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Napoleón y el rock

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

El cuestionable filme “Napoleón” provoca numerosas reflexiones, incluso en el rock 

El cine mundial contemporáneo ofrece a varios directores, en este caso de origen estadounidense, que teniendo una edad avanzada, de más de 80 años, y también de 90, los encuentra vigentes, activos y en muy buena forma a la hora de filmar sus propias películas. Tales los casos de Martin ScorseseWoody Allen y Clint Eastwood, cada uno a su manera y con estilos propios, convertidos en grandes y eficientes narradores de historias, e incluso con Allen destacándose como profundo y filosófico guionista.

Pero todo esto que tienen de bueno estos veteranos realizadores, no estaría siendo el caso del británico Ridley Scott, un cineasta de probada trayectoria, ya de 86 años, con varios resonantes éxitos en su currículum, como “Alien” (1979), “Blade Runner” (1982), “Thelma y Louise” (1991) y “Gladiator” (2000), que sin embargo acaba de derrapar en el tobogán de la decadencia con el reciente estreno de “Napoleón”, una película que venía cargada de numerosas expectativas, toda vez que se consideraba una incomparable oportunidad la de ver a Scott dirigiendo en una página fundamental de la Modernidad al talentoso Joaquín Phoenix en el protagónico absoluto, encarnando al monumental y legendario guerrero corso.

En esta ocasión, el filme, de kilométrica duración, comete el gran error de apuntar a ser una biopic pero sin respetar la regla básica de todo recorrido histórico: mostrar el proceso por sobre los datos fácticos. A lo largo de toda la película, de constantes e inexplicables saltos temporales, lo que no sería un inconveniente dependiendo de la intención con que se filma, sin embargo se termina la película y si dependiéramos de la misma para intentar comprender quién fue Napoleón Bonaparte (Ajaccio, 1769 – 1821), no estaríamos en condiciones de sacar conclusiones aceptables.

Nunca entenderemos cómo surge su vocación de poder, nunca veremos cómo es que se convierte en un gran estratega para la guerra, nunca tendremos contacto con fechas precisas de los grandes hitos, y veremos cómo se desperdicia a un gran actor que nos mostrará a Bonaparte como un inexpresivo militar que no se destaca en nada pero que aún así llega a ser el emperador de Francia entre 1804 y 1815.

Cualquiera pensaría que una película lo primero, y quizás único, que debería asegurarse de hacer es entretener al público. Y “Napoleón” quizás lo haga, sobre todo si se está dispuesto a sentarse en una platea, o ahora el sillón de su casa, durante dos horas y media para ver espectaculares batallas. Y que a nadie le importa demasiado que le den una clase de Historia. Que para eso están los libros. Pero no sería justo. Napoleón Bonaparte no es un personaje de ficción. Es alguien a quien se le ha dedicado muchas páginas y tiempo para, sobre la base de los datos reales, interpretar en su contexto la importancia y el recorrido de una figura de tal magnitud. Algo que a Ridley Scott parece no importarle, a la luz de la agresiva soberbia con la que ha reaccionado a las críticas sobre este reciente trabajo.

Es que el período napoleónico no es una época que le resulte ajena. Recordemos que él mismo dirigió “Los duelistas” (1977), sobre la obra de Joseph Conrad, con una trama que mostraba en dicho contexto el reiterado enfrentamiento privado entre dos oficiales de caballería franceses a lo largo del tiempo y de los escenarios comunes. Y en ese filme la reconstrucción de época fue acertada.

Nadie pretende que el “Napoleón” de Ridley Scott sea un documental focalizando en los veinticinco años fundamentales de su biografía que recorre la trama. Pero sí que no se la venda como una película basada en la vida de un personaje histórico, y se cometan tantos errores, visibles aún para los que no somos especialistas en el tema. Que quien más, quien menos, todos algo leímos sobre Toulón, Waterloo, Rusia, su intenso amor por Josephine, el duque de Wellington, sus grandes éxitos y también sus fracasos, y su ocaso en Santa Elena.

