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Marine Le Pen, la líder de ultraderecha que ha sacudido la política de Francia

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El viaje ha durado 13 años, pero le ha valido la pena.

Con una imagen cercana y sin estridencias, Marine Le Pen puso un rostro femenino a la ultraderecha en Francia y logró dar un nuevo barniz al discurso a menudo racista y antisemita que hacía indigerible para buena parte de los electores al entonces conocido como Frente Nacional, con cuyas riendas se hizo en 2011.

Ahora, más de una década después de su llegada a la dirección del partido, rebautizado como Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés), Marine Le Pen ha logrado convertirlo en la formación más votada de Francia.

Pero del ostracismo a las puertas del palacio de Matignon, la sede del gobierno francés que podía llegar a ocupar su “delfín”, Jordan Bardella, no solo ha pasado el tiempo, sino también una estrategia clara y populista para hacer el partido mucho más aceptable para los franceses.

Una estrategia que ha sido un éxito y que ha logrado que un partido periférico, fundado por su padre Jean-Marie en 1972 y por otros colaboracionistas nazis y negacionistas del Holocausto, y que durante años tuvo una representación pírrica en la Asamblea Nacional debido al “cordón sanitario” de los electores, sea considerado hoy por más de un tercio de los votantes como una opción más de la que no hay que avergonzarse.

Jordan Bardella es el delfín de Marine Le Pen.
Pie de foto,Jordan Bardella es el delfín de Marine Le Pen.

Matar al padre

En este viaje, Marine no dudó en “matar al padre” -como metafóricamente describió la prensa francesa su cambio de rumbo-, en romper amarras con la vieja dirección y aspirar a lo más alto.

Dos veces ha logrado pasar a la segunda vuelta de las presidenciales francesas, en 2017 y 2022, donde en sus carteles, con el eslogan “Marine presidenta”, ni siquiera aparecía el apellido Le Pen para borrar asociaciones con el pasado.

En ninguna de las dos ocasiones logró su objetivo contra un preparadísimo Emmanuel Macron, maestro en el debate y en los datos. Pero cada vez se acercó más, mucho más de lo que hizo su padre en 2002, cuando se disputó con Jacques Chirac la presidencia y solo obtuvo menos del 17% de los votos.

Aquella llegada de Jean Marie a la segunda vuelta de las presidenciales causó conmoción en Francia. Hoy es la norma y la ultraderecha se encuentra a las puertas del poder.

Fue la vencedora en las recientes elecciones europeas donde obtuvo el 31,37% de los sufragios, más del doble que la siguiente formación. En la primera vuelta de las legislativas ha incluso mejorado el resultado: 33,15% de los votos.

«Marine Le Pen hizo su misión cambiar la imagen del Frente Nacional: desdemonizar (dédiaboliser, en francés) el partido ante la percepción pública. Se rodeó de un grupo de líderes que no se parecen a los colaboracionistas de Vichy, colonialistas a ultranza y neofascistas que lideraron el partido en sus primeros días», explicó a BBC Mundo James Shields, experto en política francesa de la Universidad de Aston, en Reino Unido, cuando logró pasar a la segunda ronda en 2017.

Pero, ¿cuánto se movieron sus posiciones ideológicas más allá del cambio de imagen?

«El marco de referencia cambió y se convirtió en un grupo mucho más pro-republicano y con un tono marcadamente más moderado. Pero en su núcleo, la ideología y las propuestas no variaron. Mantiene como propuesta clave la ‘prioridad nacional’, que pretende favorecer a los franceses sobre los extranjeros en el reparto de empleos, vivienda y servicios sociales (…). Es en este principio discriminatorio donde reside la mayor continuidad programática en los últimos 40 años», señalaba el autor de «La extrema derecha en Francia: de Pétain a Le Pen».

Jean Marie Le Pen
Pie de foto,Jean-Marie Le Pen fundó el partido de ultraderecha Frente Nacional en 1972.

