un emblema del feminismo. Según el periodista, incluso eso la “aborrecería”.

«Corría contra dos hermanos. El padre mandaba al más lento a que me encerrara. Quince años después sigo pidiendo que no me pongan trabas, que me consideren piloto, palabra que no tiene femenino», remarcaba la hija de un fanático del automovilismo que, aunque priorizaba a su hermano varón, nunca le impidió correr. Al contrario.

Cuando tenía nueve años, su padre le compró un nuevo rrünimidget a su hermano Juan Carlos, también corredor. Y ella comenzó a estrellarse contra los paredones de Nueva Chicago con el auto viejo. Luego, Marisa hizo diez años de karting.

«Papá -recordó entonces- me dijo que no corriera para salir primera, que buscara salir tercera. Ese fue un buen consejo. Ahora siento que me resulta más fácil pasar autos desde posiciones retrasadas que aguantar la presión de ir primera». También rememoró una analogía que le hizo su hermano: «Correr es como hacer el amor. La largada es como la tensión previa; el desarrollo es una emoción, llena de adrenalina. La bajada de bandera se parece a un orgasmo».

A mí me gusta que los hombres hagan de todo. Que sepan usar una aguja y un hilo, también. Cuando estaba en el colegio, escuchaba a los chicos hacer alarde de su valentía. Y yo sentía que hacía cosas más peligrosas. Los pocos que supieron lo que yo hacía se sintieron atraídos con que fuera corredora. Hasta que a los 21 hice terapia por primera y única vez en mi vida. Salía con un chico que quería transformarme en una mujer fina y delicada, entre comillas. Después entendí que cada uno debe ser como quiera”, concluyó en aquella entrevista, hace ya 26 años, cuando se empezaba a hablar de los “estereotipos de belleza”, en los que ella no cuadraba.

Una deuda pendiente con las mujeres: ¿es el cupo femenino una solución?

El Día Internacional de la Mujer en una foto de la ACTC.

El Día Internacional de la Mujer en una foto de la ACTC.

El 13 de febrero de este año, en la apertura del campeonato de Turismo Carretera, se organizó la Copa Gobierno de Río Negro, compuesta de 18 participantes mujeres.

Pero en la presentación, el marketing apeló a la ignorancia y habló de una carrera “histórica”, desconociendo que en 1994 se había creado la Copa de Damas, una categoría federal que tuvo como primera campeona a Panagópulo.

La iniciativa había tenido el respaldo político y el apoyo económico de la provincia de Río Negro, que permitió que el alquiler de un auto de la Copa Bora, que oscilaba los 300 mil pesos, no fuera tan costosa, volcando el dinero de patrocinadores y publicidades de la categoría para ello.

A raíz del escándalo que provocó -antes de correrse en Viedma- esa carrera de mujeres, el periodista Alberto Cantore habló con María de los Ángeles Hanhcik en La Nación, quien pidió por un cambio.

Sin embargo, no habló de un torneo integrado por mujeres. “Busquemos el modo de que corran como siempre los hombres, pero que haya un cupo de mujeres”, pidió. Un reclamo del que poco se habla en los autódromos.

Incluso porque el automovilismo internacional, en lugar de incluirlas, también las excluye con categorías como la W Series, surgida en 2019 y en el que se vuelcan las mujeres que saben que no tendrán una oportunidad en la Fórmula 1. 

Un dato alcanza para entenderlo: a lo largo de 72 años de historia, apenas cinco mujeres consiguieron largar algún Gran Premio de F1: las italianas Maria Teresa de Filippis en 1958, Lella Lombardi -la única en puntuar, en el GP de España de 1975- y Giovanna Amati en 1992, la británica Divina Galica en la década del 70 y la sudafricana Desiré Wilson en 1980.

Fuente: Clarin

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