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Los días perfectos

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

El reciente filme de Wim Wenders es una exquisita obra de arte atravesada por el rock

En “Extras” (2005 – 2007), una recordada miniserie del genial Ricky Gervais -muy recomendable de ver-, con la ironía que siempre lo caracteriza, de manera casi profética en dicha ficción le sugiere a Kate Winslet que si alguna vez quiere ganar el Oscar a Mejor Actriz le convendría encarnar algún personaje contextualizado en el horroroso Holocausto perpetrado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Dicho y hecho, muy poco después la Winslet protagonizó “The Reader” (2008), ambientada en la Alemania de posguerra, consiguiendo el codiciado premio, y confirmando la reiterada inclinación de la Academia de Hollywood por distinguir todo aquello que los haga aparecer como políticamente correctos, aunque se les note que siguen siendo conservadores, racistas, prejuiciosos y sexistas.

Este pasado domingo, en la categoría de Oscar a la Mejor Película Internacional competían “Yo Capitán” (Italia), “Sala de Profesores” (Alemania), “La Sociedad de la Nieve” (España), “La zona de interés” (Reino Unido) y “Días perfectos” (Japón). Ganó “La zona de interés”, una muy buena película dirigida por Jonathan Glazer que exhibía la vida familiar de Rudolf Höss, el monstruoso jerarca nazi a cargo del campo de concentración de Auschwitz, que habitaba lujosamente con los suyos justo al lado de donde se exterminaba a la población judía. Gran realización, pero nunca comparable, en cuanto a calidad artística, a la exquisitamente bella película “Perfect days”, la más reciente producción guionada y dirigida por el reconocido y multilaureado Wim Wenders (Düsseldorf, 1945), que dirigiera, entre otras, “Las alas del deseo” (1987) y “Paris, Texas” (1984).

“Perfect days” no ganó el Oscar. Si buscamos aceptación y preferencias hacia las obras de arte hay que pensar en la Concha de Oro de San Sebastián, el León de Oro de Venecia o el Oso de Oro de Berlín. Es decir en Festivales de cine que apuntan más a la calidad que al éxito comercial. Pero nunca esperarlo de la Academia hollywoodense.

Wenders narra la cotidianeidad de Hirayama, un hombre mayor pero no anciano, que vive modestamente y solo en Tokio (Japón), reiterando sus rutinas que paradojalmente parecen de momentos únicos, y mostrando cómo cada despertar es un renovado milagro que motiva celebrar la vida, y agradecerla. Porque nuestro protagonista tiene una permanente mirada atenta que le permite percibir fácilmente la belleza y el encanto de las cosas comunes, cuando todo es un descubrimiento sin fin, que debe ser apreciado y también registrado. No por nada es un gran lector de William FaulknerPatricia Highsmith y Aya Kōda, también un artista de la fotografía manejando luces, planos, focos y contrastes, como asimismo un amante de las mejores expresiones del rock de la historia, un recordador de historias diarias a través de las plácidas imágenes oníricas que lo acompañan cada vez que sueña -justo después de su diaria lectura nocturna-, y fundamentalmente, una persona moralmente ejemplar que sólo busca servir a los demás cuidando del Bien Común.

Cuando llega cada domingo, todo cambia, pero en el entramado de otros hábitos que se reiteran: saldrá en bici, pasará por la tintorería para limpiar su uniforme, buscará su rollo ya revelado y le cargará uno nuevo para volver a registrar la semana que se aproxima. Y todo ello le provoca placer.

Hirayama, estoico y de equilibrio zen, habla con sus silencios. Su jornada comienza siendo despertado por el barrer de una vecina. Como cada día de lunes a sábados, recogerá su colchoneta de dormir, se afeitará y recortará su bigotito, comprará un café en la máquina de su vereda, subirá a su autito disponiéndose a ir a su trabajo en “The Tokio Toilet”, donde es un supervisor de limpieza dedicado de manera detallista, minuciosa y obsesiva al aseo de un circuito de baños públicos a lo largo de un barrio de su ciudad. También comerá en los mismos lugares. Y mientras arranca, seleccionará el casete musical de su amplia colección que lo acompañará en el trayecto. Allí conoceremos que es un fino gozador del mejor rock de todos los tiempos, atrapado en una modalidad predigital.

El desfile de grandes canciones comenzará con The Animals interpretando el clásico “La Casa del Sol Naciente”. Pero observen qué lista: “Pale Blue Eyes” (The Velvet Underground), “The Dock of the Bay” (Otis Redding), “Redondo Beach” (Patti Smith), “Sleepy City” (The Rolling Stones), “Sunny Afternoon” (The Kinks), “Brown Eyed Girl” (Van Morrison), y, claro, la contextualizadora “Perfect Day”, del legendario Lou Reed. Buena parte del presupuesto de producción de la película se le fue a Wenders en pagar los derechos de las canciones.

Cada una acompaña una escena determinada, explicándola. Nunca fue tan necesario para el espectador promedio que en los subtítulos se incluya la traducción de la letra de cada una. Así se sucederán las pequeñas cosas. El arbolito y su jardincito. El niño extraviado. La ducha pública. La televisación de un combate de Sumo y un partido de baseball. El homeless de los árboles. El partido de ta te ti. Su rezo en el templo budista. El dependiente y su renuncia. Y la conquista de éste. Y su nueva reemplazante. La aparición de su sobrina adolescente y el reencuentro con su adinerada hermana. 

Y algunas frases, de las pocas que salen de su boca y que plantean enigmas a develar: “La próxima vez es la próxima vez. Y ahora es ahora”. “Si agregas dos sombras una encima de la otra, ¿el ´color´ que producen es más oscuro o el color de dos sombras es el mismo que el de una sola?” Y también una posible referencia a Martin Heidegger con eso de los diferentes mundos personales.

Para el final, atisbará a una pareja furtiva escondiéndose en un bar. El hombre de ese dúo lo buscará después, para explicarle que son dos exesposos y que él se está muriendo y pretende disculparse. “La vida termina y no lo sabemos todo”, reflexionará Hirayama, desde su aparente sosiego interior, ese que bien podría estar cubriendo alguna fractura espiritual que aún no terminó de soldar.

De algún pequeño parlante se lo escucha a Lou Reed cantando: “Sólo un día perfecto. Bebe sangría en el parque. Y luego, cuando oscurece, nos volvemos a casa. Sólo un día perfecto. Alimentar a los animales en el zoológico. Luego, más tarde, una película también. Y luego, a casa. Oh, es un día tan perfecto. Todos los problemas se quedan solos. Fines de semana, solos. Es tan divertido. Me hiciste olvidarme de mí mismo. Pensé que era otra persona. Alguien bueno. Oh, es un día tan perfecto. Me alegro de haberlo pasado contigo. Vas a cosechar justo lo que siembras”.

“Días perfectos” es tan grande que parece invitar a ser sutilmente olvidada, quizás sabiendo que si la viste, ello resultará imposible. Porque siempre, esas pequeñas cosas que nos conmueven tanto, tal como alguna vez explicó Serrat, hacen que “lloremos cuando nadie nos ve”.

FICHA TÉCNICA

“Perfect days” (Japón, 2023)

Escrita y dirigida por Wim Wenders

Con Koji Yakusho y Tokio Emoto

Género: drama – Duración: 123´

Calificación: excelente<<<zd><e

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