El viraje

Hasta la llegada de Marine Le Pen a la cúspide del partido en 2011, el Frente Nacional se había asociado de forma indisoluble a la figura de su padre: un veterano de las últimas guerras coloniales francesas, proclive a la provocación y condenado en varias ocasiones por sus comentarios antisemitas.

«No digo que las cámaras de gas no existieran. Yo no las vi. No he estudiado especialmente la cuestión. Pero creo que es un detalle en la historia de la II Guerra Mundial», dijo en una entrevista en 1987.

Desde entonces, Jean Marie volvió a mencionar «el detalle» de las cámaras de gas en repetidas ocasiones.

Hasta que en 2015 le costó la expulsión del partido y el distanciamiento de su hija, que desde entonces no ha compartido imagen pública con él.

Las acusaciones de antisemitismo habían sido una de las principales armas arrojadizas de sus rivales políticos. Un punto débil frente al que la defensa era difícil.

«Marine Le Pen intentó enérgicamente alejarse del legado de su padre. Se esmera en proyectar una nueva imagen inclusiva, niega todo tipo de ánimo antisemita o racista y hace constantes acercamientos a la comunidad judía francesa y a las nuevas generaciones de ascendencia norteafricana», señala Shields.

El viraje fue más lejos. En ciertas cuestiones sociales, Marine Le Pen también trató de matizar la imagen tradicionalista de su partido: suavizó su posición frente al aborto y en 2013 se desmarcó de las masivas protestas contra el matrimonio de personas del mismo sexo. De hecho, Le Pen se ha rodeado entre sus colaboradores de personas abiertamente homosexuales, que también ocupan las bancadas del RN en la Asamblea Nacional.

«Consiguió tomar y vampirizar ese discurso inscrito en los genes de la ideología republicana, pero para ponerlos al servicio de un único combate: el combate contra el islamismo radical y el fundamentalismo«, afirmó el autor de «El nuevo FN, los viejos hábitos del populismo».

Sin embargo, pese a la evolución del discurso del partido en los últimos años, el nacionalismo acérrimo pasó de padre a hija y sigue siendo una de las señas de identidad de la Agrupación Nacional.

Imagen moderada

Su política de inmigración y de dar prioridad a la vivienda y el empleo de los franceses sigue siendo de extrema derecha, pero la mujer que lidera la renovada Agrupación Nacional transmite una imagen moderada y cercana del populismo.

Le Pen ha aparecido, por ejemplo, a menudo en las redes sociales con sus gatos, una pasión que hizo pública en las últimas presidenciales y que ha contribuido a suavizar su imagen. Al parecer, incluso ha regalado a muchas de las crías a otros diputados de la Asamblea, donde se había incluso creado una lista de espera para adoptarlos, según “Le Parisien”.

Marine Le Pen
Pie de foto,Marine Le Pen se ha mostrado con sus gatos como una forma de construir una imagen más moderada y cercana.

Despertar político

Cuando la politóloga Chloé Morin preguntó a un grupo de votantes de Lille en 2021 cuál era la imagen que tenían de ella, destacaron los gatos. Después de todo, se preguntaban, ¿quién no confiaría en una mujer con gato?

Puede parecer más moderada, pero las políticas que defiende no son menos radicales que antes en materia de inmigración, nacionalidad e islam. Emmanuel Macron ha denunciado en numerosas ocasiones su programa como racista.

Su despertar político llegó muy temprano, en 1976, cuando solo tenía 8 años y logró sobrevivir a un atentado contra su padre que dañó gravemente el apartamento de la familia Le Pen en el centro de París.

En su autobiografía cuenta que estaba con sus dos hermanas mayores y describe la escena con detalle escalofriantes: «Estábamos de rodillas temblando, cogidas de la mano… cuando oímos la voz de nuestro padre gritando: ‘niñas, niñas, ¿están vivas?’».

