Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER
Robe alude a Sócrates, Nietzsche, Schopenhauer, Hesse, Sartre, al Anarquismo y al Existencialismo. Con disco nuevo, recorramos su pensamiento
El pasado viernes 15 Robe (Roberto Iniesta Ojea, Plasencia, 1962) editó “Se nos lleva el aire”, su quinto disco como solista, luego de liderar Extremoduro (desde 1987 hasta 2019), la para muchos mejor banda de rock de toda la historia de España, de la mano del más destacado autor del género en tierras ibéricas.
Extremoduro, banda de hard rock estandarte de esa resistencia que a través de una lírica filosófica mejor describió la actitud contracultural y rebelde de una juventud que necesitaba identificarse con tanta audacia y marginalidad artística, y hacer escuchar su voz en el posfranquismo.
“Para todos los públicos” (2013), undécimo disco de estudio de Extremo, abría con “Locura transitoria”, con Robe confesando: “Ahora que ya no entiendo nada y no me funciona un hemisferio, quiero saber si entre tus bragas está la clave del misterio”. En “Qué borde era mi valle” reconocía: “He perdido la cabeza; la he perdido por perderte. Soy capaz de cualquier cosa por volver a verte”. Proseguía “Poema sobrecogido”, alucinando con “Quise mirar y entré dentro de mi interior, y entonces me di cuenta de que hay alguien más…” Continuaba con “Mama”, derrotado: “¡Atención, me empiezo a vencer! ¡Atención, que empiezo a caer!”. En “Mi voluntad” declaraba: “Quiero ser como una mula: terco en mi más pura voluntad”. Cerraba con “El camino de las utopías”, una individualista declaración hecha manifiesto posmodernista: “Voy buscando lo que quiero, averiguando, a mi manera, que no me gustan los maderos, ni la gente con banderas ni la Virgen María; ni ninguna ideología”.
“Para todos los públicos” fue el pico de madurez creativa de Extremoduro, que daba el marco, para citar sin citar Miguel Hernández, Jimmy Page, Bécquer, y hasta un toque de la náusea sartreana, usando como instrumento la voz de Iniesta, el alma de esta fiesta rockera. Sobre él, Enrique Bunbury diría: “ante el maestro, admiración, respeto y silencio. Y recordad, Robe es Robe, y tú, no.» Alguien que, como Iniesta, prefiere definirse como poeta, pero que por el tenor de sus explícitas letras (muchas veces censuradas), en las que formula profundas y complejas preguntas sobre la existencia, en los bordes de la locura y la cordura, ya trascendió esa categoría para convertirse en ese pensador que muestra un camino a los más jóvenes, a través del rock.
Extremoduro no fue la única tribuna de Robe. En 2015 debutaba, tras una extensa carrera como artista (como rocker y novelista), con su primer disco solista, cargando con el peso de su propia historia de músico rebelde e impaciente. Era “Lo que aletea en nuestras cabezas”, lejos del encorsetamiento musical del hard rock de Extremoduro, sin embargo proseguía con sus temáticas recurrentes y obsesivas: el amor, la soledad, la pasión, la locura. Y esa actitud de anarco irredento. Y la misma imperfecta voz de siempre.
Comenzaba con “Un suspiro acompasado”. Decía “He notado una brisa pasajera, que me ha dicho que tal vez sí quisiera; respira y noto su respiración; hablo y sueño con su voz”. Introducción y estribillo hacen pensar que Robe podría haberse ablandado demasiado. Sin embargo, casi toda su obra en Extremoduro ha sido un cancionero dedicado al amor. Con dureza, es cierto. Nunca con superficialidad. El tercer tema, el más filosófico, “Nana cruel”, era tremendo: “Yo que creía firmemente en el amor, hoy ya sé que no, que ya no importa y que a la vida hay que buscarle otra razón, y busco en los colores del atardecer y no la encuentro”. Aunque agregará: “ya se ha ido el sol… y prometió volver”. La cuarta canción era “De manera urgente”. Sus aires flamencos, y un texto que reclama amores y presencias: “Y si de repente se cayera la luna, y si de repente no te volviera a ver, de manera urgente caería en la locura”. “Guerrero”, el séptimo track, en 6 minutos, narra un desamor: “Como buen guerrero, para ser sincero, cuando el cielo está tan azul, niego que la quiero y que la echo de menos”.
