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Una pérdida irreparable, una estafa y el olvido del medio: por qué Jorge Martínez terminó viviendo en la Casa del Teatro

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Tiene 76 años y más de 50 de profesión. Triunfó en la actuación, pero también tuvo un paso como deportista. Saltó a la fama en la década del 70 cuando se hizo conocido como el “león” que vendía Durax en la famosa publicidad que lo llevó a debutar como actor y dar inicio a una carrera nacional e internacional.

Trabajó en medio centenar de telenovelas, enamoró a Luisa Kuliok en La extraña dama, a Grecia Colmenares en María de nadie, a la mexicana Lucía Méndez en El extraño retorno de Diana Salazar. Y con Verónica Castro tuvo un amor que traspasó la pantalla: no solo fueron pareja en la ficción, sino que vivieron una relación que no finalizó en los mejores términos.

Además de la Argentina, triunfó en Italia, Estados Unidos, Puerto Rico y México. En algún momento aseguró que había sido “tocado por la varita mágica” por la excepcional carrera que supo construir. Lo hizo no solo en la actuación sino también como tenista: por caso, llegó a disputar una Copa Davis representando a la Argentina, en 1966.

Pero lo hecho por Jorge Martínez no se agota aquí. Entre los numerosos reconocimientos que tuvo a lo largo de su trayectoria, en sus inicios, recibió un Martín Fierro como mejor artista revelación en 1974: venía de hacer Pero de noche… ¡mejor! y La esposa es una costumbre 40 kilatesLa jaula de las locas y Extraña pareja, entre otras telenovelas, lo posicionaron como uno de los galanes más populares de la época. Hasta el propio Silvio Berlusconi lo convocó para conductor en la televisión italiana junto a Raffaella Carrá. No había mucho que pensar. Era un gran salto en su carrera.

Luego continuaría recorriendo Estados Unidos, Puerto Rico, México, hasta que regresó a la Argentina, en donde se desempeñó los últimos años.

En el último tiempo, Martínez enfrentó algunas situaciones que lo dejaron al límite, tanto en lo personal como en lo profesional: una pérdida irreparable, una serie de estafas que le hicieron perder sus ahorros, y el olvido de sus colegas. La muerte de su madre, en agosto de 2016, lo hundió en una profunda depresión que se agravó cuatro años después cuando, de alguna manera, la pandemia del coronavirus le puso punto final a una carrera artística que se agotó de a poco.

Ante la partida de su mamá, el trabajo lo había ayudado a salir adelante. Y cuando volvieron a faltar las convocatorias para la actuación, de nuevo cayó en la depresión y aparecieron malos pensamientos. En 2018, habiendo realizado una exitosa temporada teatral con dos obras de teatro a la vez, quiso volver a hacer telenovelas. Y cuando tocó puertas no hubo respuesta.“No fue fácil, llamé a muchos productores y ninguno me respondió”, contó en una nota con Intrusos sobre los meses difíciles que atravesó.

“Será hora de terminar mi profesión”, consideró el actor que llevaba una carrera nacional e internacional y que no podía aceptar que no volvieran a convocar. Durante cuatro semanas estuvo inmerso en una depresión de la que logró salir adelante gracias a él mismo, cuando notó que así no podía avanzar. “Pensé en quitarme la vida. Fue un golpe muy fuerte, estaba muy, muy, mal. Fue una idea que se me cruzó por la cabeza y la tuve durante un mes”, se sinceró tiempo atrás.

Meses después volvería a ser convocado para actuar: encabezó la obra teatral Viva la vida, en 2019, junto a Nora Cárpena, Mercedes Carreras, Marta Bianchi, Rodolfo Ranni y Alberto Martin. Sin saberlo, aquel proyecto sería el último de su exitosa trayectoria.

Al año siguiente, la pandemia del coronavirus puso en pausa a la industria (y al mundo), y Jorge Martínez se recluyó en su casa: cumplió con el aislamiento obligatorio que se dictó a nivel nacional. Por ese entonces contó que disfrutaba del estilo de vida solitario que había adoptado: leía libros, veía televisión. Y jamás perdió el contacto diario con sus tres hijos: Natalia –que vive en Barcelona- y Agatha, de su relación con Graciela Gramajo, y Emiliano, de su matrimonio con Jeannette Tití Rodríguez.

Luego se mudó a un geriátrico -en donde la pasó “pésimo”, según indicó la periodista Claudia Médic en A la tarde- y hace un mes se trasladó a la Casa del Teatro, luego de que su exesposa se acercara hasta allí para que lo albergaran. En el centro le acondicionaron una de las habitaciones, la pintaron y le colocaron un televisor para que pudiera distenderse en sus ratos libres. Y antes de ingresar, se realizó un chequeo médico que informara que gozaba de buena salud.

Fue Linda Peretz -actual presidenta de la comisión directiva de la Casa del Teatro- quien cómo llegó su colega allí. Describió que estaba “cachuzo”. “Vino acá y empezó a mejorar de a poco. Se lo bañó, se lo alimentó, se lo mimó”, contó Peretz sobre Martínez, quien permanece en la residencia ubicada sobre Avenida Santa Fe y Libertad, al lado del Teatro Regina.

Estoy bien. Estoy bien de salud. Estoy bárbaro. No tengo problemas económicos ni de salud. Así que estoy bien. Gracias, agradezco la gentileza”, dijo Jorge Martínez a través de un audio que envió a Entrometidos, el programa que conduce Carlos Monti por la pantalla de Net. Sin embargo, no quiso hacer declaraciones sobre la decisión que lo llevó a vivir en la Casa del Teatro.

Peretz, por su parte, detalló cómo es la situación de los residentes que se encuentran en la Casa del Teatro. “Se les ofrecen un montón de cosas que no tendrían si tuvieran que pagar un departamentito, o una habitación. Pagan una especie de cooperadora y se les da desayuno, almuerzo y comida a la noche”, indicó en Desayuno Americano. Además, precisó que los artistas realizan diferentes actividades de recreación y que cada uno tiene su médico de cabecera.

“La Casa del Teatro está al servicio de toda la gente que pertenece a la actividad teatral”, continuó, y detalló que todo aquel que vive allí no puede tener propiedades a su nombre ni “un sueldo exagerado”, motivo por el cual necesita ser albergado allí, como es el caso de Jorge Martínez, quien eligió instalarse junto con sus colegas y vivir acompañado. Y así, en parte, enfrentar la situación económica que atraviesa.

Años atrás, durante una visita al programa de Verónica Lozano por Telefe, había hablado de sus problemas económicos: contó que al llegar de Estados Unidos -luego de haber triunfado en su carrera también en Italia– había sido víctima de una estafa. Explicó que fue con tres videoclubes en Puerto Rico, y que le robaron en dos oportunidades en un restaurante que había abierto. Más tarde continuaría trabajando en México hasta volver a la Argentina. Un año y medio después regresó a la ficción nacional con una participación especial en Dulce Amor, de la mano de Quique Estevanez.

“También choqué dos veces muy fuerte, una de ellas contra un murallón. Y me rompí la pierna izquierda, por lo que no pude jugar más al tenis y me agarró una fuerte depresión porque yo pensaba que casi todo el mundo era como uno, pero no. De repente yo quería trabajar y había productores que no respondían a mis llamadas”, lamentó por ese entonces Jorge Martínez.

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