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La historia de Belek, el “vampiro” asesino del Bajo Flores que aseguran que se esconde en un cementerio

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Contra Boca, San Lorenzo jugó su último partido en el Viejo Gasómetro de avenida La Plata el 2 de diciembre de 1979. Meses después, en el invierno de los ‘80, un reconocido circo vino desde Rusia para presentarse en la Argentina, y una gran carpa amarilla fue instalada cerca del predio donde tenía su estadio el “Ciclón”, en Boedo.

Todas las tardes pasaba por el barrio una camioneta que anunciaba por megáfono la gran llegada del circo ruso “Los Zares”. Una tarde fría de invierno, una mujer llevó a sus hijos al show como premio por sus buenas notas durante la primera parte del año. Un espectáculo maravilloso donde los presentes eran testigos de las habilidades de los artistas.

Un clima tenso se apoderaba del público cuando un pequeño ser de origen húngaro, presentado como un fenómeno, aparecía entre la multitud. Se trataba de Belek. Decían que su pelo era rojo como la sangre y que tenía ojos vidriosos celestes, los cuales miraban al público de manera desagradable y hasta con desprecio.

La gran carpa del circo "Los Zares" fue instalada en avenida La Plata. (Foto ilustrativa: captura YouTube / Leonardo Ventosa)
La gran carpa del circo «Los Zares» fue instalada en avenida La Plata. (Foto ilustrativa: captura YouTube / Leonardo Ventosa)

A medida que pasaban las semanas, muchos de los artistas del circo caminaban por el Bajo Flores para conocer el lugar. De hecho, algunos pudieron conseguir habitaciones para poder vivir afuera de la carpa.

Un día, en el barrio trascendió la aberrante noticia de que los animales del circo aparecían muertos y sin sangre. “Todos tenían un patrón en común, dos heridas de forma circular marcados en el cuello”, explicó Hernán Santiago Vizzari, que explora la historia de los cementerios porteños.

Boris Loff, que era dueño del circo, les avisó a los integrantes sobre lo que pasaba. Cuando comunicó esto, uno de ellos no estaba: Belek. Al poco tiempo, sus compañeros lo vieron succionar con devoción la sangre de una monita tití, que era uno de los animales más queridos por los chicos que la veían en los espectáculos.

Sin dudarlo, por la noche Loff desarmó la estructura del circo y partió con destino desconocido junto a su equipo. Algunos dicen que se fueron para la ciudad de Rosario, aunque no está del todo claro. En tanto, Belek quedó abandonado a su suerte en el Bajo Flores.

El miedo se apoderó de los vecinos, que aseguraban que se escondía en casas abandonadas. Al mismo tiempo, los que aparecían asesinados ahora eran los animales del barrio, y de la misma manera que los del circo: con dos orificios en el cuello. Ratas, gatos, pájaros y algún que otro perro de la calle eran sus víctimas favoritas.

Por precaución, comenzó a generalizarse entre los vecinos el uso de botas altas de cuero, justamente por temor a ser atacados. También el uso de ristras de ajo que colgaban en las puertas y ventanas de las casas, ya que al ajo se les atribuyen propiedades ficticias como la de que combate a los vampiros. A esta altura, ya lo habían bautizado como el “vampiro” Belek.

Algunos de los vecinos colocaban ristras de ajo en puertas y ventanas para espantar a Belek. (Foto ilustrativa: El Heraldo)
Algunos de los vecinos colocaban ristras de ajo en puertas y ventanas para espantar a Belek. (Foto ilustrativa: El Heraldo)

Belek fue capturado, aunque no por mucho tiempo

Una noche, unos jóvenes estaban jugando al fútbol en una típica cancha de tierra del barrio. En medio del partido, uno de ellos observó de reojo algo que le llamó la atención. Como si hubiera metido un gol, gritó con todas sus fuerzas que quien estaba ahí era Belek. “Agárrenlo rápido que se escapa”, les dijo sus amigos.

El arquero, rápido de reflejos, arrancó la red del arco y con mucha precisión logró capturarlo luego de que se trastabillara en la huida. Sin embargo, el triunfo duró muy poco.

En medio del desconcierto y el miedo, mientras pensaban qué hacer con él (si entregarlo a la policía, golpearlo e incluso uno pensó en matarlo), Belek pudo cortar la red con una navaja que tenía encima y se fugó ante la mirada atónita del grupo.

Desde ese momento, algunos aseguran que jamás volvió a aparecer por el Bajo Flores. Aunque también, hasta el día de hoy, están aquellos que dicen haberlo visto merodeando dentro del cementerio de Flores y sus alrededores.

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