La imagen que se ve en la cinta sobre Napoleón es la misma visión que tienen los ingleses sobre él, clásicos contendientes que nunca asimilaron de buena gana una rivalidad que se hizo eterna. Porque Bonaparte es presentado como un inmaduro y sanguinario dictador genocida, adulto edípico que teme a tener intimidad con las mujeres, y además burro e ignorante. Obviamente que como persona no fue un dechado de virtudes, el hombre tuvo grandes momentos de oscuridad, pero esta descripción parece demasiado. Aún sin ignorar que fue el autor de una renovada esclavitud y del brutal despojo de las obras de arte en los países ocupados. Es que Napoleón tuvo también grandes méritos a la hora de llevar adelante una revolución que por momentos parecía flaquear, en una época de monarquías europeas absolutas, que no veían de buen grado una Francia que se industrializaba.

También digamos que no todo es culpa de Ridley Scott. No por nada tuvo un guionista y varios asesores históricos, y aunque debe haber sido una gran tentación cinematográfica colocar a un joven Napoleón presenciando la ejecución de María Antonieta, suena disparatado cuando cotejamos las fechas.

Dejemos para los historiadores y especialistas el detalle de los numerosos y grandes errores y omisiones, entre ambientación, vestuario, encuentros personales y batallas. Pensemos tan sólo en el error de casting de seleccionar para el protagónico femenino a la bella y estupenda actriz Vanessa Kirby, quien con sus 35 años de edad debió hacer de una Josefina bastante mayor que Napoleón, representado por un Joaquín Phoenixque ya tiene 49. Otro despropósito imperdonable a la hora de buscar credibilidad en el relato.

Quizás el único gran acierto de “Napoleón” sucedió antes de su estreno, cuando se publicó su trailer, al compás de “War Pigs”, grabado en 1970, el eterno clásico de Black Sabbath, convertido en un himno antibelicista. Ese que contaba: “Los generales se reunieron en sus masas, al igual que las brujas en misas negras. Mentes malvadas que planean la destrucción…”

Es que, como es lógico, Napoleón Bonaparte ha llamado la atención en diferentes universos humanísticos, incluso del premio Nobel de Literatura, y filósofo del rock, Bob Dylan, como en “Hero Blues”, cuando en 1963 llega a decir “You need a different kind of man. You need Napoleon Bonaparte”.

Siguiendo con este universo cultural, Coldplay se roba las miradas con “Viva la Vida”, ya que está impuesta la teoría de que se refiere a un gran conquistador. Y aunque sea de la autoría de un británico, se cree que la portada del disco aludiendo a Francia sumado a las reconocibles casacas militares que usaba el grupo cuando presentaban el álbum, contextualizan la referencia a Napoleón.


Forman parte de esta galería napoleónica “Waterloo”, del astro de la música country Stonewall Jackson, y “Ole Napoleon”, del también country Hank Thompson. Igual “Napoleon Says” por Phoenix, banda versallesca de indie rock. Además de “B-Boy Bouillabaise” con los raperos de Brooklyn Beastie Boys, con una canción de 12 minutos: “Man, You know that it said Napoleon Bonaparte”. También Iván Noble grabó su propio “Waterloo” como metáfora amorosa de la derrota. Y vaya como bonus track el aporte de su famoso “Waterloo” con los eternos suecos de Abba.


Mientras salgo, justamente, de la Waterloo Station en Londres, cruzando el Támesis por el Hungerford Bridge rumbo a Trafalgar Square, pienso en Napoleón Bonaparte, demasiado grande para que lo maltrate una mediocre película. Curiosamente, o no, el rock ha sido más preciso. Y más justo.

FICHA TÉCNICA

“Napoleón” (AppleTV, 2023)

Dirección: Ridley Scott

Con J. Phoenix y E. Kirby

Género: Biopic – Duración: 157´

Calificación: Regular

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