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Shakira, el arte y el odio

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Por Ernesto Edwrads/ Filósofo y periodista /@FILOROCKER

Abriendo un debate Shakira sacudió al mundo con canción nueva impulsada por el odio y una necesidad de venganza

Recién pasaron siete días y en ese lapso la exitosa compositora y cantante Shakira estuvo en boca de todo el mundo por la ¡tercera! canción que le dedica a su ex Gerard Piqué tras la sonada ruptura de ambos, luego de poco más de una década juntos y dos hijos  en común.

Pero… ¿por qué recién con la composición número tres llamó la atención de propios y extraños? Recordemos que en abril pasado, junto a Rauw Alejandro editó la irónica “Te Felicito”, en la que ya se había dado cuenta de que la joven con quien Piqué le era infiel le estaba comiendo la mermelada, y decía “No me cuentes más historias, no quiero saber cómo es que he sido tan ciega y no he podido ver. Te deberían dar un Oscar, lo has hecho tan bien”. Mostraba decepción y tristeza. No tenía, entonces, por qué molestar a nadie.

Meses después, en octubre y junto a Ozuna estrenaba la insulsa “Monotonía”, para confesar “No fue culpa tuya, ni tampoco mía, fue culpa de la monotonía. Nunca dije nada, pero me dolía. Yo sabía que esto pasaría”. Y mientras la cantaba, en el clip le rodaba un lagrimón. Shakira Mebarak se había puesto melancólica. Y eso tampoco molesta. Ni le importa a nadie. Además de que era una floja canción, indigna de su discografía.

Pero el 12 de este mes, tras una efectiva campaña previa de difusión, producida por Bizarrap, conocimos “Shakira: Bzrp Music Sessions, Vol. 53”, definitivamente conocida como “Pa´ tipos como tú”, y se desató el escándalo. Porque ahora la famosa colombiana estaba notoriamente enojada. Con una letra inesperadamente agresiva, atacaba explícitamente a su ahora enemigo Piqué, apuntando ya no a sutiles metáforas sino a apelaciones directas, desafiantes, hirientes y burlonas, con el objetivo de ser una especie de escrache con pelotón de fusilamiento. De más está lo que todos saben: récords de escuchas y de views en todas las plataformas virtuales, con más de 50 millones en Youtube en las primeras 24 horas. Un éxito global. Se escuchaba por todos lados. Y ahí sí se armó el debate.

Muchos se apuraron y entre Google, Wikipedia, Spotify y un mal uso de algoritmos de IA, sacaron a relucir incompletos listados de canciones hechas por mujeres inspiradas en el odio y el despecho femenino, que dicen quienes lo padecieron que suele ser terrible. Y en ese listado desfilaron “You Oughta Know» de Alanis Morissette, escrita sobre una relación fallida y con un lenguaje callejero. “I Will Survive» de Gloria Gaynor, que habla sobre superar una relación tóxica y se ha convertido en un himno feminista. “Everybody Hurts» de R.E.M, que trata sobre la soledad y el dolor. “I hate myself for loving you» de Joan Jett and the Blackhearts, que como su nombre indica es una canción de despecho. «I Will Always Love You» de Whitney Houston, que aborda la tristeza y el dolor después de una ruptura amorosa. “Someone Like You» de Adele, que apunta al dolor y la tristeza tras un quiebre sentimental. “What’s Going On» de Marvin Gaye, que denuncia violencia,discriminación y opresión. «What’s Up» de 4 Non Blondes, que habla sobre la soledad y la desesperación. Y «You’re So Vain» de Carly Simon, escrita sobre una vínculo roto y una persona arrogante.

Si nos quedáramos sólo con los datos precedentes nos privaríamos de lo mejor que se haya compuesto desde el odio, el dolor y el despecho, y que, en general, tuvieron el mismo objetivo de Shakira (a la par de buscar facturar). Faltaron “How Do You Sleep?”, de John Lennon, cuando ya se peleaba con Paul McCartney con inteligentes canciones. La descarnada “Death on two legs”, de Freddie Mercury, que aunque no mencionaba destinatario tuvo un mal paso judicial. La chilena Mon Laferte con la doliente “Tu Falta de querer”, llorando por quien le mintió y la dejó. Amy Winehouse con “Back To Black”, para exponerse con “Sólo dijimos adiós con palabras. Morí cien veces y vuelves con ella”. También, un día después que Shakira, con más vuelo y altura, Miley Cyrus estrenó “Flowers”, una canción de superación y amor propio tras su divorcio de Liam Hemsworth, de la que nadie se quejó.

