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Mon Laferte, Maturana y el rock

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

Con una trayectoria atravesada por el rock Mon Laferte edita nuevo disco, conceptualmente inspirado en Humberto Maturana

Monserrat Bustamante Laferte (Viña del Mar, 1983) es una popular cantante chileno mejicana que tiene una vasta trayectoria como intérprete y compositora de más de veinte años de carrera profesional, además de ser artista plástica y activista política, que sin embargo se hizo conocida por el gran público a partir de un par de hechos que signaron su posterior bien ganado prestigio: A los veinte años concursó en el programa televisivo chileno de búsqueda de talentos “Rojo, fama contrafama”, que le permitiera ser parte estable como cantante de dicho espacio de la Televisión Nacional de Chile como así también grabar para Warner Music su primer álbum solista, “La Chica de Rojo” (2003), con el que obtuviera sendos discos de oro y de platino por sus ventas.

El segundo gran hito sobrevendría poco más de diez años después, con apenas una exitosísima e hiper difundida canción, “Tu Falta de Querer”, que tiene su propia historia, de desgarramiento y de traición. Con una letra simple y una interpretación dramática y excelsa, Laferte cautivó con sus versiones en vivo, contando “Te quiero ver. Aún te amo y, creo, que hasta más que ayer. La hiedra venenosa no te deja ver. Me siento mutilada y tan pequeña. Ven y cuéntame la verdad. Ten piedad, y dime por qué. ¿Cómo fue que me dejaste de amar? Yo aún podía soportar tu tanta falta de querer…” Esta composición estuvo inspirada en su pareja y productor César Ceja, quien, con un sino trágico, moriría poco tiempo después. Años después, sentimentalmente superada, y en recuperación de su propia salud, daría cierre temático con la también autorreferencial y creíble “Antes de ti”, para expresar “Fui una mujer que caminaba entre la vida y la muerte. En el amor yo nunca tuve suerte. Antes de ti, agoté todas mis lágrimas. Después de tanto error me acostumbré al dolor. Antes de ti yo no conocía el amor…”

Sin embargo, el camino artístico de Mon Laferte no se inició así. Criada junto a su hermana menor por su madre y su abuela materna, ya de niña se hizo conocida en su propia escuela, ganándose una guitarra que la motivaría a ser la creadora de sus propias canciones, que con unos pocos años más, ya adolescente, la llevaría a presentarse de bar en bar por toda Viña y Valparaíso. Su versatilidad la llevó a incursionar por diferentes géneros musicales, como la balada, el pop, el bolero, el vals, el ska y últimamente la ranchera y el corrido mejicano. Pero lo más llamativo por aquellos días fue su definición por el rock. Más precisamente por el Heavy Metal, como vocalista de los grupos Mystica Girls y Abaddon, entre 2012 y 2014. Un vínculo que la marcó actitudinalmente hasta la actualidad, como veremos.

En octubre de 2019, viviendo en Méjico, se solidariza con el movimiento social que en Chile se manifiesta contra el gobierno nacional de entonces, justo cuando se sucedían protestas que serían violentamente reprimidas. En ocasión de la ceremonia de premiación de los Grammys Latinos, estando nominada por su disco “Norma”, ante la prohibición de que se presentara sobre el escenario portando una pancarta denunciando la grave situación en su país natal, decidió quedarse en tetas frente a las cámaras de todo el mundo exhibiendo la leyenda “En Chile torturan, violan y matan”. Una desafiante actitud política y feminista que sólo puede pensarse en el universo cultural del rock, y que ocasionalmente reitera. No menos significativa fue su participación en septiembre de este año en el Palacio de la Moneda de Chile conmemorando los 50 años del golpe de estado para interpretar “Manifiesto”, de Víctor Jara. También fue quien grabó junto a Cecilia, poco antes de morir, “Jauría de Mujeres”, escrita mientras estaba detenida por el pinochetismo en los ´80.

Volviendo a la actualidad, “Autopoiética”, tal el título de su nuevo registro, en primer lugar nos hace pensar en la Póiesis que describían en la Grecia Clásica, esa que aludía a la producción creativa. Pero “autopóiesis” refiere a un concepto desarrollado por el biólogo y epistemólogo chileno Humberto Maturana (Santiago de Chile, 1928 – 2021), que conceptualmente apunta a la recreación de las propias células. A la vida, en un proceso cíclico, de permanente cambio, creando vida, en un sistema molecular en que se constituye la existencia. Es decir, configurándose y reconfigurándose todo el tiempo, en el marco de un universo privado que propicia la reparación, el mantenimiento y la evolución.

“Autopoiética”, producida por primera vez por ella misma, es un renacer, un reinventarse de Mon Laferte. Son 14 canciones de letras reflexivas, entre reconocibles sampleos y bases electrónicas, de corte alternativo y sincrético, de multiplicidad de géneros, en el marco de la metáfora existencial propuesta por Maturana. Laferte, además, es ella misma un claro ejemplo de resiliencia, superando graves problemas personales, como una enfermedad que pareció ser terminal y de la que terminó recuperándose, y pariendo su primer y único hijo.


El disco propone una setlist que va desde lo racional a lo emotivo, impactando y sacudiendo con el multiverso que hoy habita en Mon. “Autopoiética” está integrada, entre otras variaciones, por una cumbia, “Te juro que volveré”. Por el bolero de letra explícita “Tenochtitlán”. Por el tango electrónico “Artículo 123”. Por la sacropagana “Levítico 20:9”. Por la salsa “Los amantes suicidas”. Por la despechada “Pornocracia”. Por la balada “Mew Shiny”, jugando entre el inglés y el español. Por la descriptiva “Metamorfosis”, inspirada en su sobrino trans. Y por la reversión distorsionada de “Casta Diva”. Es como si hubiese que atravesar varias capas del álbum para llegar a la compleja esencia de Mon Laferte que, por cierto, aunque por momentos pueda parecer lo contrario, no resigna su poderosa, intensa y subyugante voz. Y la canción que da título al disco, “Autopoiética”, es casi un mantra de cuatro palabras: “Autopoiética. Hegemónica. Autónoma. Ibuprofénica”.

No menor a la hora de fundar las inocultables raíces rockeras de Mon Laferte es la colaboración que a modo de dúo hiciera, en diferentes momentos, con Andrés CalamaroFito Páez y Manuel García. Con Calamaro fue “Tantas Veces”. Con Fito, la inoxidable y también dramática “Sasha, Sissí y el Círculo de Baba”. Con Manuel García, “La Danza de las Libélulas”. Tampoco pasa desapercibida su propia versión en español del significativo clásico de Metallica “Nothing Else Matters”. Por último, corresponde citar su canción “Chilango Blues”, inspirada en la pérdida y el desamor, en neta clave de rock.

De estética reconocible, entre sus tatuajes, su atuendo, las tinturas de su cabello y, fundamentalmente, con su desgarradora y afinada voz de metalera irredenta, llega a la mitad de su vida autoproduciéndose, con este disco nuevo, filosófico, rockero, feminista y político. Es Mon Laferte. Difícil ser indiferentes. Ya la conocemos todos. ¿Cómo no admirarla?

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