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La biopic de Amy Winehouse

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Por Ernesto Edwards/ Filósofo y periodista @FILOROCKER

El filme biográfico sobre Amy Winehouse no le hace justicia

Estrenada hace pocas semanas, y todavía en cartelera en algunas ciudades del mundo, “Back To Black”, la esperada biografía cinematográfica de Amy Winehouse provoca sensaciones y conclusiones contradictorias, porque surge un interrogante cuya respuesta será subjetiva: ¿puede una realización fílmica mostrar una actuación protagónica sobresaliente, y sin embargo tener un guión confuso, una dirección mediocre y constituirse en una película del montón? La respuesta preliminar es que sí. Es este el caso.

Marisa Abela, la joven actriz británica elegida para el rol principal, a quien no hace tanto vimos brillar en la serie “Industry” que emitiera la ex HBO, demostró estar a la altura de tan singular y complejo personaje. Y aunque la biblioteca se divide respecto de la evaluación de su actuación porque para algunos se constituyó en una caricaturación de la Winehouse, es porque no mensuran la intensidad escénica, la precisión de movimientos, sus acertadas inflexiones, el uso de la voz propia a la hora de cantar considerando que el registro y las tonalidades de Amy son inimitables, y que estamos en presencia de una bella mujer como la Abela, de corte diferente a la que poseía Amy Winehouse, y sin embargo provoca que rápidamente hagamos de cuenta que en la pantalla estamos viendo a la verdadera.

Marisa Abela tomó todos los riesgos. Cantar ella misma las icónicas canciones de la reducida discografía de nuestra antiheroína resolvió lo ridículo y vulgar que hubiera sido hacer playback sobre una pista grabada.

Ahora bien: “Back To Black” no debería quedar en la antología de las mejores películas sobre la vida real de un músico. No es “Amadeus”, tampoco “Bird”, mucho menos “Ray” o “Walk the line”. Fundamentalmente porque “Back To Black” adolece de ser superficial, esquemática y simplista. Y de una notoria distorsión de los datos más conocidos de la realidad. Un indiscutible paso atrás de su directora Sam Taylor-Johnson como así también del reconocido guionista Matt Greenhalgh.

Para todo aquel que quiera conocer quién fue Amy Winehouse, lo mejor que puede hacer es tratar de ubicar el prolijo y minucioso documental de Asif Kapadia “AMY” (2015, narrado en primera persona), premiado oportunamente con el Oscar en su categoría. Porque con “Back To Black” no entenderá gran cosa ni sobre la evolución artística, ni sobre el proceso generativo de sus canciones, ni sobre lo que le pasó realmente con Blake -su impresentable esposo-, ni mucho menos sobre su desaprensivo y especulador padre Mitch, un taxista devenido en su manager, quien no dudó en explotarla hasta el final de la vida de su hija, y en exprimir su memoria hasta el presente. Y, además, se quedará sin enterarse de los peores momentos de su carrera, aquellos que conocimos todos a través de los medios y los viejos videos por YouTube. Y eso no será todo: cualquiera creería que su única relación tóxica fue Blake. Pero por la vida sentimental de Amy pasaron varios, y que no serían menos destructivos, como los músicos Pete Doherty y Alex Clare.

Será mejor, entonces, que recordemos en esta nota aquellos detalles que permitirán una mejor comprensión de la historia de Winehouse, quien se fue como se van los que compraron un único pasaje de ida hacia la muerte, a los 27 años, la edad fatídica que parece ser el límite temporal para aquellos que, sin red, arriesgan irracionalmente la vida, sin pensar en el futuro, quizás porque saben que no tienen ninguno. 

En tan poco tiempo y con apenas dos discos de estudio, escribió sobre su propia angustia existencial con una honestidad brutal que abrumaba, y contada con una voz y expresividad que estremecían, con su cuerpito mínimo y frágil, sus tatuajes casi infantiles, su llamativo peinado beehive y la innegable belleza de su arte. Nunca es fácil contar la vida en apenas un puñado de canciones. Amy Winehouse lo hizo.

