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Dylan y la Filosofía de la Canción Moderna

Tenés que leer..

Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

Acaba de editarse “La Filosofía de la Canción Moderna”, el nuevo libro del Premio Nobel de Literatura Bob Dylan

Ya con seis décadas de trayectoria y poco más de 80 años de edad Bob Dylan retoma el rumbo del texto tradicional con formato de libro, tras un paréntesis de varias temporadas, luego de haber publicado, en 2004, “Crónicas. Volumen 1”. Porque, aunque parezca innecesario recordarlo, Dylan no sólo es el legendario cantautor de protesta que atravesó géneros diversos a lo largo de seis décadas en el amplio universo del rock. Dylan también es escritor. Uno de los pocos elegidos para ser distinguido y reconocido con los máximos galardones literarios de nivel internacional, como el Príncipe de Asturias (2007) y el Premio Nobel (2016).

”La Filosofía de la canción moderna” se presenta con sus tapas duras, edición de lujo, papel ilustración y numerosas imágenes exclusivas. Bob Dylan no merece menos. Y ello cuando ya nuestra biblioteca comenzaba a despoblarse, víctima del libro digital, del audiolibro, del PDF y de otros formatos y soportes. Sin embargo, se editó este volumen y hacia allí salimos apresuradamente a adquirirlo.

Escrito a lo largo de doce años, “Filosofía…” es un gran ensayo que compila más de sesenta mini-ensayos. Y para ello no repara en géneros cuando debe seleccionar una canción, siempre que la misma haya sido popular. Es como si Dylan hubiera tomado su playlist personal y la estuviera exponiendo, sintiendo la necesidad de explicar por qué la eligió en algún momento de su vida. Y vaya un tip imprescindible a la hora de leer cada capítulo: buscar la canción en tu plataforma digital preferida hará del placer de la lectura una experiencia sensorial más intensa.

Fue justamente sobre Dylan que en alguna oportunidad, en esta Columna de Opinión, se han analizado no ya una obra, no ya un disco, no ya una trayectoria, sino una canción. Una sola. Porque esa es la atención que demanda este autor. Pero a nadie se le había ocurrido este libro. O quizás sí, pero con resultados bochornosos.

Alguna vez hemos presentado libros. Este artículo no es una actividad muy diferente. Porque más que una crítica es eso, una presentación. De un libro que es un manual de cómo se escribe, precisamente, una crítica. Y Dylan no ahorrará esfuerzos ni recursos para relacionar canción con contexto, y vincular letras con películas. Su universo cultural es tan vasto que es casi imposible abarcarlo, inclusive en este placentero recorrido de este estreno editorial.

La decisión acerca de su título fue la manera sutil de Dylan de proclamarse filósofo. Un pensador distante y para nada modesto. Casi soberbio. Pero que desde esas alturas sigue orientando. Sigue guiándonos, indicando un camino. Porque él, autor de su propia leyenda, es de esos que, con facilidad, ven más cosas que nosotros a la hora de interpretar un objeto cultural. Y a los 81 está tan descarnado que no se guarda nada.

Dylan no habla de Filosofía. Apenas conceptualiza y define muy poco. No recurre a un clásico ni cita a algún contemporáneo. O sí. Porque desfilan el gran Domenico Modugno, el maestro Pete Townsend, los genios incomprendidos de The Clash. Melódico italiano, brutal rock inglés, punk punzante, y también heavy metal. Todo vale a la hora de abordar un texto que propicie la reflexión. Eso sí: hace el esfuerzo de explicarnos el secreto de su arte: “El trabajo de escribir canciones, como todos los demás tipos de escritura, se basa en buena medida en la edición: reducir los pensamientos a su esencia”.

