En Brasil también hay rock

Publicado el 02/04/2021 a las 05:45 Hs.

 

Por Ernesto Edwards Filósofo y periodista @FILOROCKER

Seguramente por estos días Brasil tiene como tema excluyente la extremadamente grave situación sanitaria que atraviesa, producto del Covid, de nuevas variantes propias y de políticas discutibles, con una segunda ola que viene siendo devastadora.


En el medio de ello la cuestión que nos ocupa parece un tema menor, pero el arte y la cultura no lo son tanto, sobre todo cuando proponen valores y propician conductas y estados de ánimo imprescindibles a la hora de sostener a los pueblos y de alentar a su recuperación cuando las cambiantes coyunturas lo hacen necesario. Entre esos Objetos Culturales que favorecen estos procesos, o pueden hacerlo, se encuentra el rock, a partir de la impronta que lo caracteriza, propia de actitudes que se rebelan frente a la adversidad, y que en ocasiones se convierten en campo fértil para la resiliencia individual y colectiva.


Todavía no se acallaron del todo las ruidosas críticas que recibió la docuserie “Rompan Todo” (accesible en la plataforma Netflix), que por numerosos motivos fue reprobada por rockeros, críticos y seguidores del género. Especialmente por no cumplir con lo que anunciaba y por reducirse a un recorrido personal de su productor, carente de perspectiva y objetividad.


¿Hablar de rock en Latinoamérica y no mencionar a Brasil? Ridículo. O de una gran ignorancia. Porque una cosa es experimentar resistencias y rechazos hacia el género, como viene sucediendo desde algunas esferas estatales brasileñas, incluido el actual gobierno, y otra es negar su existencia.

Vayamos al punto. Algunos tienen la sensación de que la música brasileña es sólo samba y bossa nova, y un poco de balada pop. Pero no. Cuando, en general, se piensa en música brasileña, los primeros referentes que aparecen casi siempre serán Vinicius, Joao Gilberto, Antonio Carlos Jobim, Caetano Veloso, Toquinho, Chico Buarque, Milton Nascimento, María Creuza y Gal Costa. Aunque Brasil también tiene un vasto muestrario propio de rock. De rock brasileño. Y que posee su propia historia. Que hay que recorrerla para tener una aproximación. Sobre todo de sus orígenes, de sus pioneros y de temáticas propias.


En ese marco, por su notoriedad, se hace necesario poner brevemente el foco en un grupo emblemático como Os Paralamas do Sucesso. Pero recordando que no fueron los únicos.


La historia del rock en Brasil registra como piedra fundacional octubre de 1955, con la versión en inglés de “Rock Around the Clock” a cargo de Nora Ney, la misma canción que diera inicio, un año antes, al rock and roll a nivel mundial con Bill Haley y Sus Cometas. En diciembre se editaría en portugués, grabada por Heleninha Ferreira, aunque sin gran repercusión, quedando el intento aletargado hasta que en 1957 Cauby Peixoto grabaría, ya originalmente en portugués, “Rock and Roll en Copacabana”. Las versiones de éxitos del rock estadounidense no cuentan a la hora de este análisis.

Será en 1958 y 1959 que el movimiento comenzará a instalarse en Brasil, sobre todo con un gran éxito como lo fuera “Estúpido Cupido”, y la aparición de programas musicales televisivos dirigidos a los más jóvenes. Aún así, comenzaría la década del ´60 y todavía no podía afirmarse que hubiera un “rock nacional”, pero paulatinamente irían apareciendo grupos, primero sólo instrumentales,  luego con vocalistas cantando en su idioma, y finalmente interpretando canciones propias.

Llamará la atención para los poco avisados que sería un joven luego identificado definitivamente con la canción romántica brasileña quien con un par de rockitos ("Parei na Contramão" y "O Calhambeque") sería la figura rutilante del género, especialmente por conducir en TV “La Joven Guardia”, programa que sería el primero de varios más, y que arrasaría con el rating, siendo la plataforma de lanzamiento de incipientes grupos y autores. Sí, ese conductor televisivo, y también autor y cantante de rock, era Roberto Carlos.