Mucho antes, en 1975, Joan Báez publicaba “Diamonds And Rust”, en el que aludía claramente a su ex, el mismísimo Bob Dylan, para espetarle, diez años después de la ruptura sus quejas por tanta toxicidad: “Ambos sabemos lo que los recuerdos pueden traer: diamantes y óxido… Mi poesía era pésima, dijiste… Vos, que sos tan bueno con las palabras, y en mantener las cosas vagas. Porque necesito algo de esa vaguedad ahora. Todo se ha vuelto demasiado claro”. El tema en cuestión dejaba muy malparado a Dylan. Pero, claro, siempre fue un artista respetado pero muy poco querido, así que la canción, de exquisita factura, sin embargo no trascendió demasiado, para terminar olvidada.

Y llegamos a “Shakira: Bzrp Music Sessions, Vol. 53”, y en nuestro país ya no podíamos ser indiferentes y terminamos opinando todos. En contra, Pablo Avelluto, con un pésimo artículo. Iván Noble, desde Twitter y recomendando escuchar a ¡Bob Dylan!, y hasta Eduardo Martín, arzobispo de Rosario, que reconoció no haber escuchado la canción pero que igual le parecía “de cuarta”. A favor, todo el colectivo “feminista” argentino, reivindicando la figura de Shakira como la de aquella justiciera que las representa a todas. En el medio quedamos los que pretendemos hacer algunas reflexiones sobre el tema.

Y estas preguntas. ¿Lo de Shakira es arte? ¿Qué entendemos por arte? ¿Qué sería del arte sin el odio y la sed de venganza en la motivación que provoca que alguien se inspire, y movido por esa emoción, culmine componiendo una obra artística incomparable? ¿Se vinculan, en algún punto, Arte y Belleza con Moral? Y yendo al punto: ¿cómo evaluamos la canción que estrenó Shakira?

Probablemente sepamos qué pensaban Aristóteles, Ulpiano y Rawls sobre la justicia. Pero el filósofo escocés Adam Smith, en “Teoría de los sentimientos morales”, advertía que la venganza es un sentimiento moral de indignación ante una injusticia. Y que el resentimiento cumple un papel principal en su teoría del castigo, pues permite retribuir, disuadir y rehabilitar al victimario. Dicho esto, en esta nota, a partir de cómo se ha insistido con que la canción de Shakira es puro despecho, como si ello fuera una categoría deshonrosa. Sin embargo, si prestamos atención, más allá de que esta canción no debería considerarse entre las mejores de su repertorio, busca sangre, busca herir y vengarse de su destinatario. Y facturar, como lo ha reconocido su autora.

¿Qué sería, sin esta sed de venganza, de historias como la de Ben Hur, la del Conde de Montecristo (y su versión televisiva “Revenge”), y tantas más, en las que el odio fue la emoción que mantuvo vivos a esos personajes con los que naturalmente empatizábamos en nuestras lecturas más tempranas? ¿Cómo que está mal crear desde el odio? ¿Cómo que no se debe hacer catarsis? ¿O acaso no hemos explicado alguna vez lo que proponía Enrique Pichón Rivière acerca del poder sanador del arte, y de cómo puede salvarnos de la locura?

Ahora bien: ¿era la mejor idea componer, grabar e híper difundir esta canción si lo que Shakira buscaba era algún tipo de reparación? ¿Pensó en las consecuencias fácticas que ello provocaría en sus dos pequeños hijos? Seguramente cualquiera de nosotros, en una situación similar, preferiríamos intentar resolver el conflicto con la discreción de una reunión privada que buscara acercar a las partes. ¿Pero se le puede pedir eso a aquellos artistas que dedicaron su vida a exponerse y exhibirse, y ello les ha dado popularidad y un arrollador éxito económico a partir de la voracidad voyeurista del público? ¿Hay algún límite que nos imponga la Ética?

El patriarcado saltó ofendido. Los tradicionalistas mostraron preocupación. Los seguidores de Shakira, aprobación. Y los que no encajamos en ninguna categoría, algún desconcierto. Y un poco de envidia, claro. Somos los de esa clase que con ninguna actividad propia nos alcanzará para una Ferrari. Ni para grabar con Bizarrap, si es que eso fuera deseable y bueno.


Finalmente, una reflexión personal. No me gusta esta Shakira. No me gusta desde hace poco más de veinte años, aún con su innegable talento creativo, su seducción escénica y su ocasional vena rockera. Pero entiendo que no soy el más indicado para validar, sin margen de apelaciones, cuáles son las emociones correctas a la hora de componer, de crear, de hacer arte. Esta nota no fue escrita con la intención de bajar línea sino con la de propiciar un debate. Y sin la hartante necesidad de reproducir la letra de esta canción, como ya hicieron todos.

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