Cierra el disco “Contra todos”, un desolado y desesperanzado manifiesto anarquista. “Contra todos, otra vez me levanto contra todos”, se posiciona Iniesta. “Me salí del camino a caminar”, advierte. “Incendiario. Todos dicen que soy un incendiario”, se confiesa. “De cabeza me tengo que pegar siempre con la misma piedra. Del pasado nada puedo cambiar, el futuro lo estoy cambiando ya”, y se apresta a la revolución.
En “Más allá del bien y del mal” (1886) Friedrich Nietzsche arremetía contra la moralidad casi ausente de sus contemporáneos, que aceptaban de modo acrítico la tradición moral impuesta. Con la autobiográfica y simbólica novela “El lobo estepario” (1927) Hermann Hesse exhibía su propia crisis, entre aislamientos y desarraigos. Ambos libros pueden servir para una adecuada lectura de “Destrozares”, su disco de 2016. 10 tracks para una placa pesimista y escéptica. Un auténtico apocalipsis rockero, de poética crudeza y melancólicas líricas.
El primer corte fue «Por encima del bien y del mal». Resuena a Nietszche, describiendo un mundo en ruinas: «Todo lo que escucho, todo lo que leo, todo lo que veo me queda tan lejos que puedo andar por encima del mal, por encima del bien y del mal». Y un clip oficial que es un explícito homenaje a Goya, entre majas vestidas y desnudas, y los monstruos que acompañan la historia reciente de una España sometida durante décadas por un régimen opresor, que aún no encontró las soluciones y la sanación para superarlo. Aunque siempre quedará el amor para salvarse.
Ya en su tercer registro en solitario, grabado en directo en 2018, en la introducción de la reveladora “Nana Cruel”, Robe avisaba: “A mí, con esta canción, me gustaría herir vuestros sentimientos, porque ¿de qué sirve un filósofo que no hiera los sentimientos de nadie?”, posicionándose como un Sócrates contemporáneo, como ese “Noble Tábano de Atenas” que aguijoneaba a los viandantes del Ágora. Robe, también y aún líder del mítico Extremoduro, en su noveno álbum conceptual “La Ley Innata” (2008), tenía en su portada, impreso sobre el clásico Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci, un texto de Cicerón: “Existe, de hecho, jueces, una ley no escrita sino innata. La cual no hemos aprendido, heredado, leído, sino que de la misma naturaleza la hemos agarrado, exprimido, apurado. Ley para la que no hemos sido educados, sino hechos, y en la que no hemos sido instruidos sino empapados”. Robe nunca será complaciente.
“Mayéutica” (2021), que hace pensar en el Método Socrático, fue una explícita segunda parte de “La Ley Innata”, y es el disco introspectivo de un individuo que asciende. Con canciones intencionalmente sin final, que se suceden unas a otras. Un texto filosófico en clave de rock, que se abre con un Interludio, se despliega a lo largo de cuatro Movimientos (entre ellos “Mierda de Filosofía”) y culmina en una Coda. Una Coda feliz. Con la necesidad de la presencia de ese otro que, distinto y ajeno a cada uno de nosotros, nos facilite ese camino de autoconocimiento y liberación personal, despojándonos así de oscuridades y culpas ancestrales.
Transitando la pandemia concibió el actual registro “Se nos lleva el aire”, y con tal título invitando al Carpe Díem. Una hora y 10 canciones para arremeter nuevamente, con este canto existencialista, con la derrota, el fracaso, la fugacidad, su infierno personal, la oscuridad, la Nada absoluta, el desamor más inmanente, el abismo de sus adicciones, la temporalidad del ser y la fragilidad de una existencia condenada a la soledad, y al paradojal reconocimiento de que para sufrir menos, aunque no parezca buena idea, es preferible seguir a las emociones del corazón que a las cavilaciones de la razón. “Voy a intentar que no se me olvide respirar”, confiesa, resignado a sus compulsiones: “Lo he pasado bien, lo he pasado mal. Me he sentido bien, me he sentido mal. Pero volvería a hacerlo igual”. Arriesgando todo.
Robe Iniesta, el veterano filósofo extremeño, el poeta políticamente incorrecto, nos insta a sumergirnos en ese abandono que nos lleve a una intensa experiencia catárquica. Esa que nos conduzca a la Verdad. La misma que busca la Filosofía.




