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“Los Juegos del Hambre” y la Revolución

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

Con esta precuela otra vez se exprime y agota una buena idea original

Pasaron 8 años desde aquel 2015 en el que vimos “Sinsajo – El final”, y parecía el epílogo de todo, pero en el negocio del cine todo aquello que alguna vez funcionó bien siempre corre el riesgo de que su planteo original se retome, se revise, o se arruine, según sea el caso. Ya sabemos lo que se dice de la trilogía de Francis Ford Coppola, “El Padrino”, en torno a que las dos primeras partes fueron de antología, y que respecto de la tercera habría que preguntarse con qué necesidad. Lo mismo se piensa, o se duda, acerca de filmar precuelas.


Todo esto viene a cuento de una exitosa saga cinematográfica de cierto sustrato filosófico, basada en la trilogía distópica de Suzanne Collins, como lo fuera «Los juegos del hambre». Historia de una heroína que nunca se propuso serlo, organizada y secuenciada en cuatro filmes. La primera entrega, en 2011, mostraba a Panem, un país posapocalíptico, que bien podría haber sido Estados Unidos, ahora compuesto por doce distritos (que luego serán 13) sojuzgados por un tiránico Capitolio, que como símbolo de su poder opresivo durante 74 años viene organizando una sangrienta, feroz y perversa competencia anual, transmitida masivamente por tv, en la que dos representantes («tributos») de cada distrito, entre los 12 y 18 años, serán los encargados de disputar un juego a muerte, hasta que se imponga un único ganador. 

En ese caso, la protagonista, encarnada por Jennifer Lawrence, era quien accedió al juego ofreciéndose como voluntaria para reemplazar a su hermanita. Pero como si fuera «Gran Hermano» de Argentina, todo se manipula y las reglas se cambian según conveniencia, por lo que a los dos representantes (Katniss y Peeta) del minero distrito 12, como si fueran la chica y el muchacho una romántica parejita que le sirve al rating, se les permitirá imponerse y sobrevivir juntos. 

La segunda película, “En llamas” (2013), comienza poco después de la finalización de los Juegos, en lo que será la Gira de la Victoria, recorriendo todos los distritos con la finalidad de hacer propaganda política a favor de la dictadura, y previo al inicio de los 75tos. Juegos, que tendrán una particularidad: los disputarán sólo los ganadores de los años previos, constituyéndose así en un duelo de campeones, un “Gran Hermano VIP”, que encierra la intención de ir eliminando a todos aquellos que simbolicen valores que conspiren contra la opresión oficial, y apuntando especialmente a Katniss Everdeen, la joven protagonista de la historia, que concentra en su figura el símbolo de la esperanza y de una revolución posible. Y que con el sinsajo en su broche encarna la necesidad popular de una rebelión urgente.

“Sinsajo” (2014) es la preparación para el fin. Poca acción. Tan sólo el acuerdo de Katniss, que ha pasado a la clandestinidad, para ser el emblema de la resistencia, la vocera y cara visible de un marketing marginal que emprenderá la lucha hasta que llegue el epílogo, a la espera del último Juego.

Con multiestelar, por momentos, en el mismo cuadro podían verse a varios ganadores del Oscar protagónico, en clave de duelo actoral. Por caso, Jennifer Lawrence, Philip Seymour Hoffmann y Julianne Moore. La historia, por momentos épica, en otros lineal y previsible, tenía altibajos. Nunca será como “El señor de los anillos”. Ni siquiera “Harry Potter”. Pero a sus seguidores no les importaba. En el cierre, Peeta (su amigovio), tras haberle lavado el cerebro el dictador Snow (un gran Donald Sutherland), intentará asesinar a Katniss.

«Sinsajo – el final» (2015) fue sin dudas mejor que la primera parte, pero no de toda la saga, la que se sostenía en base a sus incomparables protagonistas, a un reparto de conocidas figuras y a un gran despliegue de efectos especiales. Y Katniss que parecía decidida a matar a Snow a como dé lugar, quien además hartó a todos con sus reiteradas cadenas nacionales. Eso sólo ya hubiera justificado cualquier enérgica reprobación.

«Las revoluciones se comen a sus propios hijos», afirmaba Robespierre. El poder corrompe, y la infanticida presidente rebelde (una convincente Julian Moore) tenía fantasías y delirios de emperatriz. Por ello, en ese tiempo de traiciones y venganzas, ella también será asesinada por la Sinsajo.

Demasiado larga para tan poco contenido. Y un obvio final bucólico, que deberían habérselo ahorrado a los seguidores de la historia, tanto del cine como del libro. Katniss formando pareja con Peeta y con dos críos pareció excesivo.

Volvamos al presente con el reciente estreno en cines de “Los juegos del hambre: la balada de pájaros cantores y serpientes”. Ambientada varias décadas antes que la tetralogía reseñada, volvimos al Panem posapocalíptico de siempre, cuando ni se soñaba con que habría una Katniss Everdeen, y un adolescente Coriolanus Snow, muchísimo antes de ser el temido presidente, será el mentor de Lucy Gray Baird, la elegida del distrito 12 para representarlo en la serie final, a muerte, en una especie de pre-Juego del Hambre, con reglas más simples y desafíos menos rebuscados. Lucy Gray sobresaldrá por su talento como cantante y por su capacidad de improvisación a la hora de intentar sobrevivir. Y, claro, en un mundo que para sostenerse depende de la propaganda y del rating, cualquier dudoso talento que se destaque sirve a la hora de justificar su existencia. 

El filme, dividido en tres partes, por momentos entretiene con su acción, y en otros agobia por su extensa duración, de 157 minutos. Con un relato más llano que el de sus predecesores, este título sólo ofrece el buen aporte en roles secundarios de Viola Davis, Peter Dinklage, y el protagónico de Tom Blyth y Rachel Zegler. Y de esta última, su buena performance como cantante, que paradójicamente aumenta el aburrimiento de una película que termina pareciéndose a uno de los tantos mediocres musicales que tanto fascinan a los norteamericanos.

En suma, “La balada de los pájaros cantores” fue tan necesaria como la interminable saga de “Rápido y furioso”. Eso sí: es recomendable escuchar “Nothing You Can Take From Me”, que hace de cortina a la caída de los créditos de un filme olvidable, pero que por lo menos nos hizo recordar, como si hiciera falta, los altos niveles de corrupción que maneja el poder de turno que, por cierto, siempre busca eternizarse, y del que hay que cuidarse. Y que siempre habrá rebeldes que cuando se cansan de la opresión encabezarán una revolución.


FICHA TÉCNICA

“La balada de los pájaros cantores” (EE. UU., 2023)

Dirección: Francis Lawrence

Con Viola Davis, Peter Dinklage, Tom Blyth y Rachel Zegler

Género: acción, bélica – Duración: 157’ – Calificación: Regular

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