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Serrat y el rock

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Por Ernesto Edwards /Filósofo y periodista @FILOROCKER

Tras casi seis décadas Joan Manoel Serrat se retiró de los escenarios. Una vida comprometida con el arte y el pensamiento

Alguna vez, en declaraciones periodísticas, el compositor y cantante catalán Joan Manoel Serrat (Barcelona, 27/12/1943), el Nano de Poble-sec, no dudó en afirmar que poco o nada lo hacía sentir próximo al género del rock. Sin embargo, sus letras, de tan de denuncia que fueron en su primer período como compositor -que coincidiera con la represión cultural (y de todo tipo) del franquismo en España-, bien podría decirse que tuvo una época de cantautor de protesta, no demasiado diferente a lo que fueron en parte de su carrera Bob Dylan o Bruce Springsteen. O el argentino Miguel Cantilo.

Alguna vez explicó que su proceso creativo no culminaba con facilidad en resultados exitosos como sus más conocidas canciones, como consecuencia de un rapto de inspiración sino que como fruto del trabajo de reescritura y numerosas correcciones. Manera de simbolizar su rol como artista. De dedicación, de atención, de insistencia. Para de ese modo traducir las inquietudes populares, fuesen las del sentimiento como así las del campo de la producción intelectual, esas que instaban a rebelarse y resistir.

Fue difusor de grandes poetas de habla hispana, al musicalizar, grabar y así popularizar las respectivas obras de Antonio Machado y Miguel Hernández, con sendos discos que hoy son parte de su legado artístico. También han pasado por sus letras, a veces en forma de influencia, autores como Mario Benedetti, Rafael Alberti, León Felipe y Federico García Lorca. Lo mismo hizo con géneros musicales diferentes, como el cancionero catalán (grabando incluso numerosos álbumes en su idioma, como otra forma de confrontar explícitamente con el régimen de Francisco Franco), el tango, el bolero y el folclore latinoamericano, que propició que versionara autores como Víctor Jara y Violeta Parra. Pero, el rock, por entonces en su obra y sus registros, bien, gracias.

De padre obrero y anarquista, criado en un barrio humilde de Barcelona, ese mismo lugar marcó sus orígenes creativos, exponiendo la vida cotidiana de los catalanes post Guerra Civil y retratando aquellos personajes que dejaron rastros indelebles en su memoria de artista, que se iría forjando a la par de su colegio secundario industrial en Tarragona, mientras se iba iniciando en la guitarra, cuando escribía sus primeros títulos musicales, que culminarían con su debut escénico en Llobregat, mientras emprendía su joven militancia contra la dictadura, fijando posición a favor de sostener el catalán como su lengua de expresión.

Luego de consagrar este modalidad interpretativa decidió ampliar su herramienta comunicacional buscando llegar a más usuarios de su arte, y de ese modo el español aparecería como idioma principal en sus discos, como en “La Paloma”, de 1969, aunque sin abandonar el catalán, que seguía en sus discos singles, en una seguidilla que luego sería compilada en “Com Ho Fa El Vent”. Su creciente popularidad lo llevó a protagonizar varios largometrajes (mediocremente, por cierto), lo que provocó que fuera acusado por parte de sus seguidores de traicionar la causa independentista catalana. Sin embargo, nada más alejado de sus intenciones, como quedó demostrado al renunciar a representar a España en el prestigioso festival de Eurovisión porque lo obligaban a cantar en español. 

Este hecho no lo detuvo en su evolución, porque un año después, se impuso con “Penélope” en el Festival de Río de Janeiro, dando pie a que su nombre, y su voz, comenzaran a hacerlo conocido en América Latina, especialmente en Argentina, como así también en Uruguay y Chile. Ese período coincidiría con la prohibición oficial para ser difundido, de todas las maneras, en España. Poco tiempo después, sus discos nuevos, que incluían letras que molestaban a la dictadura española, serían censurados en sus ediciones peninsulares. Censura que no sólo apuntaba a sus expresiones ideológicas y filosóficas, sino hacia todo aquello que “atentara” contra la moral de esos tiempos, como sucedió con la canción “Conejito de Terciopelo”, que describía el vínculo sexual de un trío. 

Pero como reacción a tanta contrariedad, en 1970 se une a un grupo de artistas e intelectuales para protestar contra la pena de muerte. En esa especie de retiro personal se cuenta que compuso “Mediterráneo”, canción clave en su carrera y que sería el sostén de su disco más exitoso, editado en 1971, con una tracklist incomparable, que todavía tenía que pelear contra la censura personal que padecía, algo que recién terminaría en 1974, tras la muerte de Francisco Franco, pero que provocó que durante un año viviera exiliado en México, y que fuera prohibido también en Chile, ya sometida por el dictador Augusto Pinochet. Poco faltaba, también, para que Adolfo Suárez promulgara en España una ley de amnistía que le permitiría reintegrarse a la vida artística plena y participar políticamente con el PSOE.

