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Los dragones y el rock

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

Míticas, metafóricas e impresionantes figuras, los dragones también son parte de las letras de rock 

Si no se ha profundizado en investigar acerca de qué se entiende cuando se menciona a los dragones, una aproximación básica nos dirá que se trata de seres mitológicos que tienen diferentes apariencias según cuál sea la tradición cultural en que se los ubique, pero que portan algunas coincidencias en ciertas características monstruosas -especialmente para los medievalistas europeos-, de invulnerabilidad cierta, de tamaño enorme, con alas que les permite volar y con la impresionante capacidad de arrojar un destructor y mortífero fuego por sus fauces. Estos animales fantásticos también son portadores de fuertes simbolismos, los que variarán según se los imagine en Europa o en Oriente, aunque no son las únicas regiones del orbe en las que se afirma haberlos visto.

En tiempos de Las Cruzadas era habitual su referencia oral y gráfica. Se los veía en estandartes y se cantaba sobre ellos. Porque el dragón, fundamentalmente, es símbolo de lucha, pero también de búsqueda de orden universal, en contraposición con el Caos. Solían enfrentarse a dioses, a poderosos guerreros y también a otros bestiales monstruos. Pero además también hacían lo propio opacando la luz del sol. Asimismo dependerá de su origen si son apreciados como seres benévolos o temidos por su malignidad. El cristianismo también los ha citado, como cuando el arcángel Miguel o San Jorge midieron fuerzas con ellos. Todo ello sin perjuicio de que generalmente representaban poder y sabiduría. Y de que llegaron a ser celosos custodios del Tiempo. 

La bandera de Gales, conocida como la de Red Dragon, que data de 1959, tiene un origen más antiguo. Aunque no es la única. Las de Malta y Bután también los tiene, así como la de ciudades como Liubliana, Cardiff y Puerto Madryn. Los dragones también forman parte de la escenografía de cualquier relato de justas del Medioevo, de legendarios Cruzados y de míticas espadas dispuestas a luchar por el honor. 

Este pasado domingo finalizó la primera temporada de “La Casa de Dragones”, esperada precuela de “Juego de Tronos”, que tuviera ocho atrapantes sesiones, pero cuyo final fue mayoritariamente reprobada por sus seguidores. Basada en textos literarios del estadounidense George R. R. Martin, escritos como género fantástico para adultos, con todos los ingredientes para hacerlo comercialmente atrapante. Incluyendo una numerosa galería de personajes de diferentes familias con linaje monárquico, cada uno con minucioso desarrollo propio y en constante renovación, “Juego de Tronos” se destacó por una adaptación televisiva de impactante estética, con la recreación de un período histórico de imprecisa temporalidad que da marco a inesperados giros, y una magia omnipresente que no siempre es explícita. La trama se organizaba en función de la aspiración al “Trono de Hierro” por parte de algunas familias que a lo largo del Poniente (territorio fantástico que aloja a todos) consideran como legítimas sus pretensiones de ser monarca de los Siete Reinos. En GoT será definitorio quienes sean los amos de tres impresionantes dragones, los últimos de su especie, por su capacidad de fuego, vaya la obviedad. En la precuela de este año los dragones forman parte de la trama principal, imprescindibles a la hora de comprender la lógica de su historia.

“Juego de Tronos” tuvo tanta relevancia en diferentes ámbitos que el rock tampoco permaneció ajeno. Coldplay, en 2015, decidió participar en la grabación de un musical que tuvo como excusa un evento caritativo contra la explotación infantil que justificó la elaboración de un original espectáculo que en tono de parodia recreaba las canciones originales de la serie en clave rockera, y con la participación de varios de sus actores principales. 

Corresponde explicar que Imagine Dragons es una exitosa banda de rock originaria de Las Vegas, Estados Unidos. Y aunque su enigmático nombre parece ocultar algún secreto milenario, en realidad se debe a un anagrama de “Ragged Insomnia”, la denominación original de este grupo que se originó entre estudiantes de la Universidad Brigham Young.


El rock no se privó de utilizar esta imagen, este símbolo, este concepto, apareciendo en numerosas canciones en nuestro idioma y también en inglés. Recorramos algunas. 

En “Enemigos Íntimos”, esa recordada colaboración discográfica entre Joaquín Sabina y Fito Páez a finales de los 90, incluía “Si Volvieran Los Dragones”, donde exponen un extenso listado de referencias de lo que fue y también de lo que se desea. “Si la angustia no tuviera tantos meses. Si pudiera huir de esta ciudad. Si el milagro de los panes y los peces consiguiera darnos de cenar. Si tuvieran corazón las autopistas. Si alguien me esperara en la estación. Si bajaran de la luna los artistas. Si acabara bien esta canción. Si aprendiéramos a amar como animales. Si quedara tiempo que perder. Si bailaran rock and roll los generales. Si cantara el gallo rojo del amanecer, y los sentidos olvidaran la razón. Y las golondrinas supieran volver a hacer su nido cada otoño en el reloj de las oficinas. Si el huracán del porvenir arrasara las fronteras rotas las banderas por la pasión. Si reinara en el dos mil la imaginación. Si los besos cotizaran más que el oro. Si quedara hotel en Shangri-Lá. Si la muerte hiciera mutis por el foro. Si pudiera yo quererte hasta el final. Y naufragar en la isla del tesoro. Si los mercenarios de la soledad incendiaran con un blues todo el Cono Sur. Si en los escombros de la revolución creciera el árbol verde del placer. Y las catedrales se cansaran de ser ruinas del fracaso de Dios. Si volvieran los dragones a poblar las avenidas de un planeta que se suicida. Si volvieran los dragones…”


”Dragones”, de Skay Beilinson como solista, para decir: “Tiene cara de mosca, oreja de chancho, pata de cabra, trompa de elefante y culo de mandril. Tiene su morada en el alma de los hombres. Es su territorio, es su casa y su jardín. El cabrón acecha tu castillo, lame las puertas de tu corazón, mira tus ojos, roba su brillo, deja su mueca y su aliento de dragón”. 

Completan este recorrido temático ”Ojos de Dragón” (Las Pastillas del Abuelo), “Los Chacareros de Dragones” (León Gieco), “Rugido de Cien Mil Dragones” (Willy Quiroga) y “Matar Dragones” (Attaque 77). Y en el orden internacional no pueden dejar de mencionarse ”Dragon Attack” (Queen), “Dragons” (Caravan Palace), “Dragons in Paradise” (Cornucopia) y “Dragons” (Virtual Riot).

Las canciones relatan historias, cuentos, leyendas. Y aunque todo indicaría que pensarlo sería casi un delirio, nunca podremos estar completamente seguros de que en la Antigüedad no se veían por los cielos dragones voladores escupiendo fuego.

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