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Las musas del rock

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

Pattie Anne Boyd cumplió 80 y fue la máxima musa rockera. Pero no la única

Para la mitología griega las musas eran aquellas nueve divinidades capaces de inspirar a los artistas, susurrándoles ideas creativas a todos aquellos que las invocaran. Hijas de Zeus y de Mnemósine, todas fueron amantes del dios Apolo, con quien tuvieron descendencia. Para Homero eran diosas de la música y la poesía habitando el Olimpo. Aunque también destacaban en la danza. Más que suficiente para saber que estas deidades eran fundamentales a la hora de dotar de originales ideas estéticas a sus adoradores de todas las épocas, fuesen del campo artístico o del pensamiento al que hayan pertenecido.

Asoman y destacan así, en un recorrido histórico, dos nombres propios. Una fue Beatrice, la legendaria musa y gran amor de Dante Alighieri (Firenze, 1265 – 1321), quien inició la “Divina Comedia” -su obra cumbre- afirmando “En medio del camino de la vida, errante me encontré por selva oscura, en que la recta vía era perdida”. Dante describía a Beatriz como una dama bendecida y muy hermosa, de voz tierna, dulce y discreta. Voz de ángel, música propia. Pero, y aquí lo notable, Dante nunca estuvo concretamente con ella. Sólo la habría visto dos veces en su vida, la primera él con nueve años y ella de ocho. “Desde ese momento en adelante, el amor gobernó mi alma”, afirmó el poeta. Sólo la vio en una ocasión más, nueve años después, mientras ella caminaba por la calle. Beatriz lo saludó y él no pudo ni contestarle, tal su emoción. Y aunque se casó con otro hombre, y murió joven, fue el amor eterno del Dante, no obstante éste hubiera desposado aGemma Donati, madre de sus hijos. Pero nada comparable a la sublime Beatrice.

El otro caso notable fue el de Lou Andreas-Salomé (San Petersburgo, 1861 – 1937), la recordada escritora y psicoanalista rusa, que enamorara -entre otros destacados intelectuales- a Friedrich Nietzsche, Rainer Maria Rilke y Paul Rée. Siempre dispuesta al amor libre, de parejas abiertas y vínculos superpuestos, Lou fue otro referente como musa inspiradora. 

En el siempre convulsionado (y machista) mundo del rock está instalado el clisé de que sus estrellas viven rodeados de mujeres dispuestas a todo con tal de alcanzarlos y compartir memorables momentos con ellos. Mujeres, que algunos llaman groupies, fanáticas seguidoras de bandas o solistas a las que se las considera meros objetos sexuales que, a lo sumo, inspirarán alguna que otra cancioncita que engrosará el repertorio de cada músico.

Sin embargo, la historia del rock registra casos excepcionales de destacadas mujeres que provocaron mucho más que una emoción pasajera, de no mucho más de una noche o, quizás, alguna breve temporada. Es que a nivel internacional, nadie provocó tanto como Pattie Anne Boyd (Taunton, UK, 1944), famosa modelo y fotógrafa mundialmente conocida desde la década del 60, quien acaba de cumplir 80 años y ostenta un registro personal inalcanzable en dicho contexto: fue esposa de dos famosísimos rockers como George Harrison y Eric Clapton, y fugaz pareja de Ron Wood. Los tres, además, guitarristas. El primero  miembro fundador de The Beatles, el segundo autocalificado como Dios (Clapton is God), y el tercero miembro permanente desde hace décadas de The Rolling Stone. Nada menos.

En 1964 ya era una modelo famosa que participó del filme de The Beatles “A Hard Days Night”. Durante su filmación le atrajo George Harrison, el más joven y tímido de sus miembros. Y fue un mutuo amor. Ella introdujo a la banda en prácticas orientalistas, intentando alejarlos de las ya crecientes inclinaciones por las drogas. Se casaron con el padrinazgo de Paul McCartney. Fue así que George le compuso “Something”(aunque no fue la única canción), para confesar: “En algún lugar de su sonrisa ella sabe que yo no necesito otra amante”. Algo que no era rigurosamente cierto, habida cuenta de sus reiteradas infidelidades. Por esos días, el consumo de alucinógenos y una fama mundial difícil de asimilar los fueron alejando gradualmente. Momento propicio para que entrara en escena amorosa el ya consagrado Eric Clapton, quizás el mejor amigo de George…


Clapton, atraído por Pattie desde mucho tiempo antes, buscó conquistarla. Fue por ella que compuso “Layla”, para decirle “Traté de consolarte cuando tu viejo hombre te decepcionó. Como un tonto, me enamoré. Mi mundo se puso de cabeza”. Y fue por ella que hizo rehabilitación. Finalmente, en 1979, se casaron. Pero no pasaría mucho para que el músico recayera en las adicciones, cambiando la heroína por el alcohol. Y alternando sentimentalmente con numerosas fans, aunque Pattie Anne Boyd fuera la chica de sus sueños. A quien también le dedicó “Wonderful Tonignt” en 1976 cuando aún eran novios, y la esperaba impaciente a que terminara de arreglarse para salir juntos rumbo a una de sus presentaciones.

Una nueva relación de Clapton con otra modelo y una inminente paternidad con ella le puso punto final al vínculo. Pattie se dedicó sólo a la fotografía. Y en su haber quedaron algunas de las más bellas canciones de amor que ha dado el rock. 

Corresponde en este recorrido mención especial a Bebe Buell, quien conquistó a un largo listado de rockers, como Steven Tyler, Iggy Pop, Rod Stewart, Elvis Costello, David Bowie y Mick Jagger. Una verdadera coleccionista, aunque no hay constancia de que haya cosechado canciones en su nombre.

También se han registrado ejemplos resonantes en cuanto a musas de músicos relevantes. Tales los casos de Yoko Ono con John Lennon, de notoria influencia artística en el músico (“Imagine” fue casi de ella e inspiró “Starting Over”, “La Balada de John y Yoko”, “Oh My Love” y “Jelous Guy”). Lo propio años antes Joan Báezcon Bob Dylan, casi una descubridora del filósofo del rock, aunque primero estuvo Suze Rotolo, su novia durante tres años. Inolvidable Anita Pallenberg, que primero fascinara a Brian Jones y poco después a Keith Richards, ambos en tiempos primigenios de los Stones. Lo mismo Pamela Courson con Jim Morrison, que en “Unhappy Girl” le cantó: “Estás encerrada en la prisión de tu propia invención, y no puedes creer lo que me está haciendo verte llorar”. 

Asimismo James Hetfield, el líder de Metallica, se lució con ese himno que es “Nothing Else Matters”, dedicado a una antigua novia. También Robert Smith, de The Cure, tendrá lo suyo con “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me”, una idílica confesión de amor. No menos importante fue Erin Everly, la dulce chica de “Sweet Child O´Mine”. Hasta el ilustre poeta y filósofo Leonard Cohen hizo lo propio con “Chelsea Hotel”, detallando minuciosamente su encuentro sexual con Janis Joplin. La lista sigue hasta nuestros días. Pero aún así nada se compara a Pattie Anne Boyd. 

Los de Catupecu reconocían: “Hablo con musas. Las mías, las tuyas y las de los demás”. Y ya lo decía Andrés Calamaro: “La musa es una sola musa. O es una serpiente de muchas cabezas. Los buscadores de promesas la tientan con cerveza. Si se va puede volver el día menos pensado. Para darle su consuelo al poeta mal hablado”.

Es que… ¿cómo sería una vida sin musas ni amor?

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