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Marea y el tiempo

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

Marea editó “Los Potros del Tiempo”, nuevo paso adelante de la banda ibérica

Un digno anarquista del rock, el poeta y frontman Kutxi Romero (Juan Carlos Romero, Berriozar -Navarra-, 1975), liderando Marea, desde hace años y unos cuantos discos se viene luciendo con sus elaborados textos de poeta consumado, con sus letras de amores urbanos y de utopías revolucionarias. Para contarnos, por ejemplo, eso de estar «Como el viento de Poniente» y cómo se pasa la noche con la explícita “En tu Agujero”. Pero lo hace también con su voz quebrada y ronca, de tinte doliente, bien de cante jondo. Y con su imponente figura que eclipsa todo lo demás que pueda estar sobre el mismo escenario, porque, está claro, Marea es una banda con más integrantes (Ayerdi, Ramallo, El Piñas y Kolibrí), y que cada uno hace lo suyo muy bien, con oficio y experiencia. Pero sin Kutxi nada sería igual. Seguramente sus numerosos fanáticos argumentarían que Marea es un todo, y que sus guitarras son imprescindibles y que marcan su identificable sonido. Y también sería cierto. Pero el análisis de esta nota apunta al contenido filosófico del nuevo disco recientemente alumbrado: “Los Potros del Tiempo”.

En el rock ibérico, si bien no es el único en esa dirección, la máxima expresión gramsciana la escribió Romero, esa que ya anticipábamos y que siempre conviene recordar: «De niño no me gustaban los libros ni las sotanas, ni salir en procesión. En vez de mirar pal cielo me puse a medir el suelo que me tocaba de andar, y nunca seguí al rebaño, porque ni el pastor ni el amo eran gente de fiar. Como aquel que calla, otorga, y aunque la ignorancia es sorda, pude levantar la voz, más fuerte que los ladridos de los perros consentidos y que la voz del pastor. Siempre fui esa oveja negra que supo esquivar las piedras que le tiraban a dar, y entre más pasan los años más me aparto del rebaño porque no sé adónde va».

Es cierto que Marea, no obstante su edad aún no avanzada, ya tiene un cuarto de siglo de carrera, y con el presente, ya son diez los discos que acreditan. Y las temáticas han sido diversas, aún con las mismas preocupaciones en cada álbum. Sin embargo, la post adolescencia y la primera juventud no provocan, en general, la inquietud acerca del paso del tiempo y de la finitud, cuestiones plenamente filosóficas, de neto tinte existencialista. Existenciario clave, si los hay. Tengamos en cuenta que pasaron tres años desde el anterior álbum, “El Azogue”, del que ya dimos cuenta en esta misma Columna, para el que hubo que esperar ocho temporadas, desde que en 2011 se conoció “En mi Hambre Mando Yo”. En el medio, el debut solista de Kutxi, en 2016, con el acústico, notable y con poca suerte en cuanto a trascendencia general, que fuera “No Soy de Nadie”. A nuestra disposición tenemos “Los Potros del Tiempo”, y la propuesta a reflexionar sobre la herida temporal quedó planteada.

Una tracklist de once canciones alcanzó para todo el desarrollo del concepto del disco. Veamos una por una. Arranca de modo contundente con “Otra Cicatriz”, para hablar de su oficio, y de quien lo mueve: “Y puede que tenga que planchar la muda de poeta que me dejó el azar. Si vienes, se aleja el temporal, desfilan los cometas. Vuelvo a descoser la cicatriz que de par en par cerró el olvido. Vuelvo y volveré siempre por ti mientras brote sangre del ombligo”.

Sigue “Buena Muerte”, y un noble desiderátum: “¡Suerte! Que tengas buena muerte. Que bostezando sea. Que muera por dolerte. ¡Suerte! Cuando se desarme el sol te hablará del desamor, y no habrá dónde esconderse. Azul. No veo nada azul rebuscando en la huesera. Pero prenderé una hoguera con madera de ataúd por si vinieras tú y no morir quisieras… Seguiré tu estela. No me importa adónde irás. No me importa lo demás”.

Continúa “Se Acaba el Baile”. Y es toda una metáfora. Y un claro anuncio. “Me aterra que se alargue la sombra alargada. Me abismo en los pasos que están por venir, y en su vagido infeliz… Si los despojos del invierno se alejan de la vida por vivir no me encharcará los ojos este baile de caballos. Y los cuervos me dirán que la danza se acabó. Y me dejaré llevar”.

