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Prepagas: La chancha y los veinte

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Por Claudio Rosso

Salido el decreto reglamentario de libre elección de Obras Sociales e inclusión de las prepagas dentro del sistema,  ha sido recibido con vítores por algunos, con serias críticas por otros y con indiferencia por muchos.

Hasta hoy el sistema de medicina prepaga cuenta con 1 millón 800 mil beneficiarios por asociación directa y otros 4 millones que acceden a una prepaga transfiriendo sus aportes desde sus obras sociales.

Estos últimos serían, al menos en la intención del decreto, los beneficiados pues al poder derivar sus aportes directamente a una prepaga, sin la intermediación de una obra social aplicarían todo su aporte al pago de la prepaga y verían así un beneficio en el precio.

Pero las críticas más extremadas provinieron desde el sector empresarial de la medicina prepaga.

El Decreto 170/2024 publicado esta semana en el Boletín Oficial, que entrará en vigencia el 1 de marzo, iguala las condiciones de las obras sociales y las prepagas, integrando a estas últimas al marco regulatorio de la Ley 23.660 de obras sociales.

“El decreto habla de que las empresas de medicina prepaga deben aportar el 20% a ese Fondo al que ya aportan todas las obras sociales. Las sindicales el 15% y las de dirección el 20% de todos lo que perciben. ¿Con qué objetivo? Para cubrir las llamadas enfermedades de alto costo y la discapacidad. Es un fondo siniestro, que ha funcionado pésimamente mal a lo largo de su historia.” Se quejó Claudio Belocopit dueño de Swiss Medical y presidente de la UAS, la Unión Argentina de Salud.

Es decir, las empresas de medicina prepagas que desde una posición preponderante, sino cartelizada, a las que no les tembló el pulso para aplicar un feroz ajuste del 112% en el primer trimestre del año para recuperar, según ellos, lo perdido por las condiciones económicas desfavorables de los últimos años, condiciones económicas que golpearon fuertemente a toda la sociedad, ahora ponen el grito en el cielo porque deben aportar al Fondo de redistribución.

Ese fondo, a cargo de la Superintendencia de Servicios de Salud, fue creado en 1980 y tiene como objetivo reintegrar el dinero a las obras sociales en el caso de tratamientos complejos y costosos o prestaciones por discapacidad.

No es un fondo siniestro, siniestro pudo haber sido el manejo del fondo, o siniestro pudo haber sido el carnaval de recursos de amparo ante las justicia para que las prepagas cumplieran con las prestaciones correspondientes y que sistemáticamente se negaron a brindar.

Frente a todo esto son varios los cuestionamientos que desde la perspectiva de un hombre común podemos hacer.

Lo primero que se viene a la memoria es la pandemia, todos encerrados, no había turnos médicos sino de urgencia o por Covid-19, no hubo operaciones programadas de ningún tipo, no se podían realizar estudios médicos complementarios. El estado subsidió todos los tratamientos por Covid-19. Por su parte las prepagas continuaron cobrando religiosamente sus cuotas y por el lapso de casi dos años prácticamente no brindaron ninguna prestación, como resultado lograron un formidable superávit. Pero de eso no se quejaron nunca y prefieren no hablar.

Como dijimos más arriba, las prepagas solo tardaron unas pocas semanas en salir con recomposiciones feroces en las cuotas, como si ellos solos fueran los perjudicados económicamente en los últimos tiempos, cantando vivas por la desregulación y a la libre empresa, pero la risa se volvió mohín cuando se enteraron que debían tributar al Fondo Solidario de Redistribución.

Más temprano que tarde, las empresas de medicina prepaga hicieron saber que ese 20% que debían aportar serían trasladados a las cuotas de los afiliados haciéndolas más caras.

Cabe preguntarse entonces, ¿Cómo encararán nuestros empresarios los desafíos de un mercado competitivo? ¿Cuál es la creatividad de estos empresarios para enfrentar situaciones potencialmente desfavorables en un escenario de libre empresa? ¿Nunca van a correr un riesgo?  ¿Solo se les ocurre trasladar los costos al afiliado? Así, se me ocurre, cualquiera es empresario.

Es sabido que toda empresa que opera en un mercado competitivo, está expuesta a los riesgos normales de ser empresa, a competidores, a impuestos, a cambios en el mercado. Nuestros empresarios parece no saberlo, solo les preocupa no perder.

Para completar el panorama, es necesario tener en cuenta que el reconocimiento de mayores costos por parte de las empresas de medicina prepaga hacia sus efectores solo llega al 9%. Es decir que casi todo el incremento en las cuotas se queda en las arcas de las prepagas.

Tal vez el libre mercado y la libre empresa sean una solución viable para transformarnos como país en uno mejor, pero tal nivel de angurria, mediocridad y falta de creatividad en el empresariado criollo va a hacer fracasar cualquier plan. Pues como se decía en el barrio cuando era chico, quieren la chancha y los veinte.

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