A la par de este surgimiento, los cultores de la Música Popular Brasileña, identificados con los movimientos de izquierda de entonces, convocaban a resistir contra la “música extranjerizante” de las guitarras eléctricas. Un despropósito mayúsculo. Como si el rock representara políticas imperialistas. Sí se hace necesario recordar que los ´60, en Brasil como en gran parte de Sudamérica, fueron años de regímenes militares. En Brasil venía sucediendo desde 1964. Luego de ese paso en falso, los sectores más ideologizados y vanguardistas comenzaron, desde el movimiento Tropicalia, a percibir al rock como un adecuado vehículo de inquietudes sociales y políticas. Fue allí que surgiría Os Mutantes con la legendaria Rita Lee a la cabeza. Con su alejamiento, el grupo seguiría un tiempo hasta disolverse en 1978.

Serían años de música progresiva y psicodelia, en los que desfilarían numerosas bandas y solistas, ampliando el territorio no sólo a las grandes urbes sino también a diversas regiones del país. Hasta que los años 80 tendrían al rock como objeto cultural consolidado, aunque siempre discutido por sectores conservadores. En ese período dejaron su marca Titas, Legiao Urbana y Barao Vermelho. Pero nunca ningún grupo como el trío Os Paralamas do Sucesso, cuyo nombre ya lo definía todo: “Los Guardabarros (los marginados) del Éxito”, quienes en un comienzo sonarían al compás de la New Wave. Junto a Sepultura, serían prácticamente los únicos en tener una carrera de nivel internacional.

Y aunque el mundo siguió andando, y el rock en Brasil evolucionando (incluyendo la tragedia de Mamonas Assassinas), se hace necesario un breve desarrollo de Os Paralamas, quienes además se vieron beneficiados en su difusión por dos factores: el surgimiento de la MTV brasileña y su decisión de vincularse con otros grupos latinoamericanos que cantaban en español, especialmente con el rock de Argentina, y figuras como Charly García, Gustavo Cerati, Luca Prodan y Fito Páez, y el grupo Los Pericos, de quienes grabarían sus propias versiones, como “Hablando a tu Corazón”, “De Música Ligera”, “Que Me Pisen”, “Trak Trak” y “Párate y Mira”.

Os Paralamas, liderado por Herbert Vianna, siempre tuvo una clara definición ideológica y un frontal posicionamiento político. Vayan como muestra de ello canciones como “Coche Viejo”, en la que dicen: “Coche viejo, coche viejo ¿por qué? Me deja en cada camino. Yo no lo quiero tener. Yo quiero uno nuevito. Uno que sea coupé… En el lugar donde vivo ni todos pueden comer. Ya basta ver las vitrinas, cosas que nunca tendré… Para ver a mis hijos con vergüenza de mí. Para ver los vecinos a reirse de mí. Yo siento rabia del mundo, yo siento rabia de mí. Siento rabia de todo lo que no puedo tener. Coche viejo, coche viejo ¿por qué? Para adornar la inmundicia de donde vine a nacer. Arrastro zapatos rotos. Arrastro esta inmensa cruz”. Tampoco pasó desapercibido su temprano apoyo, previo a su presidencia, a Lula Da Silva con “Luiz Inácio”, mostrando ese candor característico de los artistas al confiar en los políticos.

Seguirían una cadena de éxitos, como “Inundados”, “Dos Margaritas”, “Linterna de los Afiebrados” y “El Vampiro bajo el Sol” (dedicada a Charly). Hasta que la desgracia llamaría a la puerta de Vianna. Piloto de avión, mientras volaba con uno propio en 2001 junto a su esposa Lucy, el ultraliviano se precipitó al mar en Angra dos Reis, muriendo su cónyuge y a él dejándolo primero en coma y luego parapléjico. Con el tiempo, ya en silla de ruedas, reanudó su carrera, componiendo, a modo de catarsis y autoexpiación, “De Perto”, para no olvidar: “No quiero estar en este lugar. Y verte partir. Quiero esperarte donde quieras ir. Y recibirte, acomodarte. Ofrecer la mano para cantar. Para acompañarte en la guitarra. Quiero verte de cerca. Quiero decirte que nuestro amor ha funcionado. No sé vivir solo y sin soñar. Sin fe, sin alguien…”

¿Que no hay rock en Brasil? Sí, lo hay y del bueno. Y Os Paralamas son la incuestionable demostración. Rebeldía y transgresión. Denuncia social y contracultura. Y bellas canciones: “Cuando está oscuro y nadie te oye. Cuando cae la noche y vos podés llorar. Hay una luz en el túnel de los desesperados. Es un puerto muerto a donde podés llegar. Esa es la linterna de los afiebrados. Te estoy esperando. No vayas a demorar. Una noche larga. Una vida corta. Pero no me importa si yo te puedo ayudar”.