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El terror de Foo Fighters

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista@FILOROCKER

Ya se puede ver por streaming el filme “Studio 666”, la ficción en clave de comedia y terror de los Foo Fighters

La reciente pandemia no trató a todos los artistas por igual. Para algunos fue un momento de fértil introspección creativa que dio como resultados obras cuyas influencias y buenos recuerdos tendrán gran prolongación en el tiempo. Pero para otros fue, en el mejor de los casos, un estancamiento. Y en el peor, un notorio retroceso. Esto último es el caso de la notable banda estadounidense Foo Fighters.

En ese tiempo, la banda de Seattle editó su décimo disco de estudio y estrenó una producción cinematográfica protagonizada por ellos mismos. El álbum fue “Medicine at Midnight” y oportunamente fue analizado en esta Columna de Opinión. En el medio, apareció un inesperado, extraño y apenas aceptable registro en vivo que fue una colección de viejos éxitos de la legendaria banda australiana Bee Gees bajo el nombre “Dee Gees / Hail Satin”.

Recordemos que al escuchar por primera vez “Medicine…” la reacción más inmediata, para algunos, fue preguntarse: ¿con qué necesidad? ¿Hacía falta sacar este disco? Es que Foo Fighters los tenía acostumbrados a otra propuesta estética. Y ese décimo registro de estudio no se pareció demasiado a todo lo que vino ofreciendo desde sus inicios. Si tuviéramos que etiquetar a Dave Grohl, su fundador en 1994 y líder excluyente, giraríamos en torno al posgrunge y al hard rock. Y “Medicine” se había salido del molde. 

Con veintiocho años de trayectoria de Foo Fighters no hace falta explicar a esta altura lo del nombre, con el que se designaba a la observación del fenómeno OVNI por parte de los aviadores aliados en la Segunda Guerra. Dave Grohl, quien fuera el baterista del legendario Nirvana, tras la muerte de Kurt Cobain, a modo de autoexorcismo edita en 1995 canciones propias que habían quedado descartadas del último disco de la banda ya disuelta, y con varias composiciones más, grabaría “This is a Call”, haciéndose cargo de todos los instrumentos y asumiendo el liderazgo vocal. Recién con el disco instalado en la calle y rotando insistentemente en las radios invitaría a otros músicos para darle vida a los Foo Fighters, donde ya no sería más el batero, iniciando así una prolongada carrera pletórica de éxitos, con nueve placas con numerosos hits.

Y llegó lo que nadie esperaba: una pandemia que puso al mundo en pausa, entorpeciendo los planes de casi todos. Ya en octubre de 2019 Foo Fighters avisaba del comienzo de las grabaciones de un nuevo registro de estudio. El mismo se finalizó en febrero de 2020, y se lo pensaba presentar en poco tiempo más, en una gira que los llevaría por todo el mundo, en ocasión de los 25 años de la banda. No pudo ser. Tampoco la publicación en plataformas y su salida a la venta. 

Todo el disco sucedía en treinta y seis minutos. Para algunos, una bendición que fuese tan breve. Para unos, un disco audaz. Para otros, un paso en falso. Pero, a decir verdad, el rock no se define por compases musicales. Es actitud, contracultura y rebeldía. Y Dave Grohl (Warren, Ohio, 1969), batero devenido en cantante y violero, tiene su propia historia, que en gran parte explica su búsqueda artística, su contenido conceptual y su mensaje. Una vida personal de superación que ya contamos.

Ahora bien: la historia del cine mundial registra casos de cantantes excepcionales, y también de los otros, que hicieron su carrera pasando por estudios cinematográficos con la intención de protagonizar en cine. La popularidad como músicos les hacía creer que la experiencia actoral les resultaría igual de exitosa. Los ejemplos que así lo confirmaron fueron, sucesivamente, los de Bing Crosby y Frank Sinatra, y más recientemente Barbra Streisand, Sting y Lady Gaga, que tuvieron el masivo reconocimiento del público y de la crítica especializada. Y más aún cuando las producciones que encabezaban no tenían nada que ver con el género musical, como sí sucedía en los ´50 con el incipiente rock and roll. Luego vendrían sus propias estrellas rockeras -según los casos-, como Elvis Presley, John Lennon, Mick Jagger, Madonna, Prince, Michael Jackson y hasta el mismísimo Bob Dylan haciendo sus fallidas experiencias, no sólo por sus mediocres performances actorales sino porque en la mayoría de los casos las películas resultaron bodrios indefendibles. Ni hablar de las experiencias locales, que tuvieron en sus producciones “actores” como Sandro, Palito Ortega y Litto Nebbia. O, en nuestra prehistoria, Carlos Gardel. En el caso del análisis de esta nota, el protagonista excluyente del filme es Dave Grohl, y no lo hace para nada bien.

“Studio 666” parte del supuesto de que lo que nos mostrará les sucedió realmente a los Foo Fighters en su debut cinematográfico en ocasión de la grabación del tan mentado décimo disco en una antigua “casa embrujada” enclavada en California, haciendo referencia que quieren repetir la experiencia que en su momento realizaran los pioneros del heavy metal Led Zeppelin. Y, también supuestamente, les habrían sucedido permanentes situaciones escalofriantes, con espeluznantes sesiones de grabación, entre lo sobrenatural, lo inexplicable y algunas posesiones por parte de espíritus malignos. Los relatos en primera persona incluían menciones sobre guitarras sospechosamente desafinadas, la consola desconfigurada, pistas grabadas que se borraron solas, y registros de sonidos que nadie había grabado. Y también ciertas alucinaciones que no deberían atribuirse al hecho de habitar una casa pretendidamente “maldita”.

Por si no queda del todo claro, “Studio 666” tiene como núcleo argumental a una banda de rock llamada Foo Fighters encerrada en una horrorosa mansión con el objetivo de grabar un disco. Y en el medio de esa forzada convivencia se verán ensayos, diferencias cotidianas, chistes internos y un vertiginoso trasfondo sangriento que anticipa la dirección del inevitable desenlace. 

La realidad indica que el disco se hizo en tiempo récord y que nadie quiso hablar demasiado sobre lo ocurrido en la casa, aunque ya habían comenzado a imaginar que todo lo ocurrido se convertiría en un guión cinematográfico. Eso sí: provoca alguna impresión verlo al baterista Taylor Hawkins decapitado como parte de la trama, justo quien poco tiempo después, en Bogotá en marzo de este año, moriría abruptamente por una descomunal sobredosis en el medio de una gira. La película, insoportable y grotesca, previsible y aburrida, tipo clase B, y que es sólo para fanáticos poco exigentes, es el fallido resultado de un descuidado experimento que debería pasar rápidamente al olvido, y del que pensamos, como siempre en estos casos, ¿con qué necesidad, Foo Fighters?

FICHA TÉCNICA

“Studio 666” (EE. UU., 2022)

De BJ McDonnell – con Foo Fighters

Género: musical, comedia, terror

Duración: 108´ – Calificación: regular

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