Todo lo que sobrevendría después es bastante conocido por las generaciones más recientes, toda vez que sus últimos 40 años se caracterizarían por sucesivos nuevos álbumes que sin embargo no incluían canciones que se convertirían rápidamente en clásicos indiscutibles, y por prolongadas giras que servirían para comprobar su vigencia y demostrar que su repertorio era inoxidable. Pero sin abandonar sus rebeldías personales, al editar en 1992 “Utopía”, luego de hacer lo propio en 1985 con “El Sur también existe”.

Pero aun así seguía dando vueltas su afirmación de sentir que no tenía mucho o nada que ver con el rock como género musical. No obstante ello, en el citado “Utopía”, aludirá directamente al tema grabando “Cuando Duerme el Rock and Roll”, para confesar algo, aunque para nada suene como un rockito, sino como un reconocimiento: “A ciertas horas de la noche le pesa la estrella de sheriff que le cuelga del corazón. Se deja caer en la cama, se saca las botas y se afloja dos puntos el cinturón, y se duerme el rock and roll.  …Pero cuando duerme el rock and roll, otros le hablan al silencio”. Y todo dicho.

No pasa desapercibido que por motivos que no siempre son necesarios aclarar el universo cultural del rock adopta como propios autores e intérpretes que en primera instancia parecerían que poco o nada tenían que ver con su mundo musical y filosófico. Algunos de los más notorios podrían ser los casos de Sandro en Argentina y de Frank Sinatra, de quien el mismísimo Bob Dylan se encargara de grabar un disco completo con parte del conocido repertorio de La Voz. Joan Manoel Serrat también ha sabido recibir ese tipo de reconocimiento, en diversas expresiones. Cantando con algunos de los más representativos, como Miguel Ríos e, incluso, Joaquín Sabina, a quien en esta Columna incluimos decididamente en el index rockero, junto a quien ha emprendido varias giras con sus consecuentes grabaciones. Recordemos “Dos Pájaros de un Tiro” (2008), “La Orquesta del Titanic” (2012) y “Serrat y Sabina en el Luna Park”, del mismo año. Juntos hicieron “La del Pirata Cojo”, todo un rock and roll. Asimismo, “Maldito Blues” y la siempre celebrada por los rockers “Eclipse de Mar”.

Pero el reconocimiento también vino de la mano de haber sido versionado por algunos incuestionables representantes del rock. Algo que ocurriera con el disco “Hijos del Mediterráneo” (2019), en el que se destaca la sentida versión de “Lucía” por parte de Andrés Calamaro: “Vuela esta canción para tí, Lucía. La más bella historia de amor que tuve y tendré. Es una carta de amor que se lleva el viento. Pintado en mi voz, a ninguna parte, a ningún buzón. No hay nada más bello que lo que nunca he tenido. Nada más amado que lo que perdí. Perdóname si hoy busco en la arena una luna llena que arañaba el mar. Si alguna vez fui un ave de paso lo olvidé para anidar hay en tus brazos. Si alguna vez fui bello y fui bueno fue enredado en tu cuello y tus senos. Si alguna vez fui sabio en amores lo aprendí de tus labios cantores. Si alguna vez amé, si algún día después de amar, amé. Fue por tu amor, Lucía, Lucía… Tus recuerdos son cada día más dulces. El olvido sólo se llevó la mitad. Y tu sombra aún se acuesta en mi cama, con la oscuridad, entre mi almohada y mi soledad…”

En el mismo registro aparece “Mediterráneo”, por Jorge Drexler. Y la profunda y doliente “Pueblo Blanco” por DePedro. Por afuera de “Hijos del Mediterráneo” corresponde citar a Ricardo Mollo, que  interpretó “Señora”. También a Fabiana Cantilo acompañándolo en el Gran Rex, en 2015. Y Ciro haciendo con él “Esos locos Bajitos”. Y con León Gieco y Víctor Heredia, tiempo atrás, en 2004. No faltó tampoco Presuntos Implicados. Y, hace muchos años, cuando Diego Torres jugaba a ser rockero hizo una recordada versión de “Penélope”.

El pasado 14 de diciembre, con casi 79, Joan Manoel Serrat se despidió, en Madrid, de los escenarios. Pero asegura que no se retiró ni de la vida ni del arte. Menos mal. El mundo necesita de esta gente.

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