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El Peronismo y el Rock, parte 3

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Por Ernesto Edwards /Filósofo y periodista @FILOROCKER

Una línea temporal de su vínculo con el rock

Se cumplieron 80 años de su aparición en el horizonte político argentino, si consideramos que el 17 de octubre de 1945 fue el día fundacional del Peronismo, un movimiento que sigue conservando vigencia como opción y alternativa partidaria a nivel electoral, a pesar de haber sido el kirchnerismo, una de sus vertientes recientes, considerado un gobierno corrupto, con todos sus principales funcionarios del poder ejecutivo de entonces terminando condenados y presos. Sin embargo, su propuesta, su accionar y sus logros históricos exceden a sus protagonistas.

También es cierto que siempre se dijo que la corrupción es un factor estructural en la política argentina, y que siempre resultará inevitable que se reitere periódicamente su aparición, y que incluso muchos la justifiquen -desde un costado maquiavélico-, en la dirección de interpretar que todo es válido en la conquista del poder. 

Este reciente octubre además se cumplieron 70 años del golpe militar que derrocó a su lider a mediados de su segundo período presidencial, y este fenómeno político siempre se vio reflejado en diversos objetos culturales. Como el rock, que lo consideró uno de sus focos recurrentes.

El Rock and Roll tiene su fecha fundacional en 1954, y lo que conocemos como Rock Nacional se origina en 1965. Por tanto, en lo que fue el primer período de gobierno de Juan Domingo Perón en el poder, con sus dos presidencias entre 1946 y 1955, interrumpida la segunda ese mismo año por la citada asonada militar, era imposible vincularlos. Perón y el rock, en dicho tramo, no llegaron a conocerse. 

Sin embargo, una insistente versión, aunque casi imposible de confirmar, indica e insiste que Chuck Berry(1926 – 2017), el mismísimo padre del rock and roll, habría viajado a la Argentina antes de hacerse conocido en los Estados Unidos, en pleno primer gobierno peronista, y que habría quedado favorablemente impresionado por su figura, por su gobierno y por el país. Y que producto de ello, justo luego del golpe militar de 1955, una de sus canciones más famosas, “Johnny B. Good” (que es un juego de palabras: “Juancito sé buenito”) habría estado inspirada en Perón, hasta tal punto que el título original habría sido “Johnny Perón”, y en su estribillo se oía “Go, go, Juan Perón”. Al momento de ser grabada la discográfica habría obligado a Berry a cambiar título y letra, y aunque la misma fue una de las más famosas de su repertorio, el ídolo la habría cantado alguna vez con su primera versión del texto. Incomprobable, claro. Pero la leyenda existe. El compañero Chuck Berry y el peronismo. La historia oficial cuenta otra cosa. Que “Johnny” habría sido por el pianista Johnny Johnson, colaborador de Berry en algunas músicas del rocker. Pero también es cierto que la historias oficiales no siempre son confiables.

Años después del golpe militar del 55, ya instalado en la siempre visitada Puerta de Hierro, al norte de Madrid, el expresidente se relacionaría con Los Pekenikes, una banda del incipiente rock de España, con quienes simpatizaría rápidamente y a quienes incluso les regalaría una guitarra Fender Stratocaster, de difícil importación en tiempos del franquismo. Allí empezó todo lo que sí es comprobable.

Desde esta Columna se han expresado todas las consideraciones necesarias acerca del peronismo como fenómeno político, sus respectivas etapas, los golpes militares, la proscripción, el exilio, sus variantes y vertientes, su folklore, y su innegable vocación de poder. Y cómo ello ha sido atravesado por el rock, especialmente por las generaciones jóvenes que se fueron identificando con un género de transgresión y resistencia, de contracultura y rebeldía, y de denuncia social. Pasaron en este desarrollo Emilio Del Guercio, Billy Bond, Piero, Litto Nebbia, Fito Páez, Ricardo Iorio, Iván Noble y Manuel Quieto, entre otros, como exponentes de una militancia política desde el rock a través de sus canciones. 

Moris, en sus inicios, en pleno Onganiato, compone junto a Pipo Lernoud “Ayer nomás”, que decía: “Ayer nomás, en el colegio me enseñaron que este país es grande y tiene libertad. Hoy desperté, y vi mi cama y vi mi cuarto. En este mes no tuve mucho que comer”. La contundencia en la referencia al peronismo llegó con “Las Villas de Emergencia”, en la que samplea los acordes de la “Marcha Peronista”.

En 1973, con el inminente regreso definitivo de Perón a la Argentina, Julio Bortnik, el entonces interventor del canal estatal, propone al cantor de protesta Miguel Cantilo que componga “La marcha del retorno”, lo que finalmente no sucede. Motivo de la propuesta pudo haber sido cuando Cantilo en “La marcha de la bronca” cantaba: “Con los dos dedos en V”. En realidad hacía referencia a un gesto habitual de John Lennon. Pero casi nadie lo sabía.