Esta cantante y compositora inglesa nació y murió en Londres (1983 – 2011), y su última morada en el Camden londinense fue, desde su muerte, motivo de peregrinación para todos aquellos seguidores que se identificaban con sus letras, esas que hablaban, en claves de jazzrhythm and bluessoul y rock la tragedia de una chica común que cantaba con su registro de contralto, su cautivante fraseo y esa extraordinaria facilidad para alcanzar todas las notas, imprimiéndole las emociones de quien anuncia, y muestra, que se está muriendo. Pero, digamos todo: Amy Winehouse murió no sólo por sus conocidos excesos con las drogas y el alcohol. Amy murió de amor. O, mejor dicho, de desamor. De abandono y desamor.

Sus dos únicos discos de estudio fueron “Frank” (2003) y “Back To Black” (2006), impecables registros que permiten apreciar y valorar en toda su dimensión vocal el legado de Winehouse. El primero fue un suceso comercial en su país, y el segundo la hizo ganadora de cinco premios Grammy, y tras su muerte se convirtió en la placa más vendida en todo el siglo 21 en Reino Unido. Sin embargo, el gran público llegó a reconocerla a través de numerosísimos videos de sus presentaciones en vivo en los festivales más populares del mundo y también por sus apariciones en la televisión británica que, afortunadamente, ha compilado y editado el álbum “At The BBC”, que contiene 38 canciones, para poco más de dos horas que recorren sus más grandes éxitos y algunas canciones menos conocidas. 

Digamos también que muchos la conocieron sintiéndose atraídos por el lenguaje crudo y descarnado de algunas de sus letras, y otros también por ese último período que la mostró en sus públicos trastabilleos de su decadente epílogo. 

Amy Winehouse, de familia judía, nació de un padre taxista y una madre farmacéutica, que se separarían cuando Amy era una niña. De infancia inquieta y curiosa, no duraría demasiado en ningún colegio, siendo acusada de prestar poca atención en clase y de ser pronunciadamente indisciplinada. Ya a los 13 y con guitarra en mano se dedicaría a componer sus primeros temas. Y a grabarlos de manera independiente. Esas cintas llegarían a productores y directivos de distintas discográficas que se interesaron en contratarla, pero tardarían bastante en encontrarla, hasta que en 2002 firmó contrato con la EMI, comenzando a grabar “Frank”, denominado así por su pública admiración por Frank Sinatra. En 2006 se editaría “Back To Black”, y con él sobrevendría la consagración definitiva. Aunque verla signifique un paso más allá, habida cuenta del magnetismo que irradiaba y el trance casi hipnótico que provocaba escucharla. Su última grabación oficial fue “Body And Soul”, haciendo dúo con Tony Bennett, y premiada con un Grammy póstumo.

Sus excesos eran un secreto a voces. Al momento de su muerte se le encontraron tres botellas vacías de vodka, quizás buscando olvidar lo que no podía: Blake Fielder, un novio consumidor de las drogas más duras, que a los 22 años de Amy la marcaría para siempre, y quien con cuya ruptura la haría descender a los infiernos, terminando hospitalizada por diversas sobredosis de heroína, crack, cocaína, ketamina y alcohol. Y se sucederían los bochornosos escándalos de sus presentaciones que la mostraban ebria y disfónica. Y no sólo las adicciones la habían arrinconado: la depresión autodestructiva y la bulimia la estaban asfixiando. Y un infundado sentimiento de fealdad propia, porque la Winehouse, a su manera, era infinitamente hermosa. Un mes antes de su muerte se presentó en Belgrado, para una presentación que empezó penosamente, casi sin saber en dónde estaba, y que no pudo terminar. Ese fue su final artístico. Sin embargo su legado la trascendió. Porque todavía conmueve escucharla.

Dos textos dan cuenta de su intensidad y de su cruda poética desnudando su alma. Como en “Rehab”, contando hasta en sus mínimos detalles su propio proceso: “Intentaron hacerme ir a rehabilitación. Pero dije que no, no, no”. Amy estaba avisando, pero nadie la escuchaba.


Y esta otra aún hoy se la considera su mejor canción: “…Sólo dijimos adiós con palabras. Morí cien veces. Tú vuelves con ella, y yo vuelvo a… Vuelvo a nosotros. Te amo mucho. No es suficiente. A ti te gusta fuerte y a mí me gusta suave. Y la vida es como una pipa. Y yo soy un penique diminuto. Rodando las paredes por dentro”. Era “Back To Black”, y ya estaba caminando por la cornisa de un abismo. 

El 23 de julio de 2011, a los 27 años, era encontrada muerta. Algo que en esta fallida película se describe sólo con una inexpresiva placa final.

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