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Rock de las banderas

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Por Ernesto Edwards / Filósofo y periodista @FILOROCKER

En el rock también se habla de banderas

En Argentina se transita la Semana de la Bandera, con su estandarte celeste y blanco que fuera izado por primera vez en las barrancas de Rosario el 27 de febrero de 1812. En esta tradición cultural necrofílica se recuerda el hecho justo el día de la muerte de su creador, el abogado y militar Manuel Belgrano, ocurrido el 20 de junio de 1820, con la justificación de que convenía una fecha con el ciclo lectivo corriendo.

En “Vagabundear”, el catalán Joan Manoel Serrat, (que aquí se siguió cantando en la versión rockera de La Mancha de Rolando) confesaba: “Y para no olvidarme de lo que fui, mi patria y mi guitarra las llevo en mí”. Y es que aunque hayamos decidido recorrer el mundo y transitar países diferentes, porque no nos sentimos extranjeros en ningún lugar, nuestros colores, nuestra insignia, nos siguen representando y conmoviendo, al evocar a aquellos que dieron todo por nuestra libertad e independencia. Y no sólo por eso, sino también porque simboliza nuestro lugar de nacimiento, nuestro sentimiento de pertenencia, nuestra actitud de identificación con valores que nos fueron transmitidos y que heredamos.

Una bandera, unos tonos estampados en un estandarte, numerosas veces fue una excusa de falsos nacionalismos que sólo aspiraban a instaurar y justificar regímenes totalitarios de gobierno. Pero muchas más, también, fueron la expresión de ideales compartidos, visibilizados a partir de acompañar los mismos colores de un pabellón. En cualquier caso, como representación de sentimientos y emociones que exceden lo personal e individual para incluir a una comunidad de coincidencias y de acuerdos. Aunque para describirla y caracterizarla, en gran medida dependerá de las experiencias con que cuenten cada uno de los autores que focalicen en ella como el tema principal a desplegar en un texto. Será con orgullo o desaliento. Con alegría o decepción. Pero siempre ubicándonos con de qué se trata a la hora de establecer cuál es la enseña de la que se habla.

La referencia histórica sitúa la aparición de una bandera un par de milenios atrás, con el vexilo, un precursor que a modo de lazo utilizaban los legionarios romanos para identificarse y diferenciarse. Pero sería recién con los musulmanes conquistando Europa y sus contemporáneos Cruzados que aparecerían las banderas al modo actual, aunque originariamente no representaban naciones, como en la actualidad, sino personas o familias, y más tarde reinos. Pero, siempre, el emblema propio se defendía con todas las fuerzas disponibles. Con entrega, con pasión, con heroísmos. Porque ese pedazo de tela condensaba la esencia de todo aquel que la defendiera.

En el específico universo del rock, en numerosas ocasiones la bandera juega el rol de una metáfora. En “Medalla de Cartón” el vasco Fito Cabrales recuerda el bombardeo de Gernika (1937) hecho a civiles indefensos a manos de la dictadura franquista: “Esa bandera siempre huele a sangre. Triste paisaje todo de ceniza. Distintas guerras, distintas ciudades…” Robe Iniesta, en la “La Vereda de la Puerta de Atrás” reconoce, tristemente, “Sus soldados son flores de madera, y mi ejército no tiene bandera”. Y él mismo, en “Hoy al mundo renuncio”, enamorado, confiesa: Que en este tejado la única bandera son sus bragas negras”.

“Banderas en tu corazón, ¡yo quiero verlas!, ondeando, luzca el sol o no. ¡Banderas rojas! ¡Banderas negras!, de lienzo blanco en tu corazón”, cantaban Los Redondos, y aludían a los “trapos” de las bandas suburbanas, cultoras de las misas ricoteras convocadas por el Indio Solari. Luca Prodan, un italiano educado en Inglaterra, y que apenas balbuceaba el español, y que fuera una especie de Sócrates contemporáneo que no dejara herederos intelectuales, a través de Sumo, en “Mi Bandera”, en tono de ironía la quería, y planchadita.

