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Calamaro Extra Brut

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Por Ernesto Edwards / Filósofo y periodista @FILOROCKER

Con la habitual desmesura calamaresca se reeditó, en tamaño monstruo y diversos formatos, el exitoso “Honestidad Brutal”

Por estos días Andrés Calamaro (1961) se encuentra en el medio de una extensa gira, recorriendo numerosas ciudades, y con todo el éxito de público que se merece, a partir de una prolongada trayectoria creativa de más de cuatro décadas, que incluye derrapes y fracasos, pero habiendo accedido a un lugar de privilegio que ya nadie podrá quitarle. También, según cuentan, está atravesando un placentero presente sentimental. Todo eso lo tiene en estado de gracia. Y quizás algo de ello haya tenido que ver con la reciente reedición.

A Andrés Calamaro en muchas ocasiones no le preocupó repetirse con melodías simples y jingleras, y con letras poco inspiradas con su típica rima básica. Pero también es cierto que entre tantas grabaciones realizadas, tiene un respetable número de muy buenas canciones. Y quizás sea incontrastable que sus dos mejores discos, inmediatamente después de Los Rodríguez, fueron a su regreso de España “Alta Suciedad” (1997) y el álbum doble “Honestidad Brutal” (1999), editado apenas un año antes de que Calamaro desapareciera por varias temporadas, buscando una pausa que lo hiciera sentir mejor.

Nunca le faltaron los aduladores sin consistencia que regalan elogios y dicen que cada cosa que hace es brillante. Eso hizo de Calamaro alguien intolerante con la crítica adversa, acostumbrado como está a los plácemes sin sustento. También digamos que su única ocupación profesional podría ser salir de gira -como ahora-, y pasar de vez en cuando a cobrar por Sadaic. Que no debe ser poco a la luz de tanta difusión que ha tenido siempre. Pero no esperamos de Andrés algo así.

Lo cierto es que Calamaro ya nunca volverá a ser el mismo de “Alta Suciedad”, ni el de “Honestidad Brutal”, ni tampoco el que hizo el excesivo “El Salmón”. Pero, ¿a quién le importa? Si su legado es respetable y honesto. Y forma parte de ello el mencionado “Honestidad Brutal”, que ahora con seis discos, noventa y nueve canciones y seis horas de duración, bajo el título de “Honestidad Extra Brut” acaba de ser editado y subido a plataformas virtuales. En su momento el original constaba de treinta y siete canciones y duraba 2 horas con veinte minutos. Casi que triplicó lo hecho. Ahora bien: ¿hacía falta?

En 1997, Andrés Calamaro, recién editado “Alta suciedad”, le decía al autor de esta nota que dudaba de que, algún día, llegara a formar parte del Olimpo del rock que ya integraban Miguel Abuelo, Litto Nebbia, Luca Prodan, el Indio Solari, el Flaco Spinetta, León Gieco y Ricardo Soulé. Sin embargo, 25 años después vaya si lo logró. Sirvan como prueba los planos largos y la grúa de muchos de sus clips y videos, que muestran estadios entusiastas y llenos a lo largo de sus recientes giras, y tribunas enteras coreando todos sus temas.

Tras el piano, con la guitarra, o tan sólo cantando, Calamaro da satisfacción a su público presente, que sabe a qué atenerse cuando lo va a ver. Nunca cantó demasiado bien, pero ese no ha sido su principal atractivo. Ni siquiera sus elementales rimas lo han distanciado del suceso. Por el contrario, su frontalidad expresiva, incontables logradas canciones, y su carisma lo siguen colocando ganador. 

Calamaro no siempre parece preocupado por la factura final de cada registro, convencido como está de que todo lo que edite será exitoso. Y es que en cuanto a ventas tendrá razón. Nunca ha tenido ni un solo fracaso en ese sentido. Desde que abandonó tempranamente su país, luego de Los Abuelos de la Nada y un tímido primer intento solista, para instalarse en la península ibérica y fundar Los Rodríguez, codeándose con los mejores de España y convirtiéndose él mismo en una figura imprescindible con su flamenco rock, hasta su regreso triunfal con “Alta suciedad”, y todos sus ascensos y descensos, casi sin solución de continuidad, y su compulsión a publicar todo lo que se le pasaba por la cabeza, redes sociales incluidas, nunca fue perdedor en cuanto a público y seguidores fieles. Recordar, también, sus álbumes dobles, triples, quíntuples, colecciones, obras completas, recitales, etc., para configurar una discografía numerosa y dispar, teniendo, además, sus propios canales para difundir parte de su creatividad gratuitamente por internet.

Hoy día a casi nadie se le ocurriría pretender que Andrés Calamaro entone bien. Él se considera cantante, y a ellos, después de cierta trayectoria, se les toleran ciertos fraseos y desafinaciones. Además, la clave de su aprobación nunca pasó por ese lugar. Calamaro es actitud, es rebeldía, es creatividad, es seducción. Y también es provocación, entre su afición por la tauromaquia y sus posicionamientos ideológicos. Todo lo demás es accesorio.

Por ello no estará de más revisitar este incomparable registro de un ayer luminoso, artísticamente hablando, de Calamaro. Esta nueva edición está integrada por el álbum original editado y masterizado por Joe Blaney y Sterling Sound, entre New York City y Nashville, e incluye las primeras grabaciones y mezclas realizadas en mayo de 1998. Asimismo cuenta con tres CDs denominados “In y Alt”, que contienen material inédito y tomas alternativas, con la participación de figuras de nivel internacional, como Alejandro Sanz, Fito Páez, Marc Ribot. Y con destacados músicos argentinos como Pappo y Ciro Fogliatta.

Imposible no mencionar temas como “Los Aviones”, “Te Quiero Igual”, “Paloma”, “Cuando Te Conocí” y “Victoria y Soledad”. Y sus propias versiones de “Naranjo en Flor”, “Desconfío”, “Fiesta Cervezal”, “Bajan” y “Cuatro Estrofas”. Las canciones con su firma hablaban, fundamentalmente, de encuentros y desencuentros, de amores y desamores, de proximidades y distancias. Y ya es irrelevante argumentar sobre si suenan actuales o fueron presa del envejecimiento. Son clásicos de un repertorio que se celebra y se festeja.

Los que entienden de vinos te explican que un champagne Extra Brut contiene hasta 6 gramos de azúcar, y que la misma es natural y forma parte de la propia uva. Y que además su contenido es tan bajo que bien podría pasar, y confundírselo, por un vino seco, de calidad. Quizás todo ello haya querido decir Andrés Calamaro con “Honestidad Extra Brut”, un álbum de colección que no es sólo para fanáticos.

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