Ernesto Sabato y el rock

Se cumplen 10 años de su desaparición. Aunque sorprenda, Ernesto Sabato también tuvo su propia aproximación con el rock
Publicado el 30/04/2021 a las 07:00 Hs.

 

Por Ernesto Edwards Filósofo y periodista @FILOROCKER

Si hiciéramos una consulta acerca de cuáles son considerados los escritores contemporáneos argentinos más reconocidos por sus calidades y talentos, y tuviera que conformarse una terna, la mayoría coincidiríamos en mencionar a Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Ernesto Sabato. Algunos no incluyen a Julio Cortázar por haber nacido en Bélgica.

El citado Sabato es el motivo de la reflexión de esta nota, a 10 años de su desaparición. Pero no ya por sus aportes artísticos desde lo literario y pictórico, o a partir de sus definiciones políticas como referente de una sociedad que volvía a vivir en libertad, sino por cómo se entrelazaron sus libros y personajes, y sus actitudes personales, con el particular universo del rock.

Ernesto Sabato (24/06/1911 – 30/04/2011), que murió casi centenario, tuvo una prolongada vida dedicada al arte, fuera como novelista y pintor, y dedicada a la reflexión, tanto como físico y también destacado ensayista. En su faz literaria, con tan sólo tres novelas accedió a la notoriedad y al reconocimiento como autor de uno de los mejores ejemplos de notable narrativa a partir de su obra “El túnel” (1948), que junto a “Sobre héroes y tumbas” (1961) y “Abaddón el exterminador” (1974) configuraron su celebrada trilogía literaria. No fue casual, por ello, haber sido distinguido con el prestigioso Premio Miguel de Cervantes.

Aunque sus inicios tuvieron relación con la Física, su vena filosófica lo llevó a reflexionar sobre la existencia y la condición humana, y su proximidad con el Surrealismo lo redireccionó hacia un campo que navegó en concepciones que profundizaban en la Psicología y la Ética, con personajes torturados, sumidos en la angustia y la depresión, y privados de casi toda moralidad.

Sabato tuvo conocidas definiciones en el plano de lo ideológico y lo político. De joven afiliado al Partido Comunista y militante de la Federación Juvenil Comunista, con el tiempo se distanció de la actividad partidaria pero nunca de su compromiso con las ideas democráticas, su defensa por posturas libertarias y su resistencia frente a las dictaduras. Todo ello lo llevó, con los años, una vez recuperada la democracia en la Argentina, a finales de 1983, a presidir la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), con la intención de llevar adelante una exhaustiva investigación sobre la desapariciones de ese período, con fines al juzgamiento de las Juntas militares que gobernaron el país entre 1976 y 1983. El informe, de aceptación unánime por la ciudadanía, contenía el número oficial de desaparecidos, y otros detalles más del horror de esos tiempos, y fue publicado bajo el título de “Nunca más”, en 1984, que fuera motivo de generalizado respeto y de aceptación de las agrupaciones de Derechos Humanos. Sus últimos años lo mostraron definiéndose como anarquista y, en ocasiones, como anarcocristiano. Y abogando por la libertad individual y la descentralización estatal.

El tono de sus declaraciones y presentaciones siempre fue la solemnidad. Sería por ello que tal como le pasaba a Jorge Luis Borges, pocos creían en la posibilidad de vincular a Ernesto Sabato con el rock, fuera como seguidor del género, o inspirando a ciertos rockers. Recordemos que Borges conocía al detalle las letras de Pink Floyd, apreciaba favorablemente la discografía de The Beatles y tuvo, según repiten las leyendas, encuentros presenciales con Mick Jagger y con un adolescente Luis Alberto Spinetta. Sabato tendría sus propias expresiones respecto al rock y sus gustos musicales, y también algunos acercamientos personales.

En 1997 los Fabulosos Cadillacs le dedicaron una canción con el explícito título de “Sabato”, y que llevaba la siguiente letra de Flavio Cianciarulo, que estuviera inspirada en la línea argumental y personajes de “Sobre héroes y tumbas”, que a lo largo de casi cinco minutos tiene como fondo escenográfico el porteño Parque Lezama, y que marca un tono existencialista al más oscuro estilo de Albert Camus, y que, además, motivará alguna relectura del texto: “Parque Lezama de diablos, calavera del maestro de Buenos Aires, melancólica. Un niño juega solo en el laboratorio, trae una aguja y un pájaro atrapado en su otra mano inocente, aterrorizado pincha sus ojos, hunde la aguja firme, ciego de dolor, en su vuelo torpe, los ojos sin ojos. La casa estaba llena de secretos y el incendio parecía extraño, como aquel crimen de los atrapados en el ascensor sin resolverse. Juego de niños, juego-experimento, hunde la aguja firme, los ojos sin ojos, una eterna nostalgia de vida, siempre. Amar, odiar, amar, odiar, todo va hacia el mar, escribimos canciones, destruimos las canciones. Parque Lezama de diablos, calavera del maestro. Amo los detalles, odio generalidades, dice el joven loco. Somos una mezcla de pecados y santidades, del infierno exquisito y los cielos, te podría matar solo por los celos, me podría matar solo por los celos, me podría matar. La casa estaba llena de secretos y el incendio parecía extraño, como aquel crimen de los atrapados en el ascensor sin resolverse”. 

Ernesto Sabato se sentía cómodo en el universo del rock, y el rock con él, cultivando una de sus vertientes: artista desesperanzado, pesimista y escéptico, sumido en un clima dark, de cuidada y convincente austeridad. Sí, era como un Sabato que hacía flamear las banderas del tango y del rock. El propio Diego Capusotto le dio cabida en su galería de personajes con “Fiebre de Sabato por la noche”. Tampoco pasó inadvertido que cuando para muchos la avanzada edad sólo significa transitar la vejez, Ernesto proclamaba su admiración por The Beatles (¿quién no?). Y declaraba su aceptación plena del rock como parte constitutiva de la cultura popular. Y, otra vez, declarando que The Beatles iban a perdurar para siempre. Y que al rock se lo escucha con el volumen bien alto.

No debería sorprender, entonces, que Sábato influyera también en At The Gates, la banda sueca originada en Gotemburgo cultora del Death Metal. En 2014, luego de haberse disuelto y reunido nuevamente, editan “Heroes And Tombs” (“Sobre Héroes y tumbas”), inconfundiblemente inspirados en la novela del escritor argentino.

Juan Pablo Castel y María Iribarne, nombres de personajes que no deberían pasarnos desapercibidos. Protagonistas absolutos de su libro “El túnel”, editado en el marco del primer gobierno peronista. La novela tiene un personaje estelar más: la soledad, esa que camina “un solo túnel, oscuro y solitario”. El mismo de toda su vida.

Este 30 de abril se cumplen diez años de la partida de Ernesto Sábato. Un incuestionable referente de la cultura nacional. Un intelectual, un hombre político. De convicciones y desprendimientos. El rock también debería recordarlo. Sería justo.