“Yo Soy Tu Bandera”, marca registrada de Los Abuelos de la Nada: “Libertad, nada me ata y estoy vivo. No te mueras nunca, libertad. Libertad, socia de los peregrinos”. “Bandera Blanca” Santiago Motorizado, reconociendo la derrota: “Hoy colgué en el balcón mi bandera blanca. Voy a rendirme y a esperar en mi cama”. “Chapa y Bandera” grabó Cielo Razzopara proponer “Dame tu chapa, te doy bandera. Los muertos esperan, pregonan su amor”. Con “Mil banderas” La Beriso fija posición ideológica contra la injusticia y la corrupción: “Vamos, plantemos mil banderas, y que  nuestros sueños se hagan hoy”. 

En “Mi Bandera” Andrés Calamaro se describe: “Mi bandera es la madera de cualquiera”. En “Llenos de Magia” los de La Vela Puerca se esperanzan: “Que se den cuenta que estamos cerca. De bandera la ilusión”. Con “Trapos” Ciro Martínez, liderando Los Persas, grita su canto de tribuna y barricada: “Aguanten los trapos del deseo y la libertad, y aguanten los trapos del saber y la dignidad, y aguanten los trapos de la singularidad, y aguanten los trapos porque sí, porque da”. 

Para “Nuevos Trapos” Charly García la pensó como metáfora de un decisivo encuentro inaugural: “Y aunque cambiemos de color las trincheras, y aunque cambiemos de lugar las banderas, siempre es como la primera vez”. Y también, con “Mil Banderas”, de los platenses de Edipo Rock, queda espacio para una letra de amor.

En “Las banderas” la uruguaya y muy carnavalera murga rockera Agarrate Catalina, que no siempre acierta con sus textos, aquí clarifica sus ideas: “De este lado está la democracia. De ese lado el terrorismo. De este lado una bandera sola. De ese lado, no”. En “Bandera” los mejicanos de Control Machete hacen lo que no queremos ni recomendamos, por mayores decepciones que tengamos: “Quemo bandera. Dejo la feria. Quemo en la hoguera”. 

Con su propia letra de “Bandera” los colombianos de Aterciopelados se muestran desencantados y anarcos contra la discriminación y la xenofobia: “¿Quién dice cuál es la bandera que sobre un pedazo de tierra ondea? ¿Quién decide quién tiene el poder de limitar mi caminar? ¿Dime quién? Que quién es usted. Que dónde nací. Entonces no puede venir por aquí. Que de qué color es?… ¿Quién dijo que un trozo de tela encierra las puertas y las fronteras? ¿Quién me limita…?” 

El rock en inglés también tiene lo suyo. En “Red Flag Day” los católicos irlandeses de U2 anuncian que “Es el Día de la Bandera Roja”, esa que indica en qué condición está el mar. Y que, en ocasiones, arriesgarse puede valer la pena. “One in a Millon”, la destemplada letra que hoy día, en tiempos de tolerancia e inclusión, los Guns N’ Roses decidieron excluir de su catálogo y su repertorio, exudaba racismo y discriminación, apuntando además de a “negros”, a “Inmigrantes y maricones. No tienen sentido para mí. Vienen a nuestro país y piensan que harán lo que les parezca. …Soy un chico blanco de la ciudad”. 

Afortunadamente con “White flag”, popularizada por Dido, nos queda la posibilidad de una bandera blanca que signifique una rendición. La única aceptable: la de reconocer el descubrimiento de un amor. “Flag Day”, y Eddie Vedder para cantar que están pasando el rato con las estrellas”. También los británicos de Coldplay, con un discurso libertario, declaran en “Flags” que “No habrá banderas que me posean, no. Porque sólo quiero ser yo mismo. Pero no necesitas banderas para decirte quién eres”. 

En la vida permanentemente buscamos la paz, siempre que haya justicia. Pero hay cuestiones existenciales en las que se hace preciso que plantemos bandera.

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