La cuarta canción es “Nuestra Fosa”, y su título anuncia todo. “…Y en cuanto el cuento acabe no habrá vuelta de llave y otro demente creerá frente a la nada, con las alas tatuadas, que nada es como acaba, y volverá a empezar. Se fue la luz, y entonces lo vi todo, brillando desde el lodo. Y te ofrecí mi canto de avestruz”.

Y llega “Más Me Duele a Mí”. Y una confesión, y un necesario relato: “Pero la noche devoró las velas. Se empachó de cera y, antes de marchar, en el suelo me dejó monedas, el calostro de los bares y un piropo de ramera. Los aguadores se fueron despidiendo. ¿Ahora quién me silbará cuando me salgan al encuentro para hacerme tropezar los corceles del recuerdo?”

Promedia el disco “Lo Habido”. Y entre referencias bíblicas desfilan el nihilismo y el sinsentido. “No se abrirán las aguas ni arderá el zarzal. Si acaso, las nubes clamarán que ya hay bastante mierda en este muladar. Me mirarán mohínas y querrán bajar a joderme septiembre, pero jamás podrán. No habrá resurrección ni bodas de Canaá. Quizá desconsuelo. Ni en la orilla dejaré semillas ni estatuas de sal. Ni madrugada en celo a la que cortejar. Ni un aliento de menos, ni tela que cortar…”

El track 7 lo titula “Esta Puta Soledad”, y nos cuenta el destino que le espera: “Sé que sólo quedará esta puta soledad, de tragos tristes en vasos heridos, de lo que me diste, de lo que no volverá… Esta puta soledad. Me carcajeo, sentado en los raíles bebiéndome la tempestad. Haciendo sonar los clarines, sabiendo que no escampará. Y me pondré al sótano, deshojando el rato que me ha de quedar cuando el camino se me olvide”. Sí, el tiempo, los años, la inevitable vejez y la inexorable decrepitud.

El puesto ocho se lo queda “Ceniciento”, parafraseando a nuestro rioplatense y tanguero Morocho del Abasto cuando anuncia cuál es su lugar en el mundo: “Y las nieves de ayer platearon mis sienes igual que a Gardel, y este hielo que contigo no sabe qué hacer, si fundirse o volverse a romper… Y me he sentado a la mesa de aquellos que besan por última vez, regalando pavesas que incendian la piel. Muriendo de sed. Que han robado a la luna su manta y su cuna por verme crecer sin prisa ninguna”.

El noveno capítulo es “La Grillera”, y dice lo que espera: “Un ancla rota será lo que me lleve de vuelta a casa tras naufragar. Que digan las gaviotas: -´¡Qué bien que hueles a libertad! ¡Quédate a volar! Verás arder las naves, y tus pesares verás pasar en pos de otro lugar en donde enamorarse de otros cantares”.

La anteúltima es “El Más Sucio de los Nombres”, y un mensaje que está direccionado: “De sietes y puntadas, del humo sanador. De lo que en tí empezaba, de lo que en mí murió. De polvo en las aldabas, de lava en el colchón… Y me quedé contigo.

Cierra esta galería “Te Voy a Decir la Verdad”. Que es la búsqueda de todo pensador. Y es el momento de la última confesión: “Mi cabeza es el balcón de un lupanar. Una tromba de licor, un cigarral. Un bronco ladrido. Una almena que se desmorona. La corola que se empieza a desgastar. Un monstruo vencido”. Y es el postrer momento de la rendición.

El gran Umberto Eco, en “Cementerio de Praga” se preguntaba: “(¿y no dijo alguien que el filósofo es aquel que, en el Café Concert, no mira el escenario sino el patio de butacas?)”. Es decir a aquellos cuyas palabras, cuyos gestos, cuyos símbolos, deberán decodificar el mensaje, que en el plano del arte que ejerce Marea, se ofrece entre rock y poesía. Entre Filosofía y Letras. Y en un gran disco, claro. Sí, Marea lo hizo de nuevo.

FICHA TÉCNICA

“Los Potros del Tiempo”

Marea, 2022

Género: Hard Rock

11 Tracks – Duración: 46´

Calificación: muy bueno

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