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“Bebé Reno”, “Pure” y “Una familia normal”

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Por Ernesto Edwards/Filósofo y periodista @FILOROCKER

Dos series y una película vistas sucesivamente reclaman que reflexionemos sobre las situaciones de abuso

Uno de los pocos privilegios que puede ofrecernos ir envejeciendo, si es que en su momento tratamos de ir haciendo bien las cosas -cuestión que todavía nos quede un tiempo para decisiones propias y libres-, es la de ocuparnos en actividades que mayor placer nos proporcionan. Que al modo de la propuesta de Aristóteles es la de índole intelectual, la que más puede prolongarse a lo largo de lo que pueda quedarnos como lapso existencial.

Para quienes, a la par de enseñar en la universidad y en los profesorados, hemos ejercido (y lo seguimos haciendo) el periodismo como un modo más de educar y difundir la aplicación de Objetos Culturales en Educación y, como en mi caso particular, tener una Columna habitual de publicación periódica, la selección del tema de la semana depende de numerosos factores. Puede ser un hecho coyuntural resonante, o el desarrollo de una efemérides vinculada con el tópico recurrente de dicho espacio, o un tema que se viene investigando, o retomar un debate iniciado con anterioridad.

La duda para la presente publicación giraba en torno a decidir sobre una de las tres diferentes producciones a las que más atención le dediqué en días recientes: la miniserie británica “Bebé Reno”, el serial sueco “Una familia normal” (ambas de reciente estreno en plataformas), y del mismo origen el filme “Pure”. Hasta que entendí que había estado viendo tres producciones que abordaban como eje temático principalmente la misma cuestión: el abuso. Eso que sucede cuando alguien, desde una situación de poder que lo posiciona en una posibilidad de respuesta desproporcionada que facilita el sometimiento del otro, reduce y condiciona su voluntad para conseguir con facilidad su propósito, muchas veces amparado en la impunidad y la naturalización social.

Desde ya que las tres son altamente recomendables a la hora de decidir ver algo que a la vez de ser un efectivo entretenimiento sea una propuesta de una calidad tal que estimule el análisis y la reflexión. Y, debo confesar algo, lo de “Pure” (2010) fue consecuencia de una intensa búsqueda en los últimos años. Se trata del debut cinematográfico absoluto de Alicia Vikander (Gotemburgo, 1988), una de las dos o tres mejores actrices del mundo de su generación, quien a sus 21 años deslumbrara a la crítica europea con una actuación incomparable, de variados matices y una intensidad sin par. “Pure” fue filmada en la misma Gotemburgo que tanto recorrí infructuosamente en busca de encontrar alguna copia. Hasta que finalmente la conseguí.

Se la promocionaba como una propuesta que exponía cómo el arte puede salvar a las personas de la locura y la autodestrucción. Pero en su contenido encontré mucho más. Porque Katarina (con una maravillosa performance de la Vikander), una joven de 20 con problemas emocionales y trastornos de conducta, de paso por instituciones de salud mental y de familia casi ausente, sale al mundo sin experiencia, sin formación cultural y con una alta dosis de ingenuidad. Conseguirá trabajo de recepcionista en el teatro local, a cargo de la orquesta sinfónica, y allí recibirá la atención del director musical, un cincuentón que la deslumbrará con sus conocimientos, introduciéndola en la música y la filosofía, y manipulándola de tal modo que la protagonista caerá en las redes de su seducción, sin darse cuenta de que era otro temporario objeto sexual descartable. Y si bien es cierto que ambos son mayores legalmente, a nadie escapa la situación de abuso de alguien que desde un lugar de poder presiona a una jovencita ignorante, desvalida, desequilibrada e ingenua. La película es una joyita que además permite ver el inicio cinematográfico de Alicia Vikander.

No hace tantas semanas se estrenó “Bebé Reno” (“Baby Reindeer”, Netflix, 2024), miniserie británica de siete capítulos, de lo más visto de la plataforma, basada en una historia real y convertida en éxito instantáneo por un argumento que en la superficie muestra una situación de insoportable y desgastante stalking. Un sostenido acoso casi demencial por parte de Martha (Jessica Gunning), una mujer con antecedentes de acosadora serial, que perseguirá a Donny Dunn (Richard Gadd), un joven y vulnerable comediante a quien conocerá mientras trabaja atendiendo la barra, con quien se obsesiona, atacándolo en todos sus frentes y perturbándolo en su trabajo, en su vocación artística, en sus relaciones afectivas y en el vínculo con sus padres. Tanto de manera presencial como a través de sus redes sociales.

Pero lo que en principio parecerá una subtrama se robará el fuego de “Bebé Reno”. Pues (atención spoilers) Donny se relacionará con un maduro productor televisivo que le ofrecerá su protección y soporte personal para introducirse como guionista en el mundo del espectáculo. Sin advertir que este personaje, amparado en la confianza que generó, comenzará a drogarlo y a abusarlo sexualmente, sumiéndolo en una situación de extrema confusión e inestabilidad, con actitudes autodestructivas. La escena más tocante será cuando reunido con sus progenitores su padre le dará a entender que lo comprende porque él de niño fue a una escuela católica donde fue abusado por los curas. “Bebé Reno” sobre el final de la historia se irá deshilachando, pero en el promedio general es una propuesta que merece verse.

Finalmente, “Una familia normal” (Netflix, Suecia, 2024), una imperdible miniserie dramática de seis episodios, de origen nórdico, basada en la exitosa novela homónima, expondrá con un buen guión e impecables actuaciones, y todo en clave de policial, la historia de una familia que vive en Lund, un pueblito en las afueras de Malmö, Suecia, la que entrará en crisis cuando su hija de 15 años será abusada por un treintañero entrenador físico que se aprovechará de su rol para someterla. Y aunque en dicho país esa edad es legal para estos vínculos si media un consentimiento explícito, a nadie se le escapa la desproporción entre un participante y otro. “Una familia normal” focaliza en los sucesos previos y posteriores al asesinato de un empresario de 32 años que se convierte en pareja de la joven cuatro años después del abuso, y cómo la familia se irá desmoronando hasta llegar a un inesperado y liberador final.

Los tiempos han cambiado. Desde hace años todos sabemos que las situaciones que otrora se naturalizaban en los vínculos interpersonales, hoy son fácilmente reconocibles como abusos. Cuando antes se pensaba que si en un proceso de conquista amorosa te bloqueaban con una negativa en realidad te estaban diciendo que siguieras avanzando, hoy se sabe que es altamente probable que te estén diciendo rotundamente que no. El abuso -del tipo que sea-, claramente, es una perversión. No se lo debe permitir ni tolerar. Y corresponde ser castigado.

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