lunes, abril 22, 2024
17.7 C
San Pedro

Rock de los amaneceres, parte 2

Tenés que leer..

Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

Cerramos este abordaje rockero en más de un idioma

En un reciente artículo vimos cómo el rock nacional argentino le dedicó espacio, ideas y canciones, y especialmente metáforas, a ese particular momento del amanecer, el de los primeros albores del día, esos que anticipan imprevisibles mañanas. Hoy completemos esa idea, sigamos con algo de rock nacional y también vayamos más allá de nuestro territorio.

Quedó dicho, también, que el amanecer puede representar el comienzo de algo. O un empezar de nuevo. Es el final de una noche. Es la alborada que deja aclarar la oscuridad. Aunque persista el misterio de lo todavía desconocido. También implica el tiempo que se esperó la reiterada aparición del sol. Esa divinidad adorada desde la más remota antigüedad, cuando los eclipses se temían tanto y hacían sentirse abandonados.

Los amaneceres generan emociones, muchas veces encontradas, y hasta en simultáneo. Tal el torbellino que provocan. Alegrías y tristezas, pesimismo y esperanza, satisfacción y frustraciones, certezas y estupores. E intensifican amores y odios, cuando recién nos despertamos o, acaso, estamos casi durmiéndonos. Y todo eso se expresa en numerosas canciones. Repasemos algunas de ellas.

En su álbum “La Esquina Del Infinito” (2000) los de La Renga con “Motoralmaisangre” nos cuentan del final de una noche, a la espera de la primera claridad, esa que quita el velo los misterios: “Revisa todo en tu interior para salir en la mañana detrás del sol. Y al ver que la ruta hierve la sangre de tu pasión, busca el secreto que trae el viento, búscalo”. Con “Padre Nuestro” Los Cadillacs, todo el ska, y la expresión de su propia plegaria: “Quiero ver amanecer, pero del otro lado ver amanecer. Pero que alguien se quede aquí para saber si yo sigo vivo”.


Ella Es Tan Cargosa y su colección de canciones. En su álbum “La Sangre Buena”, del 2007, incluyen “Las Mañanas”, para reconocer lo que no todos de este costado musical hacen: “Vas a ver, vas a ver, las mañanas no están tan mal, aunque no riman con rock and roll. Pero riman con claridad”. También “Donde no van las Melodías” de EETC, y el relato de “Antes del amanecer. Antes de que se largue a llover. Y antes de que no me mientas que creés en mis mentiras. Además aluden a este momento del día en “Libro de Quejas” con “Otro andén, otro amanecer. Otra ciudad dormida. Otro humor bajo el temporal. Otra estúpida herida. Otra vez uso una canción como libro de quejas. Un lugar donde inventariar nuestras peores miserias”. Tres no fueron suficientes para EETC: “Otra vez la luz del amanecer nos encuentra en lo mejor de lo que ya es la ex noche. …Salimos los dos. Seis y veinte y ya pica el sol. Tu vestido a plena luz tiene un aire algo espacial bajo la mañana azul”.

El Rolas, su rock urbano, y los “Amaneceres”, para confesar: “Las noches se volvieron días. Lloré por mil lunas su adiós. Y herido del corazón, en este rincón. Y aparecí después que nadie me ha encontrado bajo el sol. …Ya me cansé de aguantar cuando amanece y el sol grita que no estás”.


Desde España “En tu agujero” y toda la poesía explícita de Kutxi Romero liderando Marea, narrando el después de una noche pasional: “Corté la garganta del gallo que quiso cantar alboradas para celebrar que la noche se estaba muriendo. Que si no amanezco, me crezco y me puedo tragar cucharadas de la oscuridad de tus ojos, y así me alimento”. También “Amanecer en el Puerto” y un título de Alameda que nos hace pensar en la Boca y en Quinquela Martín. Pero no, es en clave de cante jondo: “Asómate a tu ventana, que amanece un nuevo día. Y las que fueron mis penas son causa de tu alegría. Despierta de tu silencio…”

El listado sería interminable: “Otoño Amanecer” (La Cumparsita Rock 72), “Amaneceres” (Rock´n Rolas), “Más de Cien Amaneceres” (La Fuga), “Antes del Amanecer” (Hijos del Rock), “Al Amanecer” (Los Fresones Rebeldes). Procedencias diversas pero un mismo idioma.


El recorrido seguiría incompleto si no buceamos en los orígenes mismos del rock. “Early in The Morning” (Buddy Holly): “Bueno, me vas a extrañar temprano en la mañana. También la eterna “La Casa del Sol Naciente” (Animals). Infaltable la época de oro de la música popular contemporánea, con “Here Comes The Sun” de The Beatles.

The Who, la banda británica pionera en componer discos conceptuales por la pluma de Pete Townsend, y “Sunrise”, su canción de un joven amor: “Me quitas el aliento que estaba guardando para el amanecer. Apareces tú y la mañana se ve apagada ante mis ojos”.


Ya en la costa oeste estadounidense Jim Morrison, el poeta dionisíaco y exégeta rockero de Friedrich Nietzsche, encabezando la psicodélica The Doors, canta “Waiting for The Sun”, con todo el contenido onírico en la voz del Rey Lagarto: “En el primer destello del Edén corremos hacia el mar. Parado allí en la orilla de la libertad, esperando el sol”.


Y si se trata de elaborar una playlist propia que trate de alboradas, nada más recomendable que “Sunrise”, de Coldplay, un exquisito instrumental que hace de introducción al bello álbum “Everyday Life”, de 2019. No puede dejar de incluirse la de Simply Red, “Sunrise”, y esa letra de ensueño: “Mientras te miro a los ojos veo el amanecer. La luz de tu cara me ayuda a darme cuenta”.

Párrafo especial para una letra que viene a cuento del especial período que transitamos. Justo sobre el final de lo que el Cristianismo denomina “Semana Santa”. En la que como si quien hablara fuera el Cristo, en tiempos de Pescado Rabioso, Luis Alberto Spinetta, el filósofo místico del rock, con “Post Crucifixión”, pinta un cuadro musical próximo a la impactante escultura “La Pietá” de Miguel Ángel, que ese era el efecto que le provoca al autor de esta nota ver esa escultura cada vez que entra a la Basílica de San Pietro en ciudad del Vaticano. Con esa poema doliente que decía, anticipando la Resurrección: “Abrázame, Madre del dolor. Nunca estuve tan lejos de mi cuerpo. Abrázame, que de la vida yo ya estoy repuesto. Abrázame, Madre del dolor. Nunca estuve tan solo en este mundo. Abrázame, que amanece, y hay resignación. Y en esta quietud que ronda mi muerte, no tengo presagios de lo que vendrá”.

Esos primeros destellos alumbraron el inicio de una era. Y mientras el mundo siga siendo mundo, volverá a salir el sol.

Últimas noticias

Los secretos sobre nuestro cerebro que reveló uno de los más singulares y ambiciosos estudios jamás realizado

La historia comienza en una habitación subterránea con poca luz, con nubes arremolinadas de aire helado y filas de...

Más noticias como esta