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Un locutor calcinado y el horror de la dictadura: por qué en Paraguay les dicen “108″ a los homosexuales

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Alfredo Stroessner fue presidente en Paraguay durante más de 34 años. El militar asumió tras un golpe de Estado a Federico Chaves, en 1954Tomás Romero Pereira, otro militar, tuvo una breve presidencia previsional hasta que se celebraron las elecciones del 11 de julio de 1954, donde Stroessner se presentó sin oposición. Recién el 3 de febrero de 1989 dejaría el poder.

La dictadura de Stroessner primero sostuvo un régimen de partido único en la República de Paraguay –los demás no podían presentarse en los comicios- y luego fue acusada de celebrar elecciones fraudulentas.

En el medio, un hecho bisagra marcó su presidencia de facto: el asesinato de Bernardo Arandaun locutor gay que fue calcinado. Aquello desató una cacería que le facilitó las cosas a la dictadura para demonizar a sus detractores. Así, 108 homosexuales fueron perseguidos por el gobierno y la prensa.

Aranda, locutor de ZP 9 Radio Comuneros, era una de las voces reconocidas de ese entonces. Su muerte, y las circunstancias de la misma, hicieron que se llevara a cabo una investigación que lejos estuvo de esclarecer el hecho.

Según el relato de la época, alrededor de las 2 de la mañana del 1° de septiembre de 1959, se escuchó una explosión en la habitación donde vivía. La dueña de la casa acudió, golpeó la puerta y no obtuvo respuesta. Allí fue que decidió buscar al director de la radio donde trabajaba el locutor, que logró derribar la puerta y se encontró con la tenebrosa escena: el cuerpo había sido calcinado, junto a toda la habitación que se encontraba en llamas.

En ese entonces, la dictadura no atravesaba su mejor momento. El año anterior, 1958, una huelga general, revueltas estudiantiles, manifestaciones y una recesión económica ponían en duda la legitimidad del gobierno. Así fue como la búsqueda de un homicida se transformó en una oportunidad para deshacerse de sus opositores.

Bernardo Aranda tenía 25 años al momento de su muerte.
Bernardo Aranda tenía 25 años al momento de su muerte.

La policía concluyó que, al ser Bernardo Aranda homosexual, se trataba de un crimen pasional que debía tener como protagonista a otra persona con su misma orientación. Aquello desató una persecución, respaldada por la prensa, que tuvo como objetivo interrogar a todos los presumiblemente gays.

Por qué en Paraguay les dicen “108″ a los homosexuales: la demonización de la prensa

El sábado 12 de septiembre de 1959, el diario El País, cercano a la dictadura, titularía: “108 personas de dudosa conducta moral están siendo interrogadas” y publicó los nombres y apellidos de cada uno de ellos.

Aquél número de personas fueron los detenidos por la policía, solo por el hecho de ser homosexuales, algo que la dictadura y la prensa de ese entonces calificaban como una “amoralidad”. En el texto de la nota también se referían a las personas de esta orientación como una “hermandad clandestina”.

El título dio lugar a numerosas obras con su nombre en Paraguay, como la representación teatral "108 y 1 Quemado" o el documental "108 Cuchillo de palo". (Foto: recorte diario "El País")
El título dio lugar a numerosas obras con su nombre en Paraguay, como la representación teatral «108 y 1 Quemado» o el documental «108 Cuchillo de palo». (Foto: recorte diario «El País»)

Otro artículo, el 21 de septiembre del mismo año, hablaba de los homosexuales como una “incipiente pero bien armada organización”, con ocho “jefes principales” que “financian las operaciones de reclutamiento de menores”. La demonización estaba en marcha.

El golpe de Estado de 1989 puso final a la dictadura y, años más tarde, se creó la Comisión de Verdad y Justicia, que publicó un informe donde se refiere a lo que significaba ser homosexual durante la presidencia de facto de Stroessner.

“La falta de aceptación, tanto legal como social de la homosexualidad forzaba a los gays a vivir en la clandestinidad; la vida social se restringía a grupos reducidos de amigos y a ciertas reuniones sociales de forma oculta o disfrazada. La dificultad de organizarse, el desconocimiento de los derechos y la imposibilidad de ejercerlos hacían mucho más gravosa la situación. Existían muy pocas posibilidades de construir una relación estable. La fuerte represión social obligaba a los hombres gays a tener encuentros furtivos, donde el anonimato era la tarjeta de presentación por el temor de ser delatado como homosexual, y así sufrir la represión de la dictadura”, decía el escrito.

Accidente, suicido o asesinato, la muerte de Bernardo Aranda nunca fue esclarecida. Aunque más de 60 años después del trágico hecho, la comunidad homosexual en Paraguay lleva aquella cacería como bandera para luchar por sus derechos.

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