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Llegó el fin del amor

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Por Ernesto Edwards/ Filósofo y periodista @FILOROCKER

“El fin del amor”, con Lali Espósito, es una mediocre pero exitosa miniserie. Intentemos explicarlo

Argentina viene siendo generosa a la hora de rotular como filósofo o filósofa a cualquiera que se autoproclame como tal, o que le hagan una nota en algún magazine televisivo, o que logre colocar una reseña en la revista escolar de los hijos, algo que no será ni artículo científico, ni periodístico, ni nada. Pero que les puede hacer creer que son el nuevo José Pablo Feinmann, probablemente el filósofo argentino contemporáneo más destacado y prolífico, o quizás la sucesora de Esther Díaz, quien -dicho sea de paso-, a los 80 se ha declarado como una “filósofa punk” interesada en Foucault y en los discursos y prácticas sexuales contemporáneas. Seguramente desarrollar un comentario acerca de algún libro de los autores mencionados resulte más interesante que abordar un análisis de la serie “El fin del amor”, recientemente estrenada en la plataforma Prime, y que presentaba al personaje protagónico interpretado por Mariana Lali Espósito como “una filósofa feminista y rockera”. Parece demasiado. Aunque como hay muchos intereses en juego la prensa mainstream no ha parado de elogiarla.

Vayamos por partes. Que un producto televisivo basado en una novela autobiográfica de una escritora treintañera de origen judío, que se ha rebelado frente a la cultura más tradicionalista de su comunidad, renegando de la religión, de la monogamia y de rituales varios para inclinarse por una vida libre de mandatos atávicos, y que ello resulte divertido de ver, y hasta entretenido, y que el desparpajo de la actriz principal, acompañada por Vera Spinetta, Julieta Ortega y varias más a la hora de mostrar desnudeces, de sugerir promiscuidades y apertura sexual extrema y de expresarse con una terminología barrial que no es la habitual, puede hacer pensar que la propuesta es buena y efectiva, seguramente nos estaríamos desviando de un análisis más global y totalizador. 

Pensemos en el guión, las actuaciones, la dirección, y varios detalles más, y rápidamente nos daremos cuenta de que la propuesta hace agua por todos lados. Tamara Tenenbaum (verdadera identidad de la autora del texto original), tal el nombre del personaje de Lali hace de una docente universitaria de la UBA, que además es columnista en un programa de radio y tiene su propia sección semanal en gráfica. Tamara cree que confirma su rol filosófico conjugando a cada rato el verbo “interpelar”, mencionando a la reconocida pensadora feminista Judith Butler, y hablando en lenguaje “inclusivo”, y no mucho más que eso. No hay sustento conceptual en nada de lo que se anuncia, ni mucho menos claridad en lo que se propone. Pero no es lo único malo.

Después de haber visto por Netflix la incomparable miniserie “Unorthodox”, esa que mostraba a una joven judía ortodoxa huyendo de un matrimonio arreglado en New York City para recalar en Europa -intentando ocultarse-, esta versión degradada, “El fin del amor”, aburre con sus clisés, sus obviedades, sus lugares comunes, sus estereotipos, apuntando contra un patriarcado con un enfoque que atrasa y modismos impostados que no se los cree nadie. Pero no sólo se mezcla “Unorthodox”. También las geniales “Girls” y “Fleabag” aparecen en plan de “influencias” y “homenajes” no reconocidos. Sólo que en versiones lavadas y deslucidas.

Es cierto que cualquiera puede filosofar, si se lo propone, y que la Filosofía debiera estar al alcance de todos. Pero no lo es menos que el excesivo nivel de divulgación provoca que esta disciplina se convierta nada más que en una pose sin contenido ni profundidad. O sea: filosofar, reflexionar, puede hacerlo cualquiera que tenga las herramientas básicas: razonamiento, sentido común y algo de experiencia de vida. Pero también es cierto que la divulgación científica está sobrevalorada. Y entonces lo que debería servir para provocar una reflexión que oriente para la decisión se termina convirtiendo en un juego pseudo intelectual superficial y descartable. En parte de esa colección con rótulo dudoso que era “Filosofía para tontos”, y que llegó a venderse bastante en formato de libros. Por ello, por esta decisión errada a la hora de escribir el libro original, cuando muestran a Tamara Tenenbaum como una improbable profesora de Letras en la UBA, la vemos como una colección de reduccionismos y lugares comunes.

Quedó dicho que esta serie se anunciaba como la historia de “una filósofa feminista y rockera”. Y más: “Tamara en su viaje de autoexploración”, agregaban. Suficiente como para disponernos a verla, aún sin desconocer los precarios antecedentes y recursos actorales de Mariana Espósito, de quienes algunos dirán, con razón, que es una triunfadora a nivel de cantidad de seguidores, una “artista” exitosa, que a la par de actuar también canta y hasta puede ser jurado en la pésima e impresentable expresión argentina de La Voz. Pero también es cierto que otros tantos tienen la vara un poco más alta, y aspiran a ver actuaciones mínimamente consistentes y creíbles, y no a alguien que en el mejor de los casos interpreta su propio personaje.

Tampoco soslayemos que Lali Espósito tiene menos rock que Julio Sosa. Y que su militancia feminista y a favor del colectivo LGTB se fue de bruces cuando decidió irse a trabajar para este próximo Mundial de Fútbol a Qatar, un lindo país pero que claramente persigue a los homosexuales. Aunque puede ser excesivo reclamarle coherencia personal a alguien cuando de dinero se trata. Además, ni siquiera sabemos cómo canta realmente, con tanto autotune en sus grabaciones y tanto playback en sus shows, que la muestran con una voz artificial y sintética, entre tanta desprolija coreografía. No alcanza con perseguirlo a Charly García para una foto o cantarse un temita con David Lebón o Fito Páez. Y, aunque sería tema de debate, no se estuvo acercando demasiado a las características del protagónico que interpretó. Eso sí: el papel de Lali no se privó de experimentar con gran parte del arco de la diversidad sexual, con hombres, mujeres, bisexuales y travestis a la hora de tener sexo a granel cumpliendo con la trama argumental. Reconozcamos que no es poco. También deben destacarse algunos personajes secundarios, como Juana (Vera Spinetta), Ofelia (Mariana Genesio Peña) y Sarita Levy (Brenda Kreizerman), que sí lo hacen bien.

La plataforma Prime Video promociona “El fin del amor” como la serie más vista en Argentina. También que sus destinatarios naturales son los adolescentes. Probablemente sea cierto. ¿Y ello cómo se explica si el producto no es de gran calidad y la temática parece orientada al televidente adulto? Simplemente considerando que hay un público masivo que a cierta hora del día quiere desconectarse de sus problemas cotidianos y no pensar demasiado.

FICHA TÉCNICA

“El fin del amor” (Netflix, 2022)

De Érika Halvorsen y Tamara Tenenbaum

Con Lali Espósito, Andrés Gil y Vera Spinetta

Género: comedia dramática

10 capítulos de 28´- Calificación: regular

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