El índice del libro sorprende. Ni siquiera sigue una cronología musical. Ya se dijo que no discrimina géneros. Pero vayamos tan sólo a lo que suponíamos era la única especialidad del viejo Bob (gran error de algunos): el rock. Así veremos que se apuntan “Pump It Up” (de Elvis Costello), “Tutti Frutti” (el hit de Little Richard), “Money Honey” (popularizada por Elvis Presley), “My Generation” (de The Who), “London Calling” (de The Clash), “Blue Suede Shoes” (de Carl Perkins), “Long Tall Sally” (otra vez Little Richard) y “Black Magic Woman” (de Carlos Santana). Pero quizás pensemos que falten algunos. ¿Cómo no dice nada de The Beatles y los Rolling? ¿Por qué aparecen sólo cuatro mujeres? ¿Cómo es que casi todas las canciones son del siglo pasado y de autores norteamericanos? Ninguna de estas preguntas parecen inquietarle ni un poco a Bob Dylan.

Aunque unos cuantos lo supiéramos, es todo un hallazgo la referencia de Dylan a que “Tutti Frutti” fue, quizás, el primer himno gay que dio el rock. Y de cómo la mayoría prefería no entender de qué se estaba hablando, en 1955, cuando un cantante negro y homosexual se atrevía a componer una canción que sería reproducida hasta el infinito. Como escribe Dylan: “Little Richard era cualquier cosa menos pequeño. Nos cuenta que algo está pasando. El mundo se desmorona. Es un predicador. ´Tutti Frutti´ hace sonar la alarma”.

También se dará tiempo para advertir del riesgo artístico y la trampa que conlleva una rima fácil, y también para explicar cómo una sílaba de más o de menos puede arruinar una canción. Poeta al fin, aunque reniegue de la métrica, sin embargo también sabe qué es lo que espera un gozador virtual de su arte. Y que a veces no conviene defraudarlo, aunque su tendencia natural haya sido siempre la de transgredir y sorprender. Pero, si prestamos atención, si leemos más allá, finalmente Dylan deja ver que de lo que habla en su libro no es de otra cosa que de la naturaleza humana.

Y cuando ensaya sobre “My Generation” -el hit de The Who-, cansado Dylan de tanta confusión sobre lo que es una generación, nos explica que es “el período de tiempo en que la franja estadísticamente más amplia de población nacida en un lapso de treinta años maneja el zeitgeist”. Y que los primeros rockers fueron de esa generación en que eran demasiado jóvenes para combatir a los nazis y demasiado viejos para Woodstock.

Vaya como cierre de este comentario la referencia al capítulo 32, donde focaliza en “Volare (Nel Blu, Dipinto Di Blu)”, la canción que nos acompaña desde nuestras infancias, interpretada por el inolvidable e insuperable Domenico Modugno. Escribe Dylan sobre ella: “Puede que esta sea una de las primeras canciones psicodélicas, anticipándose al ´White Rabbit´ de Jefferson Airplane en al menos diez años. Jamás oirás ni sentirás una melodía más pegadiza. La oyes incluso si no la oyes. Es una canción que se filtra en el aire. Una canción para tocar en bodas, bar mitzvás y, quizás, funerales. Aparentemente habla de un hombre que quiere pintarse de azul y echarse a volar… ´Volare´ la cantaba originalmente un cantante llamado Domenico Modugno. Ya el mero sonido de su nombre suena como una canción. Es una canción que impacta en todo momento, día o noche. Es siempre lo mismo. Te ves siempre volando más allá, por encima del sol”. Sí, Modugno estaría complacido.

Vayamos sintetizando. Se requiere contundencia. Con “La Filosofía…” no se leía algo de esta magnitud desde Umberto Eco o Gilles Deleuze. A esas alturas se eleva Dylan. Tanto que ni siquiera se preocupa por explicar el objetivo del libro.

Finalmente, es honesto reconocer que para quienes le dedicamos una vida al análisis filosófico de discos y canciones descubrir que hay alguien que lo hace mucho mejor que uno, es un tanto desconcertante. Y que lo haga con estilo, con gracia, con profundidad, con elegancia, con ácido humor, con ingenio e ironía, es aún más desalentador. Porque ello nos enfrenta con la realidad de que hay alguien que sabe más que nosotros. Se llama Bob Dylan. El más grande de todos.

FICHA TÉCNICA

“La Filosofía de la canción moderna” (Anagrama, 2022)

De Bob Dylan – 352 páginas – 66 capítulos

Género: ensayo – calificación: excelente

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