El período menemista, que para muchos significó la “farandulización” de la política, propició el acercamiento oficial con los grandes grupos y solistas internacionales.

La banda marplatense Científicos del Palo en 2017 presenta la existencialista placa “Justicialista, Vol. 1”. Ya en 2014 editaban “La Histeria Argentina”, y en él incluían canciones como “Cristo o Perón!”, y “La Jefa Espiritual”. Muy reveladora resulta la letra de “El génesis peronista”, que no apela a recursos metafóricos ni tiene vuelo poético, debido a su directa explicitud, narrando el mítico 17 de octubre: “…Ahora es Braden o Perón. Triunfa el General, Liberación Nacional: fin de la era colonial. Toma el Estado lo que es del Estado: el teléfono, el gas, que habían sido robados. Las importaciones se han remplazado, los ferrocarriles y el país encuadrados. Perón no es comunista, no es un dictador, es hijo del pueblo, del pueblo trabajador». 

Otro personaje del rock es Carlos Indio Solari, quien “El Tesoro de los Inocentes”, su primer disco solista, se lo dedicara a “La hermosa muchacha de Los Toldos”, pueblo natal de Eva Duarte. Y que sobre la misma también contó haber sido tenido en sus brazos cuando era un bebé, algo incomprobable. Y que en “La oscuridad” la parafraseó escribiendo “Yo sé. Dejé jirones de mi vida aquí”. Sin embargo, como solista también grabó «Pedía siempre temas en la radio» y aunque nunca fue confirmado y su poética polisémica no ayuda para la interpretación, deslizaba lo que parecía ser una cruel burla sobre Néstor Kirchner: “Y es el pingüino más gil… No, no, sueño con presagios. Una tragedia le quiere montar. Todos la vemos en sus ojos muertos. Muestra su mala señal”. Pero Solari no es alguien que tenga inhibiciones para ir de un lado a otro y sin vacilar en cada cambio. Recientemente fue, en plan de visita social, a cenar junto a su esposa al domicilio de San Juan 1111, en Buenos Aires, donde Cristina Kirchner cursa prisión domiciliaria condenada por corrupción. 

Recordemos que el rock, cuando se hace oficialista, deja de ser rock. Por su esencia y su mandato fundacional, deberá ser siempre opositor. Rebelarse y resistir. Protestar y denunciar. Es ser combativo y nunca complaciente. Por ello, también escribió capítulos de la historia argentina que incluyen, obviamente, ocho décadas de peronismo.

Aunque mucho se ha dicho y hecho en su contra, Peronismo y Rock han tenido una larga vida. Llegaron al siglo XXI. Y esperan por más. Y es por ello que podría seguir agregándose datos y detalles, que en dicho marco incluyen nombres de la talla de Litto Nebbia y Fito Páez. Uno, injustamente casi al borde de la cancelación, perjudicado en su imagen y prestigio por la asociación que se hizo de su figura durante el cuestionable período presidencial de Alberto Fernández. Y el otro rosarino, quien luego de haber expuesto lo que se entendía como una expresión de devoción justicialista, sintió la necesidad de asegurar que nunca había sido peronista.

Quizás el caso más llamativo, dentro de los recientes, sea el de León Gieco, siempre embanderado con causas populares, quien hace poco declaró -aunque pasó desapercibido-, que en su resonante canción “Sólo le pido a Dios”, cuando dice “Un traidor puede más que unos cuantos”, aludía concretamente a Juan Domingo Perón como un traidor de toda la convocatoria que hacía la juventud peronista antes de su regreso al país a finales de 1972, y luego ya siendo presidente al expulsar a un sector, el de Montoneros, de la Plaza de Mayo.

Finalmente, volvemos a la figura emblemática de Cristina Kirchner y sus recientemente involuntarias asociaciones con icónicas canciones de nuestro rock. Por un lado, con “Todo Preso Es Político”, que musicalizaba sus apariciones en los medios afines cuando era muy reciente su condena a seis años de prisión, en triple instancia por corrupción en un sonado caso judicial conocido como “Causa Vialidad”. Pero lo peor vino de su decisión de tildar a su opositora Patricia Bullrich (y en absoluto es por defenderla), como “Señora Violencia”, cuando es bien sabido que la canción del mismo nombre compuesta por Miguel Cantilo se hizo en clara referencia a la expremier Margareth Thatcher en ocasión del conflicto bélico con el Imperio Británico en 1982. Cristina Kirchner, en su desborde verborrágico, no dudó ni un segundo en banalizar la Guerra de Malvinas. 

Del modo que sea el peronismo sigue vivo en la Argentina y será tarea de historiadores, filósofos y analistas políticos evaluar por qué.

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