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Se cumplen 25 años del suicidio de Alfredo Yabrán: cómo fueron las últimas horas del empresario

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“No abran esa puerta: adentro está don Alfredo y se va a pegar un tiro si la abren”, les dijo Leonardo Aristimuño a los policías que habían ingresado a la habitación y estaban listos para meterse en el baño, donde estaba Alfredo Yabrán, quien no les dio tiempo: gatilló la escopeta Baikal 12/70 cuyo doble caño se encontraba dentro de su boca.

Fue el miércoles 20 de mayo de 1998, en una estancia de la localidad entrerriana de San Antonio. El estruendo alteró la paz del pequeño poblado de poco más de 1000 habitantes que se convertía repentinamente en noticia nacional por el suicidio de Alfredo Yabrán, el empresario postal que estaba prófugo y sobre el que pesaba una orden de captura acusado de ser el autor intelectual del crimen del reportero gráfico, José Luis Cabezas.

Se cumplen 25 años del suicidio del empresario cuyas últimas horas fueron prácticamente en soledad y en la clandestinidad. El peso de la opinión pública lo tenía apuntado como el responsable del asesinato del fotógrafo de la revista Noticias en la ciudad de Pinamar el 25 de enero de 1997, pero este hombre, símbolo del poder en los años 90, asumió que tenía los días contados el 15 de mayode1998, cuando José Luis Macchi, juez que tenía a su cargo el caso Cabezas, libró la orden de detención.

Se cumplen 25 años del suicidio de Alfredo Yabrán: sus horas finales

Nacido en Entre Ríos, en la ciudad de Larroque el 1° de noviembre de 1944, Yabrán comenzó a definir su poder económico a fines de los años 70, cuando se convirtió en uno de los principales accionistas de la empresa de correos privada Ocasa.

Sin embargo, toda su construcción empresarial fue desarrollada en el más absoluto bajo perfil hasta que en 1995 otro de los símbolos político-económicos de la década del 90, el entonces Ministro de Economía, Domingo Cavallo, sugirió que era un mafioso con fuertes nexos políticos y judiciales.

Yabrán se movía por la calle como quería no sólo porque manejaba sus negocios desde las sombras sino porque prácticamente era un anónimo: la prensa no tenía ninguna foto suya. Hasta que en el verano siguiente, en 1996, José Luis Cabezas lo vio caminando en la playa y lo fotografió sin que Yabrán lo advirtiera: su imagen fue tapa de Noticias. Al año siguiente, trabajando para la revista mientras cubría la temporada en Pinamar, el fotógrafo fue asesinado.

Yabrán quedó públicamente señalado como responsable y, además del periodismo, fue investigado por este crimen por la Justicia. Pese a sus grandes conexiones, comenzó a estar cada vez más acorralado hasta que la declaración ante el juez de Silvia Belawsky, esposa del excomisario de la Bonaerense Gustavo Prellezo, vinculó al empresario con la muerte de Cabezas: la mujer aseguró que Yabrán le pidió a su marido que matara al hombre que lo había fotografiado en la playa.

La foto de Alfredo Yabrán y su esposa en la playa de Pinamar que sacó José Luis Cabezas y que provocó la furia del empresario. Un año después, mandó a matar al reportero gráfico de la revista Noticias. FOTO: José Luis Cabezas
La foto de Alfredo Yabrán y su esposa en la playa de Pinamar que sacó José Luis Cabezas y que provocó la furia del empresario. Un año después, mandó a matar al reportero gráfico de la revista Noticias. FOTO: José Luis CabezasPor: DYN

Luego de que el juez Macchi ordenara su captura, todo se precipitó para Yabrán, quien al momento de su suicidio solo estaba en compañía de su esposa, Andrea Biordo, de un custodio y del mencionado Aristimuño. Antes de recluirse en la estancia San Ignacio, que era de su propiedad, pasó por su mansión bonaerense de Martínez, donde fue a buscar unas pocas pertenencias.

Lo hizo escondido en su camioneta 4×4 que conducía Aristimuño dado que Yabrán ya era un prófugo de la Justicia y no quería ser visto ni siquiera por sus propios guardias que custodiaban la casa. Según describió el periodista Miguel Bonasso, en su libro “Don Alfredo”, Yabrán “había decidido entrar de incógnito en su propia casa y esconderse en el lugar más obvio”.

Ese lugar obvio terminó siendo su Estancia, en la que se instaló el 15 de mayo, el día en que se enteró de lo que había testificado la esposa del excomisario Prellezo. El campo de San Ignacio tenía 2800 hectáreas terreno, con plantaciones de maíz, lino y girasol, y también ganado vacuno.

Si bien la muerte lo encontró prácticamente en soledad, en los días previos, entre el 15 y el 20 de mayo, Yabrán fue visitado por sus familiares más cercanos. En ese lapso alcanzó a escribir cartas de despedida y algunas dejando instrucciones sobre qué hacer con determinas cosas en su ausencia, como la que le dejó a su secretaria privada.

Alfredo Yabrán estaba esperando el momento que finalmente ocurrió en el mediodía del 20 de mayo, antes del almuerzo. La policía había descubierto dónde estaba escondido y entró a la Estancia con la orden judicial. El arresto era un hecho. Y el suicidio también.

La foto que el reportero gráfico José Luis Cabezas le sacó al empresario Alfredo Yabrán en un balneario de Pinamar fue tapa de la revista Noticias: la imagen se transformó en un hito del fotoperiodismo y le costó la vida al trabajador de prensa. (Foto: NA)
La foto que el reportero gráfico José Luis Cabezas le sacó al empresario Alfredo Yabrán en un balneario de Pinamar fue tapa de la revista Noticias: la imagen se transformó en un hito del fotoperiodismo y le costó la vida al trabajador de prensa. (Foto: NA)

Yabrán tenía 53 años y era uno de los hombres más poderosos y ricos de Argentina. Y como el escopetazo desfiguró su cara (hallaron más de 30 perdigones en su cabeza), rápidamente creció la versión de que ese muerto en el baño no era Yabrán, quien en realidad había escapado del país con una nueva identidad, según se construyó el mito urbano.

Pero tanto las pericias forenses como los exámenes de ADN determinaron que, efectivamente, se trataba de Alfredo Yabrán. “Prefiero morir antes de que mis hijos me vean esposado entrando en la cárcel”, afirman que dijo en su intimidad. Poco menos de dos años después, la Justicia resolvió el caso Cabezas: Yabrán había sido el “autor intelectual del crimen”.

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