A las compañeras de colegio de la pequeña Marine les pidieron que no se acercaran a ella, relata: «se creó un cordón sanitario a nuestro alrededor: no se acerquen a los Le Pen».

A los 16 años, su madre Pierette se fugó con el biógrafo de su padre. Para una Marine adolescente, fue un momento traumático que la acercó a su padre.

«Durante un mes y medio vomité todos los días. Era incapaz de alimentarme«, escribió en su autobiografía de 2011.

Esos años de formación le dieron el aspecto duro que la caracteriza. La sonrisa que muestra a los fotógrafos rara vez dura.

«Después de todo lo que pasó en su juventud, se construyó una coraza», declaró a la BBC su amigo Steeve Briois, que sigue siendo un aliado incondicional como alcalde de Hénin-Beaumont, en el norte de Francia, feudo del RN.

Macron y Le Pen
Pie de foto,Emmanuel Macron ha denunciado que el programa de gobierno de Marine Le Pen es racista.

Abogada de migrantes irregulares

Graduada en una de las mejores facultades de Derecho de París a principios de los 90, trabajó como abogada de oficio para aquellas personas que no podían permitirse un abogado, a veces migrantes irregulares. Cuando le preguntaron sobre este detalle años más tarde, Le Pen aseguró no ver contradicción alguna: «son seres humanos, tienen derechos, no vas a culparles de la política de inmigración».

«Admiraba cómo conservaba la calma y era capaz de mantener relaciones profesionales normales a pesar de la notoriedad de su padre», declaró a la BBC el abogado Basile Ader.

Su carrera como abogada no prosperó, en parte por el boicot a que otros letrados la sometían por las ideas de su padre.

De esta forma, en 1998 abandonó la abogacía para ocupar un alto cargo en el departamento jurídico del Frente Nacional.

En 2004 logró un escaño en las elecciones europeas, donde permaneció 13 años.

Desde Bruselas y tras la derrota de su padre en los comicios de 2007, donde solo obtuvo un 10% de los sufragios, Marine Le Pen se hizo con las riendas del partido.

Pese a la renovación de los dirigentes y sus esfuerzos por desdemonizar la formación, financiar a la extrema derecha seguía siendo un asunto tóxico en Francia.

Le Pen acudió entonces a Rusia para obtener 11 millones de euros en préstamos el mismo año en que Vladimir Putin invadió el este de Ucrania. Incluso apoyó la votación organizada por el Kremlin sobre la anexión de Crimea, considerada una farsa por gran parte de la comunidad internacional.

Le Pen se centró en las amenazas percibidas contra la vida francesa: la «islamización», la globalización, la UE y el euro. Obtuvo un meritorio tercer puesto en las elecciones presidenciales de 2012.

Para 2017, el Frente Nacional estaba dirigido por jóvenes profesionales que gestionaban canales de YouTube y atraían apoyos en toda Francia. El partido había ganado las elecciones locales, europeas y regionales y contaba con seguidores judíos y musulmanes.

Tras el fiasco del Brexit, Le Pen ha abandonado su idea de convocar un referéndum sobre la pertenencia de Francia a la Unión Europea, aunque su partido sigue situándose en la órbita del euroescepticismo y prioriza la soberanía nacional.

Quiere restablecer los controles fronterizos de importaciones y personas, violando las normas de la UE y de Schengen, y recortar unilateralmente la contribución de Francia al presupuesto comunitario. También quiere expulsar de forma automática a los inmigrantes que se encuentren en situación irregular, o hacer imposible la regularización de los que ya se encuentran en Francia.

Ahora, con su protegido a las puertas de Matignon y con un modelo parecido al suyo a la cabeza de Italia -a pesar de las diferencias que la separan de Giorgia Meloni- lo que ha ayudado a normalizar la imagen de la ultraderecha, Marine Le Pen se encuentra